María Kodama se hizo confidente el público: Borges amó la libertad

El Conversatorio fue una charla donde los protagonistas además de la viuda del escritor universal  fueron los miembros del público.
En su momento, María Kodama relató memorias
En su momento, María Kodama relató memorias (Milenio)

Guadalajara

"Borges dice que de los instrumentos humanos, el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. Dos elementos preciosos él quien desde su infancia recorría las bibliotecas de su padre, atesoró versiones de La Ilíada y la Odisea. Una de sus pasiones era releer. Vemos en sus libros la fecha en que lo leyó por primera vez y las fechas posteriores. Su obra surge de la decantación de esas lecturas desde su infancia y hasta el fin de su vida", dijo la que fue su esposa y compañera de viajes, María Kodama quien se volvió confidente del público en el encuentro Jorge Luis Borges: Conversatorio realizado en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

Kodama participó en la mesa de diálogo con el público acompañada por Magdalena Faillce, directora general de asuntos culturales de Argentina, quien expresó ante la audiencia, con la galardonada escritora Nélida Piñón entre ellos, que “la FIL tiene una niña bonita que es la Cátedra Julio Cortazar, pero Borges tenía que tener un lugar importantísimo porque más allá de los gusto personales, yo como licenciada en letras y adorando a Cortazar, entiendo que Borges es el más universal de los escritores, el más traducido a todos los idiomas. Y en la literatura argentina hay un antes y un después de Borges.”

Los asistentes escucharon con sumo respeto la versión más corta de la conferencia que preparó la que fuera pareja de Borges y hacia el final tuvieron oportunidad de compartir comentarios, uno de ellos vino de una lectora con treinta años siguiendo las letras del argentino. "Yo mandé a hacer una playera que dice: si Borges fuera dios, yo sería una querubina", a lo que la viuda del escritor aplaudió con ternura.

En su momento, relató memorias, dijo que recuerda la emoción que sintió al ver las notas que hacía en los libros su amado, en especial las que "habían sido hechas por un muchacho de 16 años". Recorrió su vida juntos a través de su propia mirada, hablando en repetidas ocasiones en presente como si el poeta aún viviera. "En una de sus páginas le llama a Ginebra una de sus patrias, y como él decía, ciertamente, en Suiza nadie conoce el nombre del presidente, y es cierto, por eso amó ese país porque él tiene amor por la libertad".