El humor es transgresión: Angelina Muñiz-Huberman

La novelista, ensayista y maestra de la UNAM recibe un homenaje por una obra que se instala con igual solvencia en el pasado y en el presente.
Angelina Muñiz-Huberman
Angelina Muñiz-Huberman (César Álvarez)

Guadalajara

Para Angelina Muñiz-Huberman, el exilio es un tema inagotable. Cerca de cumplir 80 años (la fecha es el 29 de diciembre), la escritora recibe un homenaje en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Sus padres salieron de España durante la Guerra Civil, viajaron a Francia, donde ella nació, y de ahí migraron a México. Ganadora del Premio Xavier Villaurrutia y del Sor Juana Inés de la Cruz, ha publicado los libros “Morada interior”, “Tierra adentro”, “De magias y prodigios: trasmutaciones” y “El mercader de Tudela”, entre otros.

¿Un homenaje representa una oportunidad para hacer un recuento de la obra?

Es un reconocimiento a la historia y al recorrido realizado desde que empecé a publicar en 1960. Mis inicios fueron en suplementos literarios y revistas; después siguieron mis novelas. Tuve el honor de ganar el primer Premio Sor Juana Inés de la Cruz; desde entonces he venido con muchí- sima frecuencia a la FIL y ahora me toca recibir un homenaje, que sin duda me obliga a hacer un recuento de la vida y de mis proyectos hacia el futuro porque todavía tengo cosas por escribir.

Usted pertenece a la generación de los niños que llegó con el exilio español, lo cual ha sido determinante en su obra.

La vida del escritor se renueva constantemente, y claro que tengo un pasado que me ha marcado.

Pertenezco a la generación de los hispanomexicanos. Esto nos provee de temas, en particular del exilio, que me parece inagotable porque seguimos viéndolo en la situación mundial. Siempre habrá gente que es expulsada de su país y debe adaptarse a nuevas condiciones de vida. El Premio FIL de este año fue para Norman Manea, quien habla de los países por los que transitó. Conforme pasan los años este tema se concentra y explica de distintos modos.

Lo ha abordado en narrativa, poesía y ensayo, pero sin caer en lo lastimero.

Ya llegué a un punto, en mi libro de cuentos “Las confidentes”, o en el de ensayos, “El siglo del desencanto”, de abordarlo con humor. Una vez que asimilas un tema, el humor llega casi de manera natural.

¿Qué posibilidades encuentra en el humor?

El humor permite que algo doloroso o trágico se convierta en algo cómico y que provoque risa. Cuando el tema es serio y apabullante, el humor ayuda a transgredirlo. La importancia del humor consiste en la transgresión.

¿Se lucra con la literatura del exilio?

No sé qué tanto sirva conmemorar los 29 o 30 años del exilio. Mis padres salieron a Francia, donde nací. Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial partimos a Cuba y llegué a México en 1942. Finalmente, creo que el exilio aporta una calidad especial porque te ayuda a descubrir que no tienes más patria que la lengua.

¿Cómo incorporó la tradición española a la cultura mexicana?

El exilio me enriquece porque participo de las dos culturas. Desde chica tuve que aprender toda la historia de México, y me fascinaba. Me sabía toda la cronología de los reyes nahuas y era muy enriquecedor. Mi madre me compró una blusa tradicional y yo ya me sentía indígena. Cuando uno viene de fuera, capta de mejor manera el ambiente local. Por otra parte, tenía la vertiente española por lo que me contaban mis padres.

¿Cómo fueron sus primeros contactos con la literatura?

Mi padre era periodista en España, conocía a todos los escritores de la época. De hecho, tengo libros dedicados por García Lorca a mis padres. Conocí a Cernuda y a León Felipe. Mi mamá nos daba a leer el “Romancero gitano”.

¿Por qué quiso dedicarse a la literatura?

Como empecé a leer desde pequeña, contar historias surgió de manera natural. Mis padres me contaban muchas anécdotas y las contrastaba con lo que veía en la escuela, donde conocí compañeros que venían huyendo del nazismo. Cuando tenía 8 o 9 años, estaba en Cuernavaca con otra familia de refugiados españoles. Tenían un hijo y ya habíamos terminado de jugar a todo, entonces les propuse jugar a escribir un cuento. Nos sentamos en la mesa y cada uno hizo un relato. Así fue como comencé a escribir.

¿La escritura sigue siendo un juego?

Nunca he creído en la página en blanco. En mi discurso hablaré de la página en negro, porque el negro te da la posibilidad de lo invisible o lo oculto. Aquello que no puedes sacar, fluye a través de los personajes.

¿Escribe para ganarle tiempo al tiempo o a la muerte?

No sé qué por qué escribo. Es un placer y una necesidad. Escribo todos los días y hasta durmiendo, porque en sueños se me ocurren muchos temas. Ahora escribo una historia ubicada en los años veinte y treinta, sobre la situación política. Me interesa tender un paralelismo con la actualidad. Aunque parezcan tiempos alejados, la realidad es que son periodos similares. Me gustan los juegos de la historia. Creo que en la literatura mexicana introduje la novela neohistórica, aquella con ciertos aspectos de la historia, pero combinada con elementos innovadores.

JOS