La Bolsa del Escritor: Benito Taibo

El autor de Querido Escorpión, devora evora títulos con la mirada y escoge uno, lo toma, lo hojea con una mano, con la otra traza figuras en el aire y lo va desmenuzando.
Benito Taibo.
Benito Taibo. (Paula Vázquez)

Guadalajara

Por los pasillos alfombrados, de editorial en editorial, Benito Taibo va provocando sonrisas. Lo saludan con alegría desbordante editores, periodistas, escritores, vendedores, niños y lectores. Es una celebridad que responde el saludo con abrazos y risas.

El autor de Querido Escorpión lleva tenis, pantalón de mezclilla, camisa blanca -fajada-, y termo de café en la mano. Pasa por cada estante como si fuera un cazador. Devora títulos con la mirada y escoge uno, lo toma, lo hojea con una mano, con la otra traza figuras en el aire y lo va desmenuzando.

Dice que es tramposo escoger solo cinco libros. “Mira a tu alrededor, hay 400 mil (libros)”, dice. Pero sabe perfectamente qué elegir y dónde encontrarlo. Se abre paso entre la gente, mira a lo lejos el tesoro literario y va a desenterrarlo. Los transeúntes se paran a escucharlo como no queriendo, mirando libros en la pila contigua. Cuando Taibo, corren a hojearlo.

Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno

Planeta

“Es dificilísimo encontrarlo en México y es uno de los escritores argentinos más importantes, con una prosa dura y salvaje. Nadie te recomendará a Saccomanno, porque los pinches intelectuales mexicanos no lo conocen. 

“En Cámara Gesell lo que cuenta es la Argentina contemporánea, una villa miseria (como le dicen los argentinos a las zonas de paracaidistas) en los alrededores de Buenos Aires y la cuenta con toda su enorme crudeza. Es una radiografía de esa Argentina que no se ve, que no nos quieren dejar ver, el tiempo terrible en el que estamos viviendo no solo en Argentina sino en América Latina”.

Destruye este diario, de Keri Smith

Paidós

“Vamos a dar un giro, violentísimo”, dice.

“Se trata de un libro para niños y adolescentes, que pide a gritos ser ultrajado, cosido, pateado, que sirve para perderle el miedo a esta lógica de culto que hemos hecho alrededor del libro como objeto cultural. 

“El autor propone que hagas tuyo el libro, como tu diario: amarra al libro con un cordel y arrástralo por la calle, agarra el diario sin utilizar las manos, mete a bañar con el diario, arranca y arruga una página, envuelve algo con una página”.

El leopardo, de Joe Nesbo

Penguin Random House

“Todos aquellos que le temen al bestseller, es porque le temen a lo que le gusta a los demás, lo cual me parece absolutamente ridículo. 

“Este bestseller es una novela policiaca, que ve la otra cara de la novela. Nesbo, además de rockero, es un tipo que habla de una manera curiosa, dura, y que nos cuenta una Noruega llena de violencia, doble moral y de corrupción; es esta demostración de que los países civilizados son menos civilizados de lo que parecen. Cuenta la parte más salvaje de la civilización contemporánea”.

Las fauces del abismo, de Ignacio Padilla

Océano

“Un gran, gran, libro de cuentos. A pesar de ser más joven que yo, por ocho años, me parece uno de los grandes sabios de nuestra generación.

“Es un bestiario, una zoología fantástica, con tintes borgianos, pero sobre todo con un dominio del lenguaje, de la palabra, de la construcción narrativa, ejemplar. Nacho es uno de los grandes cuentistas de este país y de América Latina y, sin duda, uno de los más sabios personajes que adornan nuestra ágora cultural.

“Los cuentos que cuenta Nacho Padilla podrían contarse por otros sabios alrededor de una hoguera en medio del desierto”.

25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana

Almadía

“Cuando pensábamos que en ciencia ficción ya estaba todo escrito llega 25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana, una antología de ciencia ficción norteamericana de hoy, la más contemporánea. Son textos que nunca se habían leído en México de Greg Berg, Don Webb, Ted Chiang, Terry Bisoon, Lucius Shepard, Nancy Kress, Ken Liu.

“Aparte de leer, la maravilla de tener a estos autores reunidos, pues que están antologados y traducidos, por escritores mexicanos. Por lo tanto, es la primera ver que los marcianos o los extraterrestres, o aquellos que provienen del futuro, no hablan como si fueran españoles.

Leímos toda la vida, la novela policiaca, toda la ciencia ficción, todo el terror traducido por españoles, que tienen toda la puñetera, lo digo con toda mala fe, manía de traducir tan localmente que no puedes creerte que un extraterrestre le diga a otro “vamos chaval”.