El viejo espíritu xenófobo

En su ensayo 'El estallido del populismo', Álvaro Vargas Llosa hace concurrir ideas y líderes que, en nombre de la prosperidad económica, sacrifican la democracia.
Álvaro Vargas Llosa llega a la FIL 2017 de Guadalajara con su libro, 'El estallido del populismo'.
Álvaro Vargas Llosa llega a la FIL 2017 de Guadalajara con su libro, 'El estallido del populismo'. (Facebook Álvaro Vargas Llosa)

Guadalajara

En El estallido del populismo (Planeta, 2017), el escritor y periodista Álvaro Vargas Llosa agrupó un conjunto de ensayos que abordan la toxicidad de la xenofobia, uno de los motores del triunfo de Donald Trump. Prologado por su padre, Mario Vargas Llosa, y con la participación de 16 autores, como Enrique Krauze, Cayetana Álvarez, Yoani Sánchez y el reciente ganador del Premio Cervantes, Sergio Ramírez, disecciona las formas diversas que adopta el populismo.

TE RECOMENDAMOS: A Paul Auster no le gusta decir el nombre de Donald Trump


¿Qué significa ser populista en el siglo XXI?

El populismo tiende a cambiar de forma según el líder, época o país al que nos refiramos. Una sola fórmula no puede expresar todos los populismos. Existen rasgos en común que son evidentes: los populistas tienden a sacrificar el beneficio del largo plazo porque quieren acelerar los tiempos para alcanzar objetivos mucho más rápido, y para ello están dispuestos a sacrificar instituciones democráticas o la propia legalidad. El populismo en general, aunque hay matices y de distintos grados, se esfuerza por anteponer la voluntad del caudillo a las instituciones.

En el libro señala que el populismo es eclético y camaleónico. ¿Bajo qué máscaras lo podemos identificar?

"Los populistas tienden a sacrificar el beneficio del largo plazo porque quieren acelerar los tiempos para alcanzar objetivos mucho más rápido, y para ello están dispuestos a sacrificar instituciones democráticas o la propia legalidad"

Usando unas categorías que ya están pasadas de moda, podríamos decir que en la izquierda populista prevalece un elemento de confrontación entre clases sociales, de instigación al resentimiento. Es decir, la idea de que el caudillo populista hará una justicia social que solo él, a través del gobierno, puede ejercer: corregir los abusos que perjudican a la mayoría a manos de unos cuantos privilegiados. En la derecha se ubican dos: la inmigración, la sensación de proteger a la nación contra la penetración excesiva de inmigrantes que ponen en riesgo la cultura tradicional del país, y el comercio exterior, pues el caudillo populista de derecha debe proteger a la nación contra la competencia foránea, ya que hay industrias tradicionales que dependen de mucha gente y correrían peligro. 

En el capítulo que dedica a la era Trump, puntualiza que su victoria no es un accidente geográfico sino una larga progenie política.

Fuera de Estados Unidos es algo que se conoce poco. Ha habido muchas olas populistas a lo largo de su historia. La república estadunidense tiene más de dos siglos de existencia y ha tenido estas corrientes en distintos periodos. En el siglo XIX hubo un partido que se llamó los Know-Nothings (Los No Saben Nada), una agrupación medio clandestina que tenía una posición muy xenófoba. Luego se estableció formalmente el People's Party, el primer partido populista de la historia. Y en este mismo siglo se ha manifestado esta corriente. Recuerde la elección en la que ganó Bill Clinton en 1992, que compitió con Bush padre, que buscaba la reelección, y con Ross Perot, un empresario acaudalado que tenía una posición muy contraria al Tratado de Libre Comercio con Norteamérica.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación ante este fenómeno?

'El estallido del populismo' se presenta a las 17:00 horas, en el Salón 3. Sergio Ramírez y Enrique Krauze acompañan al autor.

Uno muy importante. En Estados Unidos los medios desempeñan un rol más de opinión que de información porque sienten un peligro, y que de este modo pueden contrarrestar. El problema es que los medios, al igual que los partidos, están viéndose erosionados por la desconfianza de la gente. La revolución en las comunicaciones ha propiciado un fenómeno de desintermediación, el hecho de que las personas puedan comunicarse a través de las redes sociales sin la necesidad de pasar por un periódico. Cada persona se ha vuelto su propio presidente, su propio partido, periódico y canal de televisión. Las instituciones están siendo sustituidas por la comunicación directa de la tecnología informática, pero es riesgoso porque la gente encuentra que ya no necesita pasar por las instituciones o por los medios. Así se crea un vacío en la democracia. 

Desde la academia, ¿cómo combatir el populismo?

La academia no es suficiente, los medios de comunicación y los partidos políticos también deben sumarse. En el caso de los Estados Unidos pasa algo extraño: una parte del populismo que ha brotado está en contra de la academia. Es el sector del centro del país que tiene mucha desconfianza porque se piensa que el mundo académico es elitista, arrogante, y que ha defendido la migración. Es importante que la academia estadunidense corrija esa percepción, mostrar que las ideas de la libertad son las mejores para dar la posibilidad al ciudadano de a pie de prosperar.



RSE