El detective de la historia

"Si los mexicanos conocieran un poco más de la historia argentina sabrían que la desaparición de personas es algo que empieza, pero nunca se sabe cuándo termina”
Felipe Pigna.
Felipe Pigna. (César Álvarez)

Guadalajara

En Argentina, a Felipe Pigna la gente lo para en la calle como si fuera un actor. Es un historiador. El más famoso de  su país. Los cinco volúmenes de la colección Los mitos de la historia argentina inspiraron el exitoso programa “Algo habrán hecho (por la historia de Argentina”.

 

A los 17 años tomó la decisión a ser historiador. Para entonces, en plena dictadura argentina,  amigos, familiares y conocidos habían desaparecido. Pigna se convirtió en un detective de la realidad para contar lo que nadie había dicho.  Hoy, las desapariciones en México le recuerdan a las de la dictadura argentina.

 

¿Por qué te interesó escribir sobre la historia de argentina?

Me di cuenta el valor que tiene la historia como elemento de apertura mental, el poder entender lo que pasa a partir de lo que no pasó; el registro. También del ocultamiento que ha tenido la historia en mi país y en muchos lugares, sobre cómo se nos ha contado y cómo es realmente la historia, eso me puso en crisis, me motivó mucho para estudiar historia.

 

¿Cuál fue el momento más desdichado de tu vida?

Durante la dictadura yo tenía 17 años, era una época tremenda, de asesinato de amigos, de pasarla mal, de tener que irme de mi casa; sufrí mucho, horrible. Tengo incluso el recuerdo, la imagen de años nublados, días nublados. Muy triste.

 

¿Crees que un historiador es un detective, que está en medio de lo que se cuenta y lo que es?

Sí, tiene mucho de detective, totalmente. Tiene esta cuestión de cierta desconfianza con lo que hay, y la hipótesis de encontrar la verdad; también la de hacer justicia, porque, en mi caso, lo percibo así. Hay mucha injusticia en la historia oficial, en la historia que se nos ha contado, siempre quedan de lado los vencidos, los pobres, los ninguneados, y uno intenta por lo menos hacer justicia con ellos.

 

¿Qué crees que se necesita para ser un buen historiador?

Se necesita tener un alto nivel de sensibilidad junto con la racionalidad. Estás hablando de vidas, estás hablando de historias de colectivos sociales. Es casi tan importante como tu nivel intelectual.

 

¿Qué impacto tiene lo que dice un historiador en la vida de la gente?

En mi caso, es un caso muy particular porque yo soy un historiador muy famoso en Argentina. Mi opinión es una opinión tenida en cuenta porque ocurrió un fenómeno muy especial que el programa (de televisión) que hicimos, se llamaba Algo habrán hecho, midió 25 puntos de rating, y fue muy impresionante, y me convertí en una figura muy popular.

Estoy en televisión, por lo cual lo que yo digo tiene un peso que no podría decirse que cualquier historiador.  Eso ayudó a que sea más tenida en cuenta la opinión de los historiadores. La gente empezó a escuchar a otros historiadores a partir de ahí. La historia empezó a tener presencia en los medios, en la radio.

 

¿Conocer la historia ayuda a cambiar el presente?

Debería. No es una garantía, pero debería. Una debería, que se yo, lo que está pasando en México hoy, si los mexicanos conocieran un poco más de la historia argentina sabrían que la desaparición de personas es algo que empieza, pero nunca se sabe cuándo termina, y que es algo que le pasa a todos no le pasa a uno.

La utilidad que tienen las experiencias históricas para ayudar a que no se repitan las cosas negativas, además no caer en trampas como diciendo “me preocupa lo de Ayotzinapa porque mañana me puede pasar a mí”. No es por eso, es porque no tiene que pasar, y si no estamos hablando de un concepto absolutamente egoísta.

 

¿Es una advertencia?

Es una forma de advertir. En Argentina hubo 30 mil desaparecidos en la década del 70, en la dictadura, de los que no supimos nunca más nada; asesinados, torturados, y una sociedad que miró en ese momento para otro lado, que decían “algo habrán hecho”, por eso el nombre del programa, es como decir casi se lo merecen, o andá a saber qué hicieron, este sentimiento canalla muy promovido por los medios de comunicación.   

 

Tú que conoces la historia de las desapariciones forzadas, ¿cuál es la lección?

Yo le diría a la gente en México que esté muy alerta, que haga todo lo que pueda, que proteste, que no se calle, que insista ante las autoridades, que denuncie todos los que sepan algo, y  buscar a los verdaderos responsables, no solo a los ejecutores primarios, sino a todo un complejo de complicidades que llevan a que 43 personas desaparezcan sin dejar rastro.

Esto no es posible, sin una sociedad cómplice no desaparecen 43 personas, si no hay toda una red de complicidades, incluso hasta aquél que dice “por las dudas no me meto”. No es por las dudas, es por miedo, probablemente, por terror, por cobardía, pueden ser múltiples causas, muchas entendibles, pero si toda la sociedad se pone firme esa persona que está en riesgo se va sentir protegida y va a hablar.   

Lo peor en estos casos es la soledad. No hay que dejar solos a los familiares, no hay que dejar solos a los denunciantes. Esto es lo que pasó en Argentina, las madres estaban solas completamente y así la maquinaria de terror seguía funcionando.

 

¿Cuál fue la función de la protesta en Argentina?, ¿ayudó a salir de la crisis?

Por supuesto, Argentina salió de la dictadura por la protesta, salió de la peor crisis de su historia, la de 2001, por la protesta, por meterle miedo al poder, es la única manera. El poder es un elemento terrorista que únicamente retrocede ante el miedo: miedo a perder privilegios, miedo a quedar absolutamente en evidencia. Y esa es la única herramienta que tiene el pueblo, su poder.