Escritor de escritores

Vicente Leñero fue un maestro de muchos géneros. En una entrevista de radio con Carlos Puig, en junio de 2008, contó cómo llegó y se fue de cada uno de esos géneros. 
Vicente Leñero fue un maestro de muchos géneros.
Vicente Leñero fue un maestro de muchos géneros. (Archivo)

Vicente Leñero, yo creo uno de los escritores de escritores, uno de los más importantes escritores contemporáneos, hace algunos años me dijiste que ya no ibas a escribir más novelas.

En eso estoy, voy cerrando capítulos, ya no escribí telenovelas, bueno telenovelas que también escribí. Pero el género narrativo largo que es el género de los géneros lo que más ambicionaba yo escribir en la vida, desde que empecé a escribir. Lo que yo quería escribir era novelas, el género mayor de la literatura, pero pues uno va cerrando etapas porque se va administrando uno con la edad, con los tiempos extras que uno está jugando en la vida. Escribí La vida que se va y dije con esta termino. Ahora he derivado al género de la narrativa pero en cuentos, cerré la etapa del teatro.

Pero ahora por ejemplo que está Planeta reeditando novelas de hace mucho tiempo, ¿las relees de repente?

Bueno, nunca. Yo pienso que la última lectura que hago de mis libros siempre es la corrección de planas última, la revisión última.

¿Ni cuando las ves publicadas?

Nada más la hojeo y me da añoranza pero me da mucho gusto que se reediten las novelas. Las editoriales parecen que viven para las novedades, el libro existe cuando aparece, dura un par de semanas en las novedades y después se pierde en la inmensidad de las librerías. O en las librerías de viejo donde hay que ir a escarbar.

¿Todavía vas Vicente?

Todavía voy. En un tiempo me preocupaba mucho porque compraba libros compulsivamente. Era un adicto a la búsqueda de viejos libros.

Esta adicción te hace invertir más tiempo leyendo que escribiendo.

No siempre, yo leo un par de libros a la semana, lee uno muy poco.Al final de la vida si tú cuentas que un buen lector lee un libro a la semana, son 50 libros al año, en diez años son 500 libros, no lee uno mucho en la vida.

¿Estar leyendo cosas vicia la escritura?

Cuando yo era joven sí, el contagio cuando uno empieza escribir, yo recuerdo que estaba en el taller de Arreola y él una vez me dijo: Estás escribiendo como Rulfo, y eso me pegó durísimo. Pero entre más va leyendo el escritor joven, ya las influencias se confunden, se mezclan y uno va encontrando su propia voz, que es lo importante.

Además de Rulfo, ¿quién crees que te haya contagiado?

Me contagiaban muchos escritores como Graham Greene al que leía muchísimo. Greene tenía una característica de ser un escritor que se presumía de ser católico y escribía buenas novelas y era reconocido, y entonces en el ambiente literario mexicano el ser católico por ejemplo lo anulaba a uno, porque no había buenos escritores, porque teníamos fama de ser muy mochos y de ser muy cerrados o muy conservadores, y cuando yo descubrí a este grupo de escritores a los que leí muchísimo, a Graham Greene, Evelyn Waugh, toda esa generación, entonces yo decía estos son grandes escritores a pesar de ser católicos.

Decías que lo querías hacer de joven era ser un gran novelista y escribir novelas, ¿de ahí pasaste primero al periodismo, o al teatro?,

Primero pasé al periodismo, la verdad es que me emboleté en el periodismo porque yo estudiaba ingeniería y terminé siendo ingeniero, pero me costaba mucho trabajo escribir. De chamaco yo pienso que lo primero que escribí fue un libro después de leer a Mark Twain y escribí una novelita en un cuaderno que era una calca de lo que yo había leído, mi hermano me dijo: pero qué estás buscando, si ese es un vil fusil. Entonces me costaba mucho trabajo escribir, y desde muy niño lo que me apasionaba era escribir y pensé que dónde podía aprender a escribir. Estudiaba ingeniería, los ingenieros no leían.

¿Por qué saltas al teatro, ya no te dan la novela ni el periodismo o es más un afán de experimentación por gusto de lo que ves en escena?

Yo descubrí algo que ahora lo tengo más claro, en ese entonces no lo tenía claro, que de pronto el tema es el que pide el género, si a uno se le ocurre escribir una historia. Yo escribí una historia sobre el monasterio benedictino de Lemercier, cuando Lemercier había chocado con el Vaticano y cuando yo me enfrenté a ese tema que yo ya había trabajado un poco periodísticamente yo dije: me gustaría escribir una novela sobre esto. Pero el tema no me pedía una novela, me pedía una obra de teatro, yo pienso que los temas son los que piden el género.

¿Lo piensas en todo lo que has hecho?, es decir novelista, cuentista, guionista, dramaturgo. Y voy a decir un secreto, algún día hasta poesía quisiste escribir.

Sí, yo pienso que hay historias para ser contadas en el cine, que se emparenta mucho con la novela pero que tiene un lenguaje mucho más de imagen. La historia que uno vislumbra así es la calentura de la pasión para escribir, es la que pide el género.

Decías que cerraste el capítulo de la novela. Te oí decir que ya cerraste el del teatro, también.

Ya cerré el del teatro ...

¿Puros cuentos, Vicente? ¿Y el del periodismo?

No, ya también está cerradísimo, no, ya no tengo energía para irme a hacer trabajos periodísticos.

¿Extrañas escribir como periodista o lo que hacías en Proceso, cuando estaba yo ahí, que era un poco pensar con la gente, trabajar en el colectivo, ir a hacer la portada, armar la revista?

Extraño, aunque me costaba... Yo nunca fui un buen reportero, pero sí extrañaba poder tener la oportunidad de ver con la mirada de un reportero el campeonato mundial del futbol. Eso sí extraño, el trabajo vivo del periodismo, que me enseñó a observar, a ver, a abrirme a la realidad, que es bien interesante.

Y pegados con la narrativa, es decir, pegados a una escritura que se asemejaba mucho a la literatura de verdad, ¿no?

Claro, yo pienso que finalmente un reportaje es un relato, es un cuento, ¿no? se tiene que escribir con la meticulosidad y con la precisión y con el amor literario con que se escribe un cuento. El periodismo no es para consumo de la pura información, sino es también para el consumo de lo que es la literatura. El periodismo es literatura, y si se entiende el periodismo como literatura se hace un mejor periodismo, menos prejuicioso, un periodismo mucho más objetivo y que tienda a la observación de la realidad mucho más que al juicio de la realidad.

En un clásico de Vicente Leñero, a los reporteros nos decías: "no piensen, nomás reporteen, a trabajar".

Sí, eso lo sigo pensando, y lo sigo pensando también para los demás géneros, ¿no? Las novelas ideológicas, las novelas que tratan de cambiar al mundo, generalmente terminan en malas novelas, ¿no? Y como los reportajes que tratan de contener en sí mismos la opinión del reportero sobre la realidad... Que el reportero admita que el lector piensa, ¿no?, y que los que recibimos los periódicos y los leemos también somos capaces de pensar y hacer nuestros propios juicios, que no estén anticipados por el que escribe, ¿no? Ese periodismo extraño.