La vida en libros robados

La cifra mágica de asistentes a la FIL ronda las 700 mil personas, más o menos las que han ingresado los últimos años
Gioconda Belli.
Gioconda Belli. (Paula Vázquez)

Guadalajara

Los números suelen definir el éxito o el fracaso de alguna encomienda. Eso es cierto en casos donde los ingresos económicos, las participaciones y las ventas señalan qué tan bien resultó una acción en particular. Pero no siempre sucede así en el ámbito del arte y la cultura, cuando menos no debería suceder así, más allá de que se vean bien en el documento de entrega de resultados.

La cifra mágica de asistentes a la FIL ronda las 700 mil personas, más o menos las que han ingresado los últimos años, y pareciera que los esfuerzos para llegar a esa cifra se sustentan en los niños y jóvenes que, sobre todo jueves y viernes, acuden a la Expo Guadalajara como si regalaran algo... a lo mejor una buena calificación.

Los autobuses, por docenas, convierten el de por sí complicado tránsito de las calles aledañas al centro de exposiciones en una tortura; las puertas de ingreso de pronto se ven superadas por los cientos de uniformes de distintos colores y grados que están a la espera de entrar a recorrer los pasillos de la feria, los cuales en algunos momentos son imposibles de transitar, a menos que se cuente con la capacidad de sortear los obstáculos como si fuera uno a obtener un premio.

En algunas editoriales prefieren cerrar el paso a sus stands porque llega a saturarse a tal grado que ni pueden ofrecer bien sus obras, ni los mismos visitantes pueden detenerse a hojear algunos de los libros... aunque también desaparecen muchos de ellos, por más que lleguen a contratar hasta unos vigilantes más en esos días.

Robar libros tenía una cierta aura de magia en otros tiempos, aunque en la feria es uno de los problemas más recurrentes de los editores, aun cuando no siempre gusten de hablar de números al respecto. Pero nunca antes –al menos la memoria no lo atrapa- se había dado tanta difusión al robo de ¡80 libros en la FIL!

El jueves fueron detenidos tres sujetos con ese número de ejemplares en sus mochilas, valuados en 18 mil pesos, de a 225 pesos cada uno. Les tomaron imágenes y hasta aparecieron en la televisión como muchos otros delincuentes, asesinos, narcotraficantes.

"Nuestra vida podría contarse a través de los libros robados", escribió hace pocos días Rafael Pérez Gay en su columna de MILENIO Prácticas indecibles, aunque su historia era la de volúmenes sustraídos de bibliotecas. La historia de esos tres chavos ya quedó marcada... en especial por los títulos que llevaban. Por lo menos sabían cuáles sí se venden.

AMOR EN TIEMPOS DE MENOPAUSIA

En 1972 apareció el primer libro de poesía de Gioconda Belli, Grama. Seis años más tarde obtuvo el Premio Casa de las Américas por Línea de fuego y entre 1982 y 1987 se publicaron otros tres poemarios, siendo hasta 1988 cuando se lanzó su primera novela, Mujer habitada.

Se reconoce escritora y en especial es poeta, aun cuando no sea tan difundida su obra poética, sino la novelística. Su novela más reciente lleva por título El intenso calor de la Luna, de ahí que no dejara de llamar la atención el hecho de encontrarse con un salón lleno para escuchar la palabra en verso de la escritora nicaragüense, en una sesión que se convirtió en un recorrido por sus temas literarios, en especial por sus obsesiones.

Poemas que llegaron a producirle problemas en su vida pública y hasta en la privada: "Mi esposo me llegó a decir que no publicara nada sin antes leerlo él", confesó la escritora nicaragüense en una lectura que, al mismo tiempo, se convirtió en una reflexión acerca de las dificultades que enfrentan las mujeres con la creación literaria.

"Mis primeros poemas fueron un escándalo. Cuando llevé mis primeros poemas pensé que me felicitarían por haber salido en un periódico, por ser "como la nueva voz de la poesía nicaragüense, y de repente los veo a todos con caras fúnebres: una tía, que era la más tía de todos, me dijo: 'Cómo es posible que hayas hablado de todas esas cosas'. No había dicho nada que fuera escandaloso, pero realmente fue muy interesante para mí."

Acompañada de su compatriota Sergio Ramírez, la ganadora de los premios Biblioteca Breve y el Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El infinito en la palma, Gioconda Belli es una de esas voces literarias que no esconde su interés por contarse a sí misma y a su género, pero como una protagonista. Y "Como un sujeto sexual, porque la mujer siempre se ha visto como un objeto sexual: hay mucha poesía erótica sobre las mujeres, pero cuando nosotros la escribimos es escandaloso", dice Gioconda Belli, quien a su más reciente novela, "El intenso calor de la Luna", la define como "una historia de amor en tiempos de menopausia.

PARA RECOSTARSE A LEER

La idea es que parezca un jardín donde los libros se aparecen. Hay mesas, bancas, espacios para recostarse entre las publicaciones. Y aun cuando la gente camine con las prisas de quien se ve empujado por el de atrás, hay quienes no desaprovechan la invitación para acomodarse a disfrutar de unos minutos de relajamiento del trajinar por la feria.

Se trata de un centro de lectura instalado por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, que en siete días de actividades ya logró superar las 30 mil visitas, personas que después de recorrer cada uno de los rincones de la feria, se encuentran con la oportunidad de sentarse mientras disfrutan de las diferentes opciones de lectura que se ofrecen dentro de ese espacio de fomento al libro y al hábito de la lectura.

El espacio forma parte de los proyectos del Programa Nacional Salas de Lectura, en el cual se ofrecen alrededor de 600 libros en papel y soporte digital, acervo en lenguas de México, talleres, charlas y demás actividades para todo público.

Charlas y lecturas en voz alta a cargo de autores como Olga Grjasnowa, Martha Riva Palacio, Alejandro Rosas y María Teresa Orozco López, la presentación del libro Lilí nieta, Lulú abuela, de Nacho Casas, así como sesiones de los talleres Encuaderna tus sentidos y Del papel al soporte digital. Pero quizá lo más importante es que apuesta a convertirse en un punto de encuentro entre el libro y los lectores, en especial niños y jóvenes.

El programa Salas de Lectura tiene vínculos con alrededor de 7 millones de personas al año, a través de centros de lectura, pero también de paralibros, librobicis o las salas de lectura, cerca de mil 800 en el país.

Una esquina un tanto olvidada, pero al que siempre agradece uno llegar, en especial después de las horas de recorrido por la feria.