Dramaturgo, periodista, maestro

Los distingos entre el periodismo a secas y el periodismo narrativo, y aun entre periodismo y literatura, le parecían ociosos, acaso artificiales.

Guadalajara

Me proponía hablar de fiestas y, paradójicamente, la noticia que se asoma es la de la muerte de Vicente Leñero, uno de las grandes plumas de nuestro país. Leñero el escritor; Leñero el dramaturgo; Leñero el periodista; Leñero el maestro. Por suerte, no hay que elegir de entre estas facetas, porque todas tienen mucho de las demás. Su brillante y cuidada prosa, su estilo penetrante, se percibe lo mismo en sus guiones para cine que en el más sencillo de sus artículos.

Los distingos entre el periodismo a secas y el periodismo narrativo, y aun entre periodismo y literatura, le parecían ociosos, acaso artificiales. Alejandro Toledo cita sus palabras cuando dijo que era una “vieja idea suya no hacer distingo entre la literatura y el periodismo, sino incluso asumir el periodismo como algo literario, ponerle las tretas y las armas de la ficción, de la narrativa”. En todos los sentidos su obra demuestra esta convicción donde la gran literatura sirve al gran periodismo.

De otra parte, su legendaria actuación en la lucha por la libertad de expresión, que le costara a él y a todos los que siguieron a Julio Scherer su salida del periódico “Excélsior”, es un capítulo iluminador de entereza y aplomo frente al poder y sus excesos. Las lecciones de todo esto son diversas y marcan un parteaguas en la historia del periodismo nacional.

Desafortunadamente no fui su alumno, pero conocer a muchos de sus discípulos permite constatar la enorme influencia que tuvo en varias generaciones de periodistas y escritores.

Directo y elegante, preciso y profundo, son algunas de las características de su estilo. La de él es una narrativa de alto impacto, no sólo por sus temas sino también por la forma en que los aborda; pero sea cual sea la complejidad de sus personajes o de las situaciones y hechos que describe, siempre conseguía elaborar un retrato muy fino, no calca, de la realidad. Sabía que ésta necesita ser procesada siempre por el autor de una nota y su potencial lector.

Perderlo ahora, cuando el periodismo libra tantos e importantes debates en medio de su renovación, representa una baja en verdad sensible. Irreparable.