Margo Glantz, más allá de la rutina y las etiquetas

Margo Glantz nos platica, con el entusiasmo de siempre, sobre su más reciente e inclasificable libro "Por breve herida", publicado por Sexto Piso.
Margo Glantz
Margo Glantz (FIL)

Guadalajara

"Por breve herida" es una forma de rendirle homenaje a la tenacidad de Margo Glantz.

Me costó mucho trabajo que me publicaran, que aceptaran que era escritora. Publiqué mis primeros libros a cuenta de autor. Luego decían que no sabía lo que escribía, que eran cosas muy raras, pero me ha ido bien con el paso de los años.

¿A qué le atribuye esa incomprensión literaria?

No soy una persona que sea fácil de etiquetar. A la gente le gusta mucho alguien a quien se pueda rotular de inmediato: "tal persona es esto, aquella es lo otro, sus libros son así".

Como me gustan tantas cosas, no saben dónde catalogarme. Me acuerdo cuando publiqué “Las genealogías” en inglés. Mi editor me dijo que estaba muy preocupado porque no sabía en qué lugar de la librería me iban a poner. En las bookshops le preguntaban dónde iba ese libro y no sabía si ponerme en autobiografías, en novelas, en memorias, en crónicas… No supe qué responderle.

Es difícil pensar en géneros al momento de escribir.

Escribo como puedo escribir: lo que voy recopilando de mi propia escritura, lo que voy reordenando de mi propia escritura, lo que voy haciendo nuevo, lo que voy intercalando, recordando y todo eso se convierte en una especie de amasijo sin orden y sin estructura que poco a poco se va organizando.

¿Se ha sentido incomprendida?

En muchos sentidos me sentía así. Creo que algunos libros míos no fueron lo suficientemente apreciados, como “Apariciones”, que me parece importante por lo que planteaba.

Siento que escribir así, fragmentariamente, abarcando muchos temas o asuntos en apariencia poco importantes, demasiado cotidianos, o demasiado elaborados al mismo tiempo, no sé bien a qué se debe. Digo, no escribo novelas tradicionales.

Hay un interés muy especial por la vida cotidiana, por lo rutinario.

No me interesa lo rutinario. Me parece que lo que pasa en la vida diaria es tan digno de tomarse en cuenta como las cosas extraordinarias. Suele pensarse que un libro debe contar cosas extraordinarias.

Recuerdo que una de mis primeras ideas al escribir “Doscientas ballenas azules” surgió porque admiraba las aventuras marítimas y viajaba con la historia de Moby Dick desde una hamaca en Ixtapa. Julio Verne escribió sus mejores libros sin dejar su escritorio.

“Por breve herida” podría ser un acercamiento a su biblioteca, a su fonoteca, a su propio museo.

Puede ser. Los que me rodean no solo son los libros y los discos, sino muchas fotografías, mis hijas, mis nietos. Disfruto las comidas con ellos, los viajes con ellos. La escritura es lo que hago y no podría apartarme de eso.

Después de los años de incomprensión vienen los reconocimientos, entre ellos la Medalla Cervantina en el Festival Internacional Cervantino 2016.

Esa fue muy importante. No soy cervantista, aunque soy lectora de Cervantes como muchos de los que estamos en la literatura o hacemos novela.

Los homenajes o premios me dan un poco de vergüenza y mucho gusto. Siempre me quejo de la hiperbolización a la que estamos sujetos en México y me molestan cierto tipo de homenajes excesivos, con una cantidad de adjetivos que se mencionan todos los días, tanto en asociaciones como en periódicos: me gusta que me reconozcan, que no me hiperbolicen, pero tampoco que me ninguneen.

Creo que represento algo en la cultura de México, y lo he hecho a lo largo de muchos años como maestra en la Universidad y fuera de México. He escrito mucho, he difundido la cultura en diferentes instituciones. Creo entonces que merezco un reconocimiento, porque formo parte de la cultura mexicana.

¿Se siente valorada?

Una vez me dijo Joaquín Díez-Canedo padre: “Pero, Margo, ¿cómo cree que le puedo publicar esos juguetitos. Si fuera José Gaos la publicaría?” No me publicó y me gané el Villaurrutia.

JOS