El escritor concentrado

"Uno como escritor tiene un deseo de lectura, por lo menos cuando el libro cobra forma, el deseo de ser leído es muy grande".
Martín Kohan.
Martín Kohan. (Paula Vázquez)

Guadalajara

Martín Kohan es de aquellos escritores que pueden terminar una novela en dos o tres meses. Eso fue lo que hizo en su última novela Bahía Blanca, de editorial Anagrama.

Kohan quería contar la historia de un personaje que quería olvidar algo, poner su vida en ceros. También quería reivindicar la imagen que se tiene de Bahía Blanca, una ciudad al sur de Argentina de la que dice, todo mundo habla mal.

Encontró así el sitio ideal para su personaje, que a pesar de la mala reputación de su destino encontró lo que necesitaba para el olvido.

Hace 21 años, Kohan publicó su primer libro en una pequeña editorial de Argentina. Tres años después logró publicar en Editorial Sudamericana, que editaba a Julio Cortázar. Cuando Random House Mondadori absorbió la editorial sus libros comenzaron a circular por el mundo. En 2007 obtuvo el Premio Herralde por Ciencias morales.

Traes a la FIL una novela de amor, una novela de un lugar en particular. Un lugar alejado que no muchos conocemos pero que ustedes sí identifican bastante bien en Argentina.

Bahía Blanca tiene que ver, por un lado, con la historia de amor y la desgracia amorosa, y por el otro con el no poder olvidar.

Intenté construir una historia en la que el olvido fuera parte de un propósito, una premeditación y una aplicación, una constancia como generalmente asociamos al recuerdo.

Bahía Blanca es una ciudad del sur de Argentina, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Me fascina Bahía Blanca, no la ciudad en sí misma, sino por toda la mitología que se teje a su alrededor como ciudad maldita, como ciudad de mala suerte, mala fortuna, y tuve la idea de que todos esos signos negativos y adversos empezaran a resultar positivos para un personaje como el que yo inventé.

 

¿El entorno de la ciudad es lo que ayuda un poco al personaje?

Sí, y de hecho pude construir mi idea de la ciudad a partir del tipo de personaje que iba imaginando y al mismo tiempo la mitología de una ciudad como Bahía Blanca me ayudó a construir el personaje.

Ese personaje que quiere ponerse como en una especie de grado cero, ese grado cero de la ciudad con la que él tampoco tiene demasiada relación.

 

¿Para lograr este entorno, te fuiste a Bahía Blanco un tiempo, entrevistaste gente que vive allá o es tu propia imagen de la ciudad?

Es mi imagen de Bahía Blanca. Jamás investigo, incluso, me ha tocado o he querido escribir cosas relacionadas con la historia argentina y momentos históricos del siglo XIX donde había mucho por investigar y no lo he hecho.

Me dispongo siempre a trabajar, más que con la precisión de cualquier información histórica o vivencial que uno pueda recoger, con los sentidos y con los lugares comunes que se tejen sobre algo.

Me pareció más interesante recoger y reelaborar los dichos sobre la ciudad, las creencias alrededor, la fama que se genera.

 

¿En “Bahía Blanca” pensaste en un personaje que querías situar en ese lugar o en el lugar en el que querías situar un personaje?

Bahía Blanca surge como una especie de cruce de dos ideas que en principio surgieron como ideas distintas. En algún momento se me ocurre la idea de un personaje que quiere olvidar y dándole vueltas durante no sé cuánto tiempo, en algún momento se cruzó con otra idea que era mi fascinación por Bahía Blanca, por la ciudad por la que todo el mundo tiene prevenciones y tuve la tentación de darle vuelta a eso y de hacer una especie de reivindicación paradojal de la ciudad.

El personaje me permitió diseñar la Bahía Blanca que yo precisaba y lo que uno sabe sobre Bahía Blanca me permitió pensar bien el personaje.


¿Escribes muchas cosas a la vez o te concentras en un solo texto?

Uno solo, porque tengo además una característica que tampoco puedo leer varios libros a la vez.

Me doy cuenta que en libros de cierta extensión, como es el caso de Bahía Blanca, no me llevan más de dos o tres meses escribirlos.

Esa característica me da la pauta del grado de intensidad y el grado de concentración que supuso la escritura de esa novela, evidentemente tengo un nivel de dispersión muy bajo, si no no podría escribir en tan poco tiempo.


¿Cuando empiezas un texto ya tienes las cosas pensadas?

Muchísimo, comienzo a escribir con un grado de elaboración previa evidentemente muy alto porque cuando comienzo a escribir fluyo de una manera continua.

Es imposible pensarlo todo, pero evidentemente los núcleos principales que van a permitirme la articulación de la novela ya están pensados.


¿Ha sido complicado salir de Argentina y  que te lean en otras partes?

Uno como escritor tiene un deseo de lectura, por lo menos cuando el libro cobra forma, el deseo de ser leído es muy grande.

De alguna manera vas manejando un castellano más o menos neutro que pueda ir y venir sin problemas y a veces con temáticas que están pensadas especulativamente para ese traspaso de un libro de país en país.

Yo personalmente creo que es más honesto escribir sobre lo que uno desea, trabajar sobre las ideas que uno tiene, elaborar el lenguaje del modo más acentuado posible y luego las diferencias de horizonte van a ser diferencias de lecturas, no pérdidas de lectura.