Concluyen el ciclo de festejos del Año Cortázar

Con irreverencia, nostalgia y divertimento el panel de especialistas mantuvo la imaginación en juego viajando por sus cuentos y con historias en torno a su figura.
Concluyen el ciclo de festejos del Año Cortázar
Concluyen el ciclo de festejos del Año Cortázar (Aneccy Tamez)

Guadalajara

“Es una feliz coincidencia celebrar el centenario del natalicio de Julio Cortázar en la Feria Internacional del Libro, con Argentina como país invitado y en el vigésimo aniversario de la Cátedra Julio Cortázar”, con estas palabras Dulce María Zúñiga, directora de la Cátedra abrió el panel de análisis titulado Centenario del nacimiento de Cortázar y 20 aniversario de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar que rinde honor a sus fundadores: Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, dijo.

Con el paso de 132 catedráticos de 27 países, con 36 conferencias y cien seminarios especializados por donde han atravesado los conocimientos de literatos, políticos, académicos y científicos, mencionaba Zúñiga cuando unos estruendosos tronidos irrumpieron su discurso. Se trataba de un fallo en el micrófono, pudo presentar a los miembros del panel pero no el video que se tenía contemplado.

Por orden alfabético, los ponentes participaron con sus comentarios y narraciones que conmovieron y divirtieron a la audiencia. Carles Álvarez, editor de Cortázar y compañero de trabajo de Aurora Bernárdez abrió el diálogo y advirtió que seguirían sucediendo averías técnicas pues “siempre que hay un acto de Julio Cortázar, sobrevuela y nos boicotea”, ese fue el primero de repetidos episodios que provocaron carcajadas.

Álvarez se dedicó a describir a Aurora Bernárdez, quien fuera la pareja del escritor de “Las instrucciones para subir una escalera”. Con sus narraciones la dibujó en sus actividades cotidianas, y su discurso cumplió con una última voluntad de la mujer, que a los 94 años parecía ser inmortal, dijo. Relató cómo en París iban diariamente al mercado de cosas chinas donde ella dijo a los mercaderes que Carles era su nieto para evitar que pensaran “algo peor”. También, con voz cortada a veces, habló de sus últimos momentos. “Con el álbum fotográfico Cortázar de la A a la Z sostenido en su regazo, suspiró largamente y dijo: ahora si me puedo morir, ya he hecho todo lo que debía”.

Más adelante, Gonzalo Celorio y Eduardo Casar interpretaron un duelo de palabras cortazarianas  en lo que fue un diálogo inentendible para la razón pero entrañable para la imaginación pues revivieron la escritura del autor tan argentino como francés con las cuerdas de su voz.

Celorio, en su oportunidad dijo que el bestiario se le acabó “como si fuera un jabón” y leyó el texto que escribió hace treinta años cuando el cronopio murió. Dividió la historia de su vida “en un antes de JC y después de JC” cuando durante noches de soledad adolescente, descubrió el  amor incodificable y en la metáfora hecha carne, según expresó.

Sergio Ramírez y Marisol Luna también participaron en el homenaje. Eduardo Casar, doctor en lengua hispánica, y presentador del programa de televisión La Dichosa Palabra, deambuló por los Cronopios, los personajes que todos prefieren ser, dijo, y agregó que se confiesa en deuda con Cortázar, “por el juego a la literatura, porque con Rayuela me vi a mi mismo leyendo, esa experiencia de introspección que me dejó transformable y vulnerable”.

El encuentro tomó un espacio de dos horas en el Salón 5 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.