Marçal Aquino o cómo contar historias de la calle

Marçal Aquino participará, junto con Ernesto Mallo, Paco Ignacio Taibo II y Dante Liano, en la mesa “Noche, crimen y mujeres hermosas”, a las 17:30 horas, en el Salón 1.
Marçal Aquino
Marçal Aquino (FIL)

Guadalajara

Brito y Albano, dos asesinos a sueldo, arman una emboscada para su presa; un joven piloto tiene un romance con la bella hija del traficante para el cual trabaja. Dos trayectorias paralelas que se acabarán cruzando para dar origen a una compleja y arrebatadora novela negra. El brasileño Marçal Aquino (Sao Paulo, 1958) publica “Tu cabeza tiene precio” (Océano), novela escrita en un ritmo frenético —la terminó en apenas 54 días—, y sobre la que el propio autor asegura conocer poco. De visita en la FIL de Guadalajara, el narrador paulista traza las coordenadas de su mapa literario en la siguiente entrevista.

“Tu cabeza tiene precio” es una novela que bien podríamos definir como policiaca clásica.

Fue curioso porque, en principio, mi intención era escribir una historia de amor, pero la trama policiaca terminó por sobreponerse. Hablo de Brasil, de narcos, de la frontera, y de violencia. Digamos que fracasé por ese lado.

De alguna manera termina hablando de la imposibilidad del amor.

Es verdad. La intención inicial era contar la historia de un sicario que se involucra con una mujer que mantiene un burdel. Ambos personajes tan atípicos intentarían vivir un episodio de amor con cierto grado de pureza. Conforme desarrollaba la historia descubrí que esto no sería posible. Uno no podría saber de las actividades del otro, fue entonces cuando surgió algo maravilloso porque cada uno mantiene ocultas ciertas cosas de su oficio y los celos derivan su relación en otra cosa.

Tengo entendido que la novela en principio era un cuento.

Es curioso su origen. La revista Playboy me pidió escribir un cuento y pretendía contar la historia de dos sicarios que debían matar a un piloto, pero al final me encontré con que había muchos cabos sueltos. Así que dejé de lado la intención del relato y me dediqué a escribir de manera frenética. Contrario al ritmo con que suelo, la terminé de trabajar en 54 días. Ahora sé que solo de esta manera podría haber sido escrita. La historia me invadió de una forma arrebatadora. Un día, mientras hacía un intervalo para comer, me comenzaron a llegar los sucesos de los siguientes capítulos. Al terminar, quedé emocionalmente exhausto.

¿Ha sido su novela más intensa?

En términos de proceso creativo, sí. En cuestión de resultado, no sé. Lo cierto es que la hice con una urgencia narrativa increíble. Me entregué a tal punto que me atrasé en mis otros trabajos. Para mí, sigue siendo un misterio lo que sucedió con este libro. No pretendía hacer literatura muy elevada, solo contar una buena historia, algo próxima al suelo y con personajes que te encuentras todos los días en la calle. Es el libro sobre el que menos sé. Cuando fue adaptada al cine, un amigo guionista se encargó de adaptarla; yo no pude. Imagínate, al terminarla la leí y percibí que faltaba un episodio.

¿Cuáles son los estándares del policiaco a los que es más fiel?

Cuido que haya un misterio a descifrar, la presencia de la policía y un investigador; eso es todo. El resto consiste en intentar crear un estilo narrativo. Hay que ir más allá de los cánones y encontrar la naturaleza de la historia.

Y de exponer las contradicciones humanas, algo que caracteriza su literatura.

Claro, porque siempre, más allá del género, lo que me interesa es examinar a los seres humanos. Mis historias surgen en las calles, incluso con esta novela fue así. Al principio, quería hablar de la pasión de una pareja, más allá de sus oficios, pero las cosas se salieron de control y al final me coloqué a disposición de la historia; por eso la narrativa tan brusca, con cortes abruptos.

La estructura se definió sobre la marcha. ¿Por qué utiliza elipsis?

Así como lees el libro, así fue como lo escribí. Reconozco que tiene una estructura extraña porque cada capítulo empieza con el final, pero puedo afirmarte que la única posibilidad de escribir este libro era está. No hay otra. Me limité a obedecer a algo que no sé de dónde vino. No quería que la falta de tiempo entor peciera su conclusión. Me entregué a terminarlo. Cuando finalicé la escritura, quise ver la televisión y descubrí que me la habían cortado por falta de pago.

Varios de sus libros han sido llevados al cine. ¿Mientras escribe, piensa en una posible adaptación fílmica?

Solo pienso en cine cuando un director me comparte su interés por llevarla a la pantalla grande. Sin embargo, es verdad que mi escritura es muy visual, mi mente tiene la imagen de todo lo que quiero contar y mi trabajo consiste en traducir esas imágenes en palabras. Así es mi proceso, no me baso en recursos psicológicos densos, no soy ese tipo de escritor.

Los escenarios son muy importantes en su novela y en su literatura en general. ¿Por qué?

Esto se debe a mi experiencia como reportero. Escribo sobre lugares que conocí, es muy raro que cree un sitio desconocido. Al escribir esta novela, regresé a varios de mis reportajes en la frontera de Brasil y Sao Paulo. Creo, como Faulkner, que toda literatura es un poco de observación, experiencia e imaginación. Este trinomio explica muy bien todo lo que escribo.

¿En el mismo porcentaje?

No, cada novela marca sus dosis; no es algo automático o intencional.

¿Por qué la novela negra pasa por tan buen momento?

Se debe sobre todo a los nórdicos. La novela policiaca siempre interesará a los lectores porque tiene los elementos básicos de una buena narrativa. El modelo es victorioso, por eso se aplica a la mayoría de las series de televisión.

¿Se deberá también a la intrínseca reflexión sobre la justicia que conlleva?

Sin duda. Supongo que en Brasil, como en México, la justicia institucional tiene a los poderes económicos y políticos. Cuando escribimos una novela de esta naturaleza, hay una crítica instintiva al estado de las cosas. En nuestros países la injusticia está delante de nosotros; somos incómodamente parecidos.