Magris o la sabiduría amable

Mi encuentro con Magris es breve, pero absolutamente relajado y cordial. Pienso todo el tiempo en 'El Danubio', su libro-viaje, y le pregunto si se percibe reflejado en otras travesías, en otros ...
Ariel González, editor de Cultura de Milenio Diario.
Ariel González, editor de Cultura de Milenio Diario. (Archivo Milenio )

Claudio Magris tiene la tranquilidad —y amabilidad— de los sabios. Charlar con él nos ilusiona sobre la posibilidad de contagiarnos de mesura, profundidad y fineza. Habiéndole preguntado otras cosas previamente, no resisto la tentación de saber, por su propia boca, cuáles son sus autores favoritos. Mi ingenuidad es recompensada con una respuesta generosa: "Me resulta siempre difícil contestar este tipo de preguntas porque gracias a Dios tengo muchos amores y, por lo menos en este sentido, se permite ser polígamo".

Mi encuentro con Magris es breve, pero absolutamente relajado y cordial. Pienso todo el tiempo en El Danubio, su libro-viaje, y le pregunto si se percibe reflejado en otras travesías, en otros autores. "Muchísimo —me dice con su armoniosa voz— y a partir de una de las más grandes obras, si no es que la más grande, La Odisea de Homero: la imagen del viaje es la imagen misma de la vida. La gran pregunta es si la vida se cruza llegando al fin a Ítaca. Homero cuenta que después de su maravilloso diálogo conyugal con Penélope, después de una noche de amor, veinte años después de no verla, le dice que tiene que irse otra vez. En el Ulises de Joyce, después de todo lo que ha vivido y sufrido, al fin él vuelve a ser él mismo. En este sentido Homero es más inquietante que Joyce y tal vez por eso Joyce es más simpático".

Imposible no hablar de los tiempos que corren con quien ha visitado magistralmente la historia del Imperio Austrohúngaro, la de ese mundo que empezó a desaparecer hace cien años con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Aun así, pregunto: ¿Hay motivo para el optimismo?

"Podría contestar —dice—con una frase famosa de Gramsci, uno de los mayores intelectuales italianos: 'Pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad'. Yo creo que estamos viviendo una especie de cuarta guerra mundial (en el entendido de que la tercera fue la Guerra Fría) y no se sabe de quién contra quién, es de todos contra todos. Acerca de la Primera Guerra Mundial, quisiera contarle una anécdota que hace entender cómo los seres humanos somos incapaces de prever el futuro: un amigo, un viejo historiador austriaco, una vez vino a visitarme a Trieste buscando la tumba de su papá que era un oficial austrohúngaro de la Primera Guerra Mundial, muerto sobre el Carso, y este amigo me contó que su nombre era Adán debido a que cuando su papá se fue a la guerra su mamá estaba embarazada y entonces no se podía saber si sería varón o niña. El papá le dijo a su esposa: si es varón, llámalo Adán, porque esta será la última guerra del mundo y después de la guerra nacerá un mundo de paz, un nuevo Adán hermano de todos, una especie de paraíso terrenal. Y pensando en lo que ha sucedido después, la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, esto demuestra cuán ciegos somos, incapaces de ver lo que se avecina. Y al propio tiempo, creo, todos somos como el papá de este amigo".

Así es la sabiduría amable de Claudio Magris.