CONFESIONARIO: Bernardo Esquinca

Bernardo Esquinca, autor de "Carne de ataúd", nos mostró su lado más divertido y dejó claro que no se acerca nada al perfil de un asesino serial.
Bernardo Esquinca
Bernardo Esquinca (César Álvarez)

Guadalajara

¿El libro que lo inició como lector?

“La isla del tesoro” de Stevenson. Mi hermano Jorge vio que tenía 15 años y no leía, entonces me dio el empujoncito. Llegó un día a la comida familiar de los sábados y me dijo: “Ten este libro y cada sábado que venga, si me dices en qué va la trama, te doy cinco pesos”. Pero no fue necesario que me sobornara, lo devoré y a partir de ahí me convertí en un lector asiduo.

¿Y el que lo convirtió en escritor?

“El libro de la imaginación”, de Edmundo Valadés. Es una compilación de cuentos breves de autores de distintas épocas y partes del mundo. Lo leí en la secundaria, me había dado hepatitis y no había más qué hacer. Vivía en Guadalajara y era ver los programas de cocina de la señora Zárate o leer. Afortunadamente me interesó más leer.

¿Qué manías tiene al escribir?

No puedo saber cuántas páginas llevo cuando estoy escribiendo una novela. En mi computadora, en la esquina inferior izquierda, hay un post-it, así me olvido de eso. Cuando termino, lo retiro y viene la sorpresa.

¿Su héroe o heroína de ficción favorito?

Mina Harker, protagonista de “Drácula”. Jonathan Harker, su marido, es medio pusilánime, y ella debe combatir a la creatura que todos amamos: el vampiro.

¿Su personaje más admirado de la vida real?

David Bowie. Era un artista visionario y revolucionario. Aparte de que era un genio, era muy sencillo. Ahora a mi hija de dos años le encanta, oímos juntos sus canciones.

¿Qué otra vida le habría gustado vivir?

Ser uno de los conquistadores que llegó a Tenochtitlan, antes de iniciar la guerra sangrienta. No me hubiera gustado conquistar a mis propios ancestros, me refiero a llegar con esa mirada extrañada del conquistador que ve esa joya resplandeciente que fue Tenochtitlan.

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Soy una persona muy rústica. Como escribo de terror y cosas muy truculentas, los lectores que me conocen se decepcionan porque piensan que soy como un asesino serial. Soy una persona tranquila, muy ñoño. Tal vez podrían ser mis supersticiones, pero creo que el 80 por ciento de los mexicanos lo somos.

¿Qué defecto ajeno le parece más intolerable?

El ego desbordado, y el mundo de los escritores está lleno de esos personajes.

¿Qué virtud aprecia más en sus semejantes?

La honestidad.

¿Su lugar favorito?

La cama de mi hija cuando la duermo todas las noches y le cuento un cuento.

¿Su época favorita de la historia?

El siglo XIX mexicano. Finales del XIX, principios del XX, lo que me llevó a escribir “Carne de ataúd”.

¿La mentira más convincente que ha dicho?

Ninguna y no porque no mienta, sino porque soy pésimo mintiendo. Necesito un curso urgente de cómo mentir.

¿El animal con el que se identifica?

No soy mucho de animales, de hecho, les tengo terror a los bichos. Dicen que lo que te choca, te checa, pero no, no soy mucho de animales.

¿Qué virtud envidia de sus amigos?

Que escriben terriblemente bien.

¿El libro que le habría gustado escribir?

“Drácula”. Es un artefacto narrativo impresionante, más allá de la historia, porque está hecho con fragmentos, cartas, telegramas, periódicos, diarios.

¿El libro que jamás habría escrito?

“Qué onda con qué”, ¿o cómo se llaman esos de Yordi Rosado?

¿Cómo se definiría?

Soy un escritor de terror policiaco y fantástico bastante fiel a sus obsesiones.

¿El gusto que más procura?

Soy muy tragón. Me encanta la comida, siempre procuro comer en lugares ricos.

¿Cuál es su estado más común de ánimo?

La melancolía.

¿Qué súper poder le gustaría poseer?

Escribir bien.

¿Tiene una frase que guía su vida?

¡Qué grande eres! Eso les digo más bien a mis amigos. Soy conocido por decirlo entusiastamente a cada rato.

JOS