ENTREVISTA: Jorge Volpi, entre el duelo y la denuncia

"Examen de mi padre" se presenta hoy a las 16:00 horas en el Salón Elías Nandino, con la participación del autor y Claudio Lomnitz-Adler.
Jorge Volpi
Jorge Volpi (Omar Franco)

Guadalajara

¿Es posible pasar por un duelo personal y metafóricamente hablar de uno colectivo?

Jorge Volpi (México, 1968) lo hace en Examen de mi padre (Alfaguara, 2016), libro conformado por diez ensayos en donde recuerda a su padre, fallecido el 2 de agosto de 2014, y, al mismo tiempo, nos recuerda la crudeza con la que se vive en México.

 En entrevista, el autor habla de este luto literario, como él mismo lo define, y afirma que es también una denuncia, pero sobre todo un llamado para repensar nuestro sistema de gobierno y para encontrar la manera de sanar la desgarrada sociedad mexicana.

 ¿No te parece que en la actualidad y, sobre todo en la sociedad mexicana, también son pocos los que miran hacia el interior, es decir, que son pocos a los que les importa el dolor ajeno?

Sí. Creo que una de las partes terribles de nuestro tiempo, más en México, es que de 2006 para acá, hemos atestiguado casi sin darnos cuenta 100 mil muertes, 50 mil desaparecidos, y hacemos como si eso no existiera. Tenemos una enorme cantidad de cuerpos sin nombre, y también, una enorme cantidad de nombres sin cuerpo. Lo terrible es que solo son números en la mayoría de los casos que no nos provocan ninguna reacción ni ninguna empatía.

 Hablas también de un desprecio a la vida y a los cuerpos de otros, visible en las mutilaciones, por ejemplo. ¿En dónde crees que está la raíz de ese desprecio?

 Bueno, creo que en parte es una reacción natural de autodefensa. Sería muy difícil estar soportando tanto dolor y tantas muertes si las apreciáramos en la magnitud de cada una. Es un mecanismo de defensa, por un lado natural, pero por el otro también tiene que ver con la manera en cómo se presenta la información; tiene que ver con que solo tenemos cifras y no historia y eso hace justamente mucho más difícil poder tener esa empatía hacia quienes están padeciendo.

En el ensayo “El cerebro, o De la vida interior” hay dos momentos que me parecen importantes: cuando dices que “hoy parecemos más obsesionados por la fugacidad del presente” y cuando hablas de que la “consecuencia inevitable de la desmemoria es la impunidad”.

 Es uno de los males más terribles del país en donde, en efecto, la impunidad está presente en casi todos los órdenes. Tenemos un sistema de justicia que no funciona en ningún sentido, que provoca que tanto los responsables de estas miles de muertes, sean criminales o autoridades, como los políticos corruptos, jamás terminen pagando. Ese es quizá uno de los peores lastres que sufre nuestro país. Entonces ahí es donde tendríamos que tratar de recomponer por completo el sistema, porque si no nos lleva justamente a la catástrofe.

 ¿Qué tan complicado es publicar algo tan personal, no pensaste en algún momento guardarlo para ti?

 No. Siempre pensé que se iba a convertir en una suerte de duelo público. Desde el primer momento en el que empecé la escritura del libro sabía que iba a dedicar un año a él, e intentaría justamente a lo largo de ese año concluirlo, y así fue. Lo empecé de manera simbólica el primero de enero y lo concluí el 31 de diciembre de 2015 para guardar ese luto de un año. Siempre supe que terminaría publicándolo, aunque hubo muchos momentos de la escritura que fueron sin duda difíciles por la parte personal, por estar recordando muchos momentos, la cercanía con mi padre.

Examen de mi padre es asimismo un recuento del México contemporáneo.

Sí, efectivamente, esa era mi intención. En algún momento me quedó claro hacer una imagen metafórica entre el cuerpo individual – el cuerpo de mi padre – y el cuerpo social en el que vivimos, este México desgarrado. Por lo tanto, es un duelo pero también es una denuncia y espero que un acicate para que muchos de nosotros intentemos cambiar lo mejor que podamos esta situación.

 En la última parte de tu libro mencionas el momento en el que hace un año regresabas de la FIL Guadalajara, esta “hoguera de vanidades”, como le nombras…

La feria es fantástica. Es una de las grandes instituciones de las que tenemos que sentirnos orgullosos, y una de las principales actividades culturales que México tiene en el mundo, en donde podemos tener todos estos libros al alcance de tanta gente y eso es absolutamente maravilloso. Pero, por otro lado, no dejamos de vivir en esta sociedad del espectáculo que, en otras épocas, Vargas Llosa tanto denostaba, y en la que ahora el escritor se convierte también en un showman que tiene que estar no solo escribiendo sino actuando en público.

JOS