Ochenteros

El ciclo Ochenteros. Nuevas voces de América Latina inició el domingo 29 y continúa hoy en el Salón Mariano Azuela de 17:00 a 18:50 horas con la participación de Damián González Bartolino.
Ochenteros
Ochenteros (César Álvarez)

Guadalajara

En 2008, el novelista mexicano Jaime Mesa comenzó una polémica literaria que se prolongó por el resto de la década con un ensayo titulado “La generación inexistente”. Según el texto de Mesa, los narradores mexicanos nacidos en los años setenta estaban fracasando en demostrar su valía porque ninguno había publicado hasta aquel momento una novela de la ambición e importancia de “La región más transparente” de Carlos Fuentes: un libro aparecido en 1958, cuando Fuentes cumplía 30 años justos. ¿Quién podía presumir, entre los autores de su edad, de haber publicado un libro tan importante a esa misma edad? El propio Mesa comenzaba entonces la treintena.

En los años después de la aparición de aquel texto, y sin hablar de los otros géneros literarios, a los que la polémica apenas se refirió, al menos media docena de escritores nacidos entre 1970 y 1979 ha publicado novelas reconocidas internacionalmente y consideradas parte del canon literario nacional. Guadalupe Nettel, Antonio Ortuño, Juan Pablo Villalobos, Julián Herbert, Yuri Herrera o Emiliano Monge son, ya, figuras de talla indiscutible. Sin embargo, todos empezaron a ser reconocidos, en efecto, después de haber cumplido los 30 e incluso los 40. Quienes han satisfecho las exigencias de Mesa han sido escritores posteriores, nacidos de 1980 en adelante: la “generación” ochentera. Irónicamente para un medio como el nuestro, profundamente machista, “el nuevo Carlos Fuentes”, la siguiente figura precoz y casi instantáneamente canonizada de la novela mexicana, es de hecho una escritora: Valeria Luiselli (1983), quien a los 28 años publicó “Los ingrávidos” (2011), traducida y reconocida en Estados Unidos y Europa y seguida, hasta ahora, por una segunda novela igualmente elogiada: “La historia de mis dientes” (2014). Con algo menos de impacto, pero no de velocidad, la siguen autores como Laia Jufresa (1983), Daniel Saldaña París (1984) y otros.

En realidad, la noción de la carrera literaria como una competencia de velocidad, o como un concurso en el que la juventud es una virtud esencial, puede ser cuestionada por muchas razones (y, desde luego, por muchas personas, incluyendo a los autores menos exitosos que aún desean creer que tienen algún futuro a pesar del tiempo que transcurre). Pero lo importante, a estas alturas, no está en la validez de aquella discusión ni en la curiosa respuesta que le ha dado el tiempo, sino en este hecho: un cambio innegable que se ha dado en lo que va de este siglo tiene que ver justamente con la definición del reconocimiento público y su importancia como un valor cardinal en la recepción de una obra literaria. Y los autores nacidos en los años ochenta reflejan este cambio.

Parte de las actividades para promover a América Latina como invitada especial en el aniversario 30 de la FIL de Guadalajara incluye una serie de charlas con algunos de estos escritores. ¿Son una generación, entienden su trabajo en relación con su edad o las circunstancias de su momento? Sin duda las respuestas serán de lo más variado, igual que las obras de los escritores y escritoras que serán presentados, y a quienes se seleccionó a partir de una serie de candidaturas propuestas desde todos los países de la región. A mí me tocó conversar ayer con cuatro de ellos, y es interesante conocer un poco de sus carreras —y de lo que tienen en común— a la par que su trabajo.

La boliviana Liliana Colanzi (1981) es conocida en México por haber ganado el Premio Aura Estrada, que se da en Oaxaca, cada dos años, a una escritora menor de 35. Narradora ya traducida, interesada en lo extraño y lo monstruoso que se proyecta sobre la realidad y la trastoca, Colanzi presentará en la Feria su tercer libro de cuentos: “Nuestro mundo muerto” (Almadía, 2016).

Paulina Flores, nacida en Chile en 1988, ganó en 2014 el Premio Roberto Bolaño con el cuento “Qué vergüenza”. Luego publicó, con ese mismo título, su primer libro de relatos (Seix Barral, 2015), en el que retrata de forma sorprendente el mundo de la clase media baja, incluyendo sus aspiraciones constantemente insatisfechas y, en ellas, parte importante de la frustración contemporánea.

El costarricense Carlos Fonseca (1987) es académico y narrador, y se dio a conocer con una primera novela, “Coronel Lágrimas” (Anagrama, 2015), que Ricardo Piglia describió como “un caleidoscopio verbal intrigante e inolvidable”: una obra erudita, trágica y cómica a la vez, sobre el fracaso de un protagonista complejo y excéntrico. Escritor viajero, Fonseca vive en Inglaterra.

Jennifer Thorndike (Perú, 1983) tiene una formación de múltiples intereses, de la psicología a la ciencia política y, por supuesto, a la literatura. Cuentista y novelista, se está dando a conocer internacionalmente con su segunda novela, “Esa muerte existe” (Random House, 2016), la historia de una mujer que mata a su propia hermana y la torturada relación entre las dos.

Como se ve, los anteriores son todos debutantes brillantísimos, igual que Luiselli, Saldaña, Jufresa y el resto (hasta hoy) de las figuras destacadas de su “generación” arbitraria. El mundo editorial realmente existente, obsesionado con el beneficio inmediato y veloz, no les deja otra alternativa, del mismo modo que les exige el contacto y la afiliación a la cultura globalizada, que en México era claramente visible desde los años noventa pero hoy ya no representa una novedad, como sí lo fue para los primeros autores exportados y profesionalizados de acuerdo con los esquemas de los grandes consorcios de la edición, los agentes literarios como intermediarios imprescindibles y la necesidad del acceso a lecturas y publicaciones más allá del propio país (de los cuatro autores con los que conversé, únicamente Flores no radica o ha realizado estudios fuera de su país.)

Con todo, sus obras, una vez que llegan hasta nosotros, se defienden solas. Y tras ellos hay centenares más que ya tienen una obra apreciable y en muchos casos más allá de la novela; en cualquier momento, al menos otro puñado de ellos conseguirá superar las barreras de la lectura y la crítica y salir de México y del idioma español.

JOS