Día de vallas metálicas

Desde muy temprano hubo granaderos alrededor de la Feria.

Guadalajara

La FIL siempre ha tenido sus momentos polémicos relacionados con otros aspectos, no necesariamente con el libro. En una evocación muy rápida, con la presencia de Cuba como país invitado, en la presentación de un número de Vuelta, y de ahí hasta el desliz del ahora presidente Enrique Peña Nieto, cuando apenas era un candidato, o hasta los jóvenes que se han manifestado, en diferentes momentos y por muy diversas razones a la entrada de la Expo Guadalajara.

Se esperaba que en el acto de inauguración se dieran protestas en solidaridad con los normalistas desaparecidos en Iguala, pero los llamados se dieron más en la parte oficial… Hasta ayer. Los llamados a manifestarse por Ayotzinapa propiciaron que desde muy temprano se viera a granaderos circular alrededor del espacio ferial. Incluso se colocaron vallas, lo que dificultó un tanto el ingreso a la feria.

Afortunadamente, por la mañana la Expo estuvo cerrada al público, porque la media jornada se dedicó a los más de 20 mil profesionales del libro que circularon por los pasillos de la feria y en los hoteles aledaños, todos en juntas, en reuniones para la adquisición de derechos o tan sólo para platicar con sus pares de otros países.

A lo largo del día hubo diversas manifestaciones, pero también estuvo el llamado en redes sociales para hacer una marcha más desde los participantes en lo editorial y literario, sin interrumpir una programación que, en total, se integra con más de tres mil actividades.

Por eso, en días de feria se camina como pocas veces: de una entrevista a otra, de una presentación a otra; de una entrevista a una conferencia de prensa y de ahí a correr, porque los escritores ya se quieren ir a comer o a tomar la copa mientras se preparan para sus actividades. Y además es correr de un salón a otro, porque son 19 los repartidos en los alrededor de 25 mil metros cuadrados de exposición.

Vaya: lo cotidiano dentro de la FIL, incluso las protestas sociales que ya comienzan a hacerse así, cotidianas, en el encuentro, lo que tiene su razón de ser en los cientos de medios de comunicación de diferentes países que aquí están acreditados, lo que no deja de ofrecer una gran oportunidad para hacerse visible.

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300 años de la Real Academia

En México vive uno de cada cuatro hablantes del español: una lengua que une, sin embargo, a más de 20 países, en una unidad que resulta milagrosa, en las palabras de Gonzalo Celorio, pero al mismo tiempo con las “aportaciones de las riquezas lingüísticas locales”.

Desde éste lado del territorio de La Mancha, como lo definiera Carlos Fuentes, la lengua se convierte en pretexto para celebrar los 300 años de la Real Academia Española, a través de una serie de actividades en las que estarán representantes tanto de la RAE como de la Asociación de Academias de la Lengua Española, integrada por 22 organismos que decidieron unir esfuerzos alrededor de la que durante muchos años fungió como la mandamás alrededor del idioma.

Para comenzar con las celebraciones, a iniciativa de la Academia Mexicana se invitó a Sergio Ramírez a dictar una conferencia en la que se reconoció la unidad y la diversidad de la lengua, pero en especial las aportaciones que desde este lado del océano han dado los pobladores para su enriquecimiento.

Miembro correspondiente de la RAE, el escritor nicaragüense nos recordó las diferentes formas, o sonidos, que puede adquirir nuestra lengua en su recorrido por el continente; una lengua en estado de perpetua invención, aun cuando las preguntas sean cuántas lenguas hablamos, cuántas tenemos: “una sola, diversa y abundante”.

“Basta oír esos ecos cantarines, esas parrafadas que terminan atropellando un solo sostenido las palabras mutiladas. Una sílaba comida de más, una entonación risueña, un registro más alto, una muletilla esplendorosa, que se convierten en leves distinciones de un cantar en el que suenen a lo lejos tambores africanos que los esclavos escuchaban en lo hondo de sus sueños, fascinados en un barco que los traía desde Guinea o desde el Congo.”

Historias cantadas y contadas que se retratan la vida cotidiana, entre las frases del vallenato y las de un corrido que “refleja a las voces de Juan Rulfo: no vale nada la vida, la vida no vale nada”, evocó Sergio Ramírez, quien de alguna manera se encargó de encender las velas de un pastel que estarán prendidas a lo largo de la semana.

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Concluyen las celebraciones por el centenario de octavio Paz

A principios de año, toda la atmósfera cultural giraba en torno a las actividades conmemorativas por el centenario de tres referentes de la literatura mexicana: Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas. Las velitas que se encendieron entonces empiezan a apagarse, y la primera de ellas fue la del Premio Nobel, luego de tres días de reflexión y memoria acerca de su vida y su obra.

El primer participante fue Fernando del Paso, el segundo Enrique Krauze –en ambas intervenciones con la presencia del titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa– y para culminar las actividades tomaron la palabra Juan Malpartida, Brian Nissen, Orlando González Esteva y Christopher Domínguez Michael, moderados por Ricardo Cayuela Gally.

Una sesión en la que dominó el reconocimiento a las aportaciones de un hombre de letras que salió renovado con cada nueva lectura que se dio en estos días, en los que también se presentaron algunos de los libros conmemorativos.

Pero también fue la noche para recordar al escritor Federico Campbell, quien prácticamente hasta el último de sus días fue colaborador de MILENIO y cuya partida sirvió para la evocación amistosa de un hombre que siempre fue rebelde a través de su palabra; mirada compartida por las palabras de Myriam Moscona, Martín Solares, Humberto Musacchio, Vicente Alfonso y Carmen Gaitán. Así terminó la tercera noche de la FIL Guadalajara.

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