En el centenario de Elena Garro

Filias convocó a siete escritores para que ofrecieran su opinión sobre la obra de esta autora huracanada e inclasificable.
Elena Garro
Elena Garro (Especial)

Guadalajara


GENEY BELTRÁN

La percepción que se tenía sobre la persona de Elena Garro quizá se interpuso en la consagración de su obra, una consagración irrefutable. Lo cuestionable es que, aunque hubo la oportunidad, no se le dio el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio Juan Rulfo de la FIL de Guadalajara, ni mucho menos el Premio Cervantes de Literatura. En el medio académico, la obra de Elena Garro se estableció como un objeto de estudio fundamental para entender el siglo XX literario en México, pero fuera de “Los recuerdos del porvenir” y algunas de sus obras de teatro, sus libros no circularon de manera adecuada.

Hay que leerla de manera desprejuiciada para descubrir su sorprendente imaginación, el inmenso dominio verbal, la visión crítica de la historia y de la sociedad mexicana. Suele hacer un tratamiento muy agudo y novedoso de las relaciones amorosas en el contexto de medio siglo en la clase media mexicana. Todos esos elementos están distribuidos en cuatro géneros: la dramaturgia, la novela, el cuento y la novela corta, principalmente, aunque también escribió un libro de memorias, ensayos históricos. No solo es la autora de “Los recuerdos del porvenir”, la evolución de su obra se aprecia sobre todo en “Andamos huyendo Lola” (1980), que demuestra que sus poderes literarios no disminuyeron con el exilio en Estados Unidos, España y Francia. Hay que reconstruir la imagen de Elena Garro como una escritora profesional, es decir, muy consciente de su trabajo y con un nudo muy discernible de asuntos y temáticas que le importaban mucho.

ROSA BELTRÁN

La obra de Elena Garro es insustituible, es muy importante no solo en el ámbito literario mexicano. La mezcla de mundos real y fantástico, de voces narrativas; lo que se atreve a decir respecto a las distintas clases sociales y los distintos “Méxicos”, sobre todo en “La semana de colores” y “Los recuerdos del porvenir”, no lo ha conseguido ningún otro autor en nuestro país. Siempre se le cita como parte del realismo mágico pero su literatura va más allá. Su forma de describir las circunstancias fuera del tiempo y de construir las metáforas son únicas. Es una mezcla de genio y locura, y eso se nota en su literatura. Su vida con Paz, así como su desafortunada participación en el 68, marcaron su biografía. Toda la historia del exilio marcó su trabajo, pero es preciso regresar a su literatura anterior. Una de las ventajas de las mujeres que escriben, es que no lo hacen conforme al canon y por lo tanto son obras que siempre serán excéntricas y eso añade un valor.

ALBERTO CHIMAL

Es una autora que conocemos muy poco. Casi todo alrededor de polémicas y de discusiones relacionadas con otras personas, particularmente con Octavio Paz. Por desgracia, este sesgo en la recepción de su obra muestra que estamos muy atrasados en cultura literaria. Implica una medida de machismo que se da en su lectura crítica.

Lo que se ha establecido en diversos lugares para rescatar del olvido las obras de su periodo tardío, y para propiciar lecturas que no estén centradas en los hechos que siempre se mencionan de su biografía, es positivo porque nos permiten recuperar a un gran personaje de la literatura mexicana. Su obra abarca una enorme cantidad de registros y aspectos de la vida, sobre todo en México. No está ceñida a la contemplación de ciertos aspectos, se ve ambiciosa y suele partir de las anécdotas de personajes muy particulares, sobre todo de mujeres, pero luego construye a partir de eso una visión de la existencia humana en general.

MÓNICA LAVÍN

Elena Garro es una de las voces definitivas que colocan a las mujeres en la escena literaria a mediados del siglo XX. Las cuentistas le debemos mucho a su relato “La culpa es de los tlaxcaltecas”. Me parece una obra muy original en cuanto a la visión del mundo a partir de una mujer y del México mestizo, y con una prosa natural y poderosa. “Los recuerdos del porvenir” es una novela adelantada a su tiempo, injustamente olvidada. Me gusta la Elena Garro de esa época; después la vida la marca y se silencia ella misma. Más tarde revive en otra etapa. Me alegro que sea revisitada y revalorada en el siglo XXI. Leí “Los recuerdos del porvenir” de manera tardía y no podía creer que me la hubiera perdido. Así como leemos Pedro Páramo, tendríamos que leer Los recuerdos del porvenir. Durante un tiempo se le mantuvo olvidada, supongo que por su postura política, la relación con Paz y su distancia con México.

EMILIANO MONGE

Fue una escritora desterrada por Octavio Paz y, peor aún, por los herederuchos de Paz. Consiguió algo que pocos o nadie habían hecho en la literatura mexicana, hablar de cosas sociales desde la intimidad, pero tampoco puedo decir que es una gran literatura.

ELENA PONIATOWSKA

Es una gran escritora. Quizá con Rosario Castellanos, la más grande. “Los recuerdos del porvenir” es una novela prodigiosa. Fue autora de un libro de cuentos genial llamado “La semana de colores”. Además, escribió una obra de teatro muy interesante, incluso Monsiváis la definía como la mejor pieza teatral que había dado México; me refiero a Un hogar sólido. Junto a ella hay toda una leyenda de su relación con Octavio Paz y se le confunde mucho, porque no coincidía políticamente con él y se le criticaba. Fue una mujer a la que le gustó sentirse perseguida. Al margen de ello, tenía unas piernas muy bonitas, tenía un encanto muy grande, era bella. En el trato era extraña, se le botaba la canica, y para escucharla, como hablaba muy bajito, tenías que montarte sobre ella. Recuerdo que tenía muchos gatos.

PACO IGNACIO TAIBO II

Tengo un registro muy potente de final de la adolescencia. Cuando terminé de leer “Los recuerdos del porvenir”, pensé: ¡qué novelón! Era absolutamente diferente, en un momento en el que todo era Rulfo o el mundo urbano de Fuentes. Y Elena Garro proponía otra cosa. Después desapareció del mapa. Creo que Octavio Paz triunfó en hacerla desaparecer literariamente hablando.

JULIO TRUJILLO

Leí a Elena Garro con muchísimo entusiasmo durante la adolescencia y me parecía absolutamente nueva. Distinguimos entre unos escritores y otros, porque provienen de una u otra tradición. Vienen de ciertas lecturas y están inscritos en determinadas corrientes. Elena Garro fue como un planeta nuevo para mí, con salidas ligeras pero sólidas hacia la ciencia ficción; con un tono narrativo muy particular. Me parece que es una especie de isla, toda ella es un género literario.

JOS