Martín Moreno: los arrebatos de la historia

A su mente venía una y otra vez un consejo de Henry Miller que se le tatuó en su conciencia desde que lo leyó: “les digo a los jóvenes que escuchen sus voces internas y que las respeten antes de ...

“Es como trazar una raya en el agua”, dijo en alguna ocasión Francisco Martín Moreno refiriéndose a la ardua tarea que tiene el articulista de periódico: se sube a la vorágine del presente, a la coyuntura, a la polémica y apenas unas horas después el tema ha sido rebasado por los acontecimientos. Sin lugar a dudas, “nada hay más viejo que el periódico de ayer”.

Así lo entendió Francisco Martín Moreno antes de lanzarse al ruedo de la novela histórica a mediados de la década de 1980. Llevaba más de 10 años como editorialista en distintos periódicos, actividad que combinaba con la burocracia sin mucho afán: era funcionario público de la Secretaría de Hacienda, lugar en el que estaba más por obligación que por devoción.

Hasta ese momento, se veía a sí mismo como un traidor a su propia causa. A sus 33 años, la vida lo había llevado por los derroteros de una situación que le permitía tener un statu quo confortable y de gran aceptación entre su familia y amistades, pero en su fuero interno estaba completamente insatisfecho.

A su mente venía una y otra vez un consejo de Henry Miller que se le tatuó en su conciencia desde que lo leyó: “les digo a los jóvenes que escuchen sus voces internas y que las respeten antes de que se conviertan en un don nadie con éxito”.

La historia lo llamó siempre, las letras fueron invariablemente su compañía y tenía la pasión por contar historias, así que decidió darle un giro de 180 grados a su vida, y al igual que lo hicieron los personajes históricos que no tardaría en novelar, Francisco rompió sus propias cadenas, quemó sus naves, dio un paso al frente y se abrió paso hacia los intrincados caminos de la literatura. De ese salto al vacío nació su primera novela, México negro, publicada en 1986.

Novela histórica o historia novelada

En momentos en que se resquebrajaba el sistema político priísta por las sucesivas crisis económicas que afrontó el país durante la década de 1980, la desmitificación de la historia encontró terreno fértil en una sociedad que ya no estaba dispuesta a creer en nada que viniera del gobierno, menos aún su narrativa de la historia.

En ese contexto apareció México negro. Su inusitado éxito se debió a la pluma ágil del autor, al suspenso y al misteriosa trama de la historia de ficción, pero también a que se atrevió a mencionar que la sacrosanta y muy nacionalista Revolución Mexicana no había sido tan nacionalista: fue financiada por las más importantes compañías petroleras del momento.  

Francisco Martín Moreno tomó el camino de la historia novelada por una obsesión con la divulgación del pasado mexicano. Ante la disyuntiva de acercarse al ensayo académico que podía llegar a un grupo muy reducido de lectores o bien tratar de difundir su obra ante un público lector, amplio, Francisco optó por la segunda opción: la historia novelada, a partir de un meticuloso estudio de la historia que puso al servicio de la literatura.

El autor logró llenar las lagunas que presenta de manera natural la investigación histórica, con la imaginación y la ficción del novelista, pero fue más lejos; no insertó sus historias en un periodo específico del pasado, sino que le dio voz a los propios héroes y villanos, los convirtió en protagonistas de sus novelas. Sin duda, hay rigor en la investigación histórica y licencias en su narración.

Francisco supo acercarse con acierto a los temas incómodos de la historia nacional, a los grandes héroes y temibles villanos. Y señaló con dedo flamígero las lacras políticas y sociales que, a su juicio, han impedido el desarrollo del país y su consolidación.

A lo largo de su vasta obra, aparecen como constantes la corrupción, la impunidad, el autoritarismo, la pobreza, la desigualdad; su aversión profunda hacia la iglesia católica y los vicios que la acompañan desde tiempos inmemoriales; las traiciones de personajes como Santa Anna, el “tirano” Porfirio Díaz, el “chacal” Huerta y la posibilidad de redención si la sociedad de organiza, se une y exige. Su serie México negro (1986), México sediento (1998), México mutilado (2004), México ante Dios (2007) y México acribillado (2008) es un diálogo permanente con México.

Tiempo de arrebatos 

Al igual que sucedió con México negro, la aparición de la serie Arrebatos carnales (tres volúmenes, 2009, 2010 y 2011) revolucionó de nuevo el campo de la historia novelada.

Obra de gran éxito que vendió cientos de miles de ejemplares, provocó una interesante polémica, pues Francisco Martín Moreno entró hasta las alcobas de los protagonistas de la historia y como gran voyerista con buena pluma le entregó a los lectores escenas de pasión y amor para demostrar que el sexo y la patria también conviven.

Al igual que lo hizo en sus anteriores novelas, Francisco investigó cuidadosamente a sus personajes, de tal modo que el sexo y los placeres sensuales fueron sólo el pretexto para contar noveladamente aspectos esenciales de la vida política nacional: el ejercicio del poder, la ambición, la pasión personal, los odios ideológicos, las decisiones al calor de la cama.

Arrebatos carnales fue un primer intento, vía la ficción histórica, de acercar al lector mexicano a una categoría de la historia que lleva mucho tiempo en boga en Europa: la historia de la vida privada.

Historia familiar

Luego del éxito de Arrebatos carnales, Martín Moreno se alejó por un tiempo de la historia mexicana; lo hizo para tomarse un respiro; para recuperar la cordura intelectual luego de confrontar la ficción con la realidad actual que supera a cualquier novela.

Y como suele suceder, decidió sacar a orear el cadáver que toda familia guarda en su clóset. De esa forma, durante varios meses se abocó a la tarea de investigar y reconstruir su propia historia familiar. Así, en 2014 publicó En media hora la muerte, un salto de la historia nacional a la universal desentrañando el pasado de su familia paterna y materna, pero particularmente sus secretos. Su más reciente obra significó un crossover: hoy su novela está siendo traducida a varios idiomas.

Con buen ánimo, indudable amor por México y pasión por la palabra escrita, Francisco Martín Moreno se acerca a los 30 años de novelista –los cumplirá en 2016. Autor polémico, querido por unos y cuestionado por otros       –sobre todo por la Academia–, su aportación sin duda será invaluable: es parte de la generación de autores que le devolvió al lector el placer por la novela histórica.