Los niños se van de libros

Hablar de la existencia de nuevos lectores en México es una realidad palpable, como demuestra la actividad febril del pabellón FIL Niños, que año tras año supera las expectativas de asistencia.
"FIL Niños es una excelente oportunidad para acercarnos a sellos de otros países que, por diversos motivos, no llegan con regularidad a estas latitudes".
"FIL Niños es una excelente oportunidad para acercarnos a sellos de otros países que, por diversos motivos, no llegan con regularidad a estas latitudes". (Ilustración: Shutterstock)

En un artículo reciente, el excelente escritor tapatío José Israel Carranza anotaba que muchas personas en su ciudad no tienen idea de qué es la FIL e incluso que si lo saben no se plantean ir. Se preguntaba qué pensarían de la celebración que propone la Feria, que cumple 30 años y promueve como invitados especiales a los países de América Latina, que tendrá una nutrida delegación de escritores para participar en toda clase de actividades.

Yo lo que me pregunto es, a juzgar por lo que veo cada año en la Feria y anticipo para la que viene, si no estaremos comenzando a ver un signo alentador, uno de los poquísimos de nuestro presente, en la asistencia creciente de niños y jóvenes. Parece que muchos de ellos, de diferentes formas, leen más que sus padres. Y, la verdad, mejor. No creo ser ilusa ni excesivamente optimista y les diré por qué. 

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara no solo destaca por ser el mercado de publicaciones en español más grande del mundo o por recibir cada año más de 700 mil personas. Por si esto fuera poco, desde sus inicios ha dado especial importancia al público infantil y juvenil. Tanto así que el pabellón de FIL Niños se ha convertido en punto de referencia tanto para los autores y editores como para las familias que visitan este espacio año con año.  

Con el paso del tiempo, esta área de la Feria se ha ido consolidando y ahora ofrece una amplia variedad de actividades para el público más joven: presentaciones de libros, por supuesto, pero también espectáculos, salas de lectura, un área de exhibición y venta, y muchos, muchos talleres. Estos últimos no son actividades de corte escolar en las que se explica a los niños y niñas la importancia de la lectura (estrategia que, en realidad, suele más bien ahuyentarlos), sino, de acuerdo con los organizadores, “la oportunidad de encontrarse con los libros a partir del juego y la creación”. 

De esta forma, los talleres —que se imparten varias veces al día para que puedan ser tomados por el mayor número posible de niños y niñas asistentes— se dividen por rangos de edad y los temas son tan lúdicos y variados como “Mascotas de bolsillo” (para niños de tres a seis), “Arte de guerrilla” (para los de siete a nueve) y “La liga ilustrada (creación de personajes ilustrados)” (para los de diez a doce).

Sin lugar a dudas, uno de los mayores atractivos de FIL Niños es el área de exhibición y venta de libros. En esta zona se dan cita editoriales mexicanas y extranjeras, algunas con años de tradición y otras emergentes. Es recomendable visitar sus puestos con calma y sin prejuicios: a veces una editorial muy pequeña puede tener libros atractivos en su catálogo. Ahí está, por ejemplo, la mexicana Leetra, que tiene un par de años en el mercado pero ofrece libros-álbum hermosísimos como el conmovedor Cielo azul de la croata Andrea Petrlik o el entrañable Gastón, de Kelly DePucchio e ilustraciones de Christian Robinson (quien, por cierto, estará en la Feria para presentar la obra y dar un par de talleres).

De la misma forma, el que una editorial tenga mucho tiempo en el negocio no la vuelve aburrida, como puede observarse en el catálogo del Fondo de Cultura Económica, que incluye autores de fama internacional como la coreana Suzy Lee, el británico Anthony Brown, la argentina Isol y el japonés Satoshi Kitamura, por no hablar de los mexicanos Francisco Hinojosa, Verónica Murguía y Juan Villoro. En este 2016, el FCE celebró 25 años de su colección A la Orilla del Viento, una de las más emblemáticas de la literatura infantil y juvenil en español, y se mantiene fuerte con novedades interesantes y los títulos más celebrados de ese catálogo. 


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Entre las editoriales mexicanas independientes que no hay que pasar por alto están CIDCLI, Tecolote y El Naranjo, las tres con más de veinte años de trabajo; y entre las transnacionales bien arraigadas en México hay que echar siempre un ojo a Edelvives, SM, Claroqueleo (antes Alfaguara Infantil) y Castillo: cada año suelen tener propuestas interesantes, tanto de autores mexicanos como de fuera del país. 

Pero además de las editoriales que se encuentran de forma relativamente fácil en las librerías mexicanas, FIL Niños es una excelente oportunidad para acercarnos a sellos de otros países que, por diversos motivos, no llegan con regularidad a estas latitudes. Ekaré, de Venezuela, y la española Thule (aunque es distribuida por Ediciones Tecolote, es bonito ver todos sus libros juntos) son un par de buenos ejemplos.

Por supuesto, éstas son solo unas cuantas de las muchísimas editoriales dedicadas a la literatura infantil que vamos a encontrar en la FIL Guadalajara. Es importante notar que estamos viviendo una “época de oro” de los libros para niños y adolescentes: hay editoriales de excelente calidad y la oferta es tan variada que hay opciones para todos los gustos.

Y ya que mencionamos a los adolescentes, los jóvenes también tienen su propio espacio en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No se trata de un pabellón, pero sí de una agenda nutrida que incluye presentaciones de libros, charlas con autores y hasta un encuentro de booktubers (es el segundo año que se realiza), lo que demuestra el interés de la FIL por organizar actividades atractivas para todos. 

Entre los autores extranjeros de literatura juvenil que tendrán presentaciones en la FIL, los más esperados son quizá Sally Green (autora de la serie El lado oscuro), Tonya Hurley (The Blessed) y James Dasher (Maze Runner).

Y entre los nacionales están Lorena Amkie, Benito Taibo, Francisco Haghenbeck y Antonio Malpica. También estarán los ilustradores Benjamín Lacombe (Francia), Juan Gedovius (México) y, en el encuentro internacional de caricatura e historieta, los artistas gráficos mexicanos Alejandra Gámez (autora emergente, que se volvió famosa por el webcómic fantástico The Mountain with Teeth), Ricardo Cucamonga, José Ignacio Solórzano (JIS) y Trino Camacho, así como el hispano-mexicano Sergio Aragonés.

Por cierto: también estará en la FIL el escritor George R. R. Martin, creador de la serie de libros Canción de hielo y fuego, en la que se basa la serie de televisión Juego de tronos. No es un autor propiamente “juvenil”, pero mucho de su público está en ese rango de edad y lo espera con ansias. Con Martin, las expectativas tienen mucho que ver con el hecho de que su serie de novelas no ha concluido y el programa televisivo —aunque con su anuencia— ya se “adelantó” a la trama de éstas. Habrá que ver qué dice. 


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Si todo ocurre como ha ocurrido en años anteriores, en los pasillos de la Feria veremos las habituales multitudes: habrá grandes colas para los autores de moda, y todavía más grandes para las celebridades de la televisión o de Internet. Habrá también —no crean que se me escapa este hecho— muchos grupos escolares llevados en peso, acarreados, sin mucho interés por nada más que por cumplir con el encargo de algún profesor. 

Pero hay muchos más asistentes, y muchos más niños y jóvenes, que llegan a la Feria. Yo los he visto: los que acuden a las lecturas, los que van a las presentaciones y las conferencias, y también los que abordan de pronto a su autora o autor favorito en una fila de autógrafos, en el puesto de una editorial o simplemente por los pasillos, por no hablar de aquellos que no llegan a la Feria porque la Feria llega a ellos, con alguna de las actividades —como el programa Ecos de la FIL— que se llevan a cabo fuera de su recinto, por toda la ciudad de Guadalajara. 

Yo sé de los serios problemas de atraso que sigue teniendo nuestro país. Sé que el incremento de visitas y de entusiasmo por la FIL de una parte de la población no refleja necesariamente la postura del resto. Pero me niego a despreciar las evidencias, por pequeñas que sean, de la existencia de nuevos lectores.