“Los escritores siempre son extranjeros”: John Irving

Entrevista.
John Irving
John Irving (Cortesía)

Guadalajara

El origen de la novela estaba en un guión cinematográfico, por lo que John Irving viajó con el director a la India para conocer algunos de los escenarios en los cuales la ambientaría. Así pasó más de una década, hasta que pensó que el lugar que mejor le quedaba a la trama estaba en Oaxaca, con un par de niños conocidos como “los niños de la basura” —Juan Diego y Lupe—, de entre quienes saldría un escritor reconocido que, ya en su vida adulta, descubre en un viaje la posibilidad de encontrarse con su niñez y, de paso, con sus pesadillas.

Así nació la novela Avenida de los misterios, cuyos detalles mejoraron y se volvieron más creíbles a partir del momento en el que la historia se mudó de la India a México, con los niños de un orfanato, un gringo gay que se enamora de una mujer transgénero y resulta un buen padre para Juan Diego.

 

Su novela es un retrato de los marginados y una mirada a la soledad de los escritores.

Es un tema que he abordado en seis o siete de mis catorce libros: cuando menos un personaje es escritor. Siempre he creído que los escritores son extranjeros, al margen de dónde vivan, porque siempre están fuera de sus propias vidas, observando a la distancia. Los escritores se sienten como extranjeros en todas partes. Así que cuando usted habla de los marginados, me identifico con ellos, con las personas que no pertenecen a una sociedad o a un país determinado: de algún modo están despegados, fuera de la vida real, mirando hacia adentro.

Los escritores somos sobre todo observadores. El poeta alemán Rainer Maria Rilke dijo que las obras de arte son obras de una enorme soledad, y sí, exagero la soledad de Juan Diego: no tiene esposa, no tiene hijos; su soledad es consecuencia de esta personalidad de extranjero, debido a que en él vive más el pasado que el presente, lo que lo convierte en escritor.

 

En su obra, la infancia determina el futuro de los personajes.

Muchos de mis personajes principales tienen una experiencia determinante cuando están entre los 12 y 15 años de edad, un momento muy vulnerable en el que ocurre algo que no solo les cambia la vida, sino que los convierte en los adultos que terminarán por ser. Esto sucede en La última noche en Twisted River y en Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra. La persona que soy como narrador imagina qué es lo peor que podría ocurrir. Es una especie de maldición: soy un autor que suele describir el peor de los casos, de manera que las desubicaciones o traumas que cambian la vida desde la infancia son muy importantes en mi literatura.

 

Lupe se mueve en los límites entre la razón y la imaginación, mientras que los recuerdos de Juan Diego son aterradores.

Lupe cree que puede ver el futuro y realiza actos peligrosos porque quiere cambiarlo. No sabemos si acierta o no en lo que ve. En el caso de Juan Diego, en una de mis primeras novelas, Oración por Owen, hay una cita acerca de la memoria y de los monstruos: ‘Tu memoria es un monstruo. Tú no tienes una memoria, la memoria te tiene a ti’. Esa cita puede aplicarse a él, porque sus recuerdos son monstruos.

Uno no puede escoger sus monstruos o sus pesadillas, ellos nos encuentran; a veces pienso que ni siquiera soy consciente, a la hora de escribir una novela, de todos los elementos antiguos que contiene. Es como un sueño viejo.

 

En su libro se observa una relación de amor-odio con la religión católica.

Lupe es particularmente escéptica. Esos niños, Lupe y Juan Diego, compran vírgenes, pero piensan que les gusta más la Virgen de Guadalupe que la Virgen María, y no les gusta la Virgen de la Soledad. Juan Diego criticará toda su vida a la Iglesia, a la institución, a lo que él llama las reglas hechas por el hombre, nunca a la fe de las personas. En cualquier parte del mundo verás a gente de rodillas pidiendo algo, pero no le piden al sacerdote, ni al rabino, ni al mulá; se lo piden a algo más grande. Creo en los milagros, pero cada vez que intervienen los seres humanos en la Iglesia, la sinagoga o la mezquita, hablamos de un comité y los comités dentro de la religión cometen errores como cualquier otro, como sucede con los gobiernos.

 

De acuerdo con Juan Diego, las lectoras mantienen viva a la literatura.

Creo que las mujeres mantienen viva la ficción y no conozco a ningún escritor que no esté de acuerdo conmigo. Viajo mucho y, aunque ahora es más difícil saber qué está leyendo la gente, me doy cuenta que las mujeres se enfocan más en lo literario, mientras que los hombres se dedican a la no ficción, a la vida real.

Cuando veo a un hombre con una buena novela se lo agradezco, porque los narradores somos una especie en peligro de extinción. Vivimos un tiempo en el que la imaginación está en peligro; tan solo hay que ver cuántas películas se basan en historias verdaderas. A la gente le interesan más los libros que surgen de la realidad, las memorias, por lo que no queda más que decir: bien por las mujeres.

 

Nacido en Exeter, New Hampshire, en 1942, John Irving se ha hecho acreedor a varios de los reconocimientos literarios más importantes que se entregan en Estados Unidos, así como a un Oscar en el año 2000 por el guión de Las normas de la casa de la sidra, película dirigida por Lasse Hallström. Entre sus obras traducidas bajo el sello de Tusquets se encuentran El mundo según Garp, Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra,La epopeya del bebedor de agua, Oración por Owen, Libertad para los ososy el volumen autobiográfico Mis líos con el cine.

Avenida de los misterios, publicada por Tusquets Editores, relata el viaje que un exitoso escritor de origen mexicano hace a Filipinas, un recorrido que le sirve para hacer un ejercicio de memoria y regresar a su infancia en Oaxaca, cuando pertenecía a los “niños de la basura”. Es la historia de quien encuentra un futuro en Estados Unidos, pero que no deja de pensar en lo que vivió durante una infancia marcada por el abandono y la marginación.