La formadora de escritores

Con su segundo libro de cuentos, "Pájaros en la boca", Samanta Schweblin obtuvo en 2008 el Premio Casa de las Américas.
Samanta Schweblin.
Samanta Schweblin. (Paula Vázquez)

En Berlín, Alemania, hay un rincón donde se aprende a hacer literatura latinoamericana. Un taller de escritura al que asisten mexicanos, colombianos, argentinos, venezolanos. Es la sala de la casa de Samanta Schweblin, cuentista argentina que lleva dos años y medio viviendo en Alemania, donde enseña a escribir de la misma manera en que ella aprendió.

Desde pequeña Samanta quería contar historias. Su mamá le contaba cuentos, a los que le gustaba cambiar el final. En su juventud pasó tres años en el taller de la escritora argentina Liliana Heker, donde detectó su pasión por los finales de las historias y los relatos cortos.

Con su segundo libro de cuentos, Pájaros en la boca, obtuvo en 2008 el Premio Casa de las Américas. En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara presentó su primera novela corta Distancia de Rescate de editorial Almadía.

¿Por qué empezaste con historias cortas? ¿Crees qué siempre un escritor empieza por relatos cortos y después se va a textos más largos?

No para nada, esta idea de que un cuentista es un aprendiz de escritor me parece errónea. Me parece que me gusta la contundencia de los finales, me gusta mucho esa energía final. Para mí, el final de un cuento es el 90 por ciento de un cuento.

¿Esa importancia que le das al final recae en la historia, vas pensando ya en el final desde que estás trabajando sabes cómo va acabar?

Cuando me siento a escribir ya sé cuál es el final. Es como una especie de zanahoria, porque si no tengo claro el final me bifurco, me distraigo, tomo decisiones que me cuesta mucho deshacer. Sentarme con el final ya en la cabeza me asegura cierta afectividad en mi trabajo.

¿Pero sí puedes improvisar?

Por supuesto, todo es improvisación. Es como si yo tuviera dos puntas en mi cabeza, el punto de partida y el punto de llegada y escribir fuera averiguar cómo será la curva que me va a llevar de un punto al otro.

¿Cómo es escribir en Argentina?

En Argentina es un doble juego . Por un lado hay una gran tradición de talleres literarios, casi todos los escritores tienen talleres literarios, es fácil encontrar uno y mudarte a otro. Pero eso también hace que los argentinos a nivel técnico escriban muy bien y escribir bien a nivel técnico no quiere decir ser un buen escritor. Se escribe muy bien en Argentina, creo que hay una cantidad enorme de buenísimos escritores, pero también hay mucha hojarasca.

Me parece que los talleres literarios te ayudan no sólo a perfeccionar tu obra, sino también te ayudan a formar tu cabeza con una suerte de corrector de tu propia obra y te adelantan muchas lecturas.

Yo empecé a ir a talleres, yo leí Liliana Heker porque fue mi maestra ejemplar, pero antes fui dando vueltas por otros talleres que no me convencían pero que me ayudaron mucho en las lecturas, es decir, a los 18 o 19 años ya estaba leyendo algunos autores norteamericanos que me formaron, que me enseñaron a escribir.

¿Tú tendrías un taller?

Yo ya doy talleres. Y es bien interesante, porque hace muchos años que doy talleres en Buenos Aires, pero ahora, hace dos años y medio que vivo en Berlín estoy dando talleres porque hay una comunidad hispanohablante muy grande y se ofrecen muy pocos talleres. Estoy dando un taller en el Cervantes de Berlín, que es como el espacio cultural para los que hablamos español allá y tengo talleres en casa a la usanza argentina.

Estos talleres suceden en los livings de los escritores. Eso también es muy bonito, ir a la casa del escritor, que el escritor te abra sus puertas, que te preste sus libros, que te sientes en su sillón, que traiga sus notas para explicarte algo, eso es muy bonito.

Es bien raro, porque imagínate un taller literario donde se trabaja con el lenguaje, en el que de pronto tienes un mexicano, un colombiano, un chileno, un argentino -de hecho lo que más tengo son mexicanos-, cada uno con su lengua, con sus palabras raras, discutiendo justamente sobre lenguaje. Surgen cosas exorbitantes, pero me encanta.

¿Por qué vives en Alemania?

Fui con una beca, invitada por el gobierno alemán. Estuve durante un año viviendo allá y me gustó mucho la ciudad. Me gustó vivir fuera un tiempo. Le estoy sacando muchísimo provecho a nivel de producción literaria.

¿Tus textos hablan de Argentina?

Yo pensaba que no, pero precisamente esta distancia te hace ver cómo tu propia Latinoamérica está metida en tus textos, en tu cuerpo y en tu voz.

Eso era muy difícil de ver desde Argentina. Para mí mis textos no eran muy latinoamericanos, pero ahora que estoy allá me doy cuenta que sí lo son.