¿Crisis de la industria?

El año pasado se comercializaron más de 151 mil títulos, lo que representa un crecimiento de 10% con respecto a 2012.

Guadalajara

Una de las actividades ya tradicionales en la Feria es la presentación del estado en que se encuentra la industria editorial mexicana, un panorama que nunca es reciente porque suelen dar a conocer los indicadores del año anterior --en este caso de 2013--, por aquello de que se arma con las respuestas de los editores privados que alcanzaron a responder la encuesta. Si bien la memoria no siempre alcanza a recuperar los datos ofrecidos en años pasados, sí capta una esencia que a estas alturas ya resulta inexplicable: el ámbito editorial vive en permanente crisis, los lectores no crecen, las ventas se incrementan de manera marginal y la producción de libros está en permanente subida y bajada, dependiendo de las compras que haga el gobierno en cada ejercicio presupuestal.

La frase usada por el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), José Ignacio Echeverría, refleja parte del panorama presentado: estancamiento. Y es que si bien hay crecimiento en distintos indicadores presentados en la feria, siempre hay aspectos que resultan sombríos. Por lo menos eso es lo que se busca mostrar.

El editor Carlos Anaya fue el encargado de compartir los indicadores principales, que fueron resultado de los datos y respuestas de los 220 editores privados que respondieron a la encuesta presentada por la Caniem, en la que se destacaron cifras como la producción de títulos del año pasado, que se incrementó en un 27%, “resultado de las reediciones y reimpresiones, que pasaron de 90 millones de libros producidos a 98 millones”, se lee en un librillo que entregan cada año y en el que se resumen las cifras, porque el documento completo se ofrece sólo a los agremiados de la Cámara.

El año pasado se comercializaron más de 151 mil títulos, lo que representa un crecimiento de 10% con respecto a 2012, mientras en valor de facturación de ediciones impresas casi se llega a los 10,900 millones de pesos, una variación de 4.6 % entre 2012 y 2013.

Los datos son de un crecimiento marginal, mínimo dirían los editores privados, aun cuando lo mencionan en un encuentro editorial y literario que reúne a unos 700 mil visitantes y cuyos costos no son nada bajos: el precio por metro cuadrado se paga en dólares, los stands suelen tener diseños especiales que cambian cada cierto tiempo, mueven miles de ejemplares de la ciudad de México a Guadalajara, pagan hoteles que en estos días se vuelven de temporada alta y ofrecen viáticos a su personal.

Una inversión que, sabemos, se da año tras año, incluso por adelantado, porque nadie quiere perder su lugar dentro del área de exposiciones.

Dos realidades que siempre son de contraste.

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Los secretos mejor guardados de América

Uno de los retos permanentes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es la innovación: los organizadores no pueden quedarse sólo con la idea de que es el encuentro editorial y literario más importante en el ámbito hispano y el segundo a nivel mundial, ni siquiera al saber que acuden 20 mil profesionales del libro, 650 escritores y alrededor de 700 mil visitantes, con un programa de tres mil actividades. Porque al final eso se puede convertir en mera numeralia.

Uno de los programas por los que apostaron los organizadores fue Latinoamérica Viva, concebido como una manera de acercarse a las letras que se producen en el continente pero que no llegan a difundirse de manera adecuada y que hasta pueden ser consideradas como los secretos mejor guardados en la lengua española. Son alrededor de 35 los autores de diferentes partes de América Latina que participan en un espacio de divulgación, antes que de reflexión: una mirada a sus propias obsesiones, a sus territorios literarios, a sus fantasías geográficas. Si bien los hay procedentes de Argentina, el país invitado de honor de ésta edición de la feria, también los hay de Venezuela, de Ecuador, de Colombia, de Perú o de Uruguay.

Hernán Ronsino, Miguel Antonio Chávez, Daniel Samper, Claudia Piñeiro, Igor Barreto, Ana María Maia, Nicolás Poblete o María Fernanda Ampuero son algunos de los nombres que participan en Latinoamérica Viva. Muchos de ellos no están publicados o distribuidos en México, pero su obra permite un acercamiento a sus países de origen y a su manera de entender a la literatura.

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Borges: la lectura como felicidad

María Kodama se ha convertido en una de las principales defensoras de la obra de Jorge Luis Borges, quizá hasta extremos incomprensible por muchos, en especial estudiosos e investigadores; sin embargo, entre los lectores del argentino esa imagen no parece ser compartida, como se notó en las decenas de personas que hicieron fila afuera de la sala 1 para atestiguar el conversatorio con ella.

Diálogo, conversación en la que la palabra de Borges se convirtió en protagonista, porque la tarea de Kodama fue ofrecer algunos pincelazos de la imagen del escritor y de su entorno: “una mirada a la biblioteca de Borges nos permite el asombro, porque más de la mitad de ella está compuesta por libros de filosofía, de matemáticas, de religiones”.

Su obra, comentó quien por más de una década fuera la mano derecha del argentino, surge de la decantación de esas lecturas hechas desde su infancia y a lo largo de toda su vida, porque al final, para Borges, “una forma de felicidad en estado puro era la lectura; otra menor era la invención”.

Al principio, Kodama leyó un texto acerca del significado del libro para Borges, al que consideraba una extensión de la memoria y de la imaginación; condensaba esos dos elementos, aun cuando en distintas ocasiones se sorprendiera porque entre los antiguos no se profesara el culto al libro, “ya que veían en él a un sucedáneo de la palabra oral”. “Para Borges el lector crea la obra: una obra aparentemente inmóvil, construida y detenida en palabras va a cambiar al reflejarse en la conciencia de cada lector. Eso será lo que la convierta en ser vivo: ese río de Heráclito será para Borges la suma de lectores”, decía convencida quien lo conoció cuando aún era una niña y se quedó a su lado hasta el fin de sus días.