El FCE triunfa, por fin

La carta fuerte del Fondo de Cultura Económica para esta FIL 2014 es un libro que el economista francés Thomas Piketty tardó 15 años en elaborar.
Ariel González, editor de Cultura de Milenio Diario.
Ariel González, editor de Cultura de Milenio Diario. (Archivo Milenio )

Guadalajara

La carta fuerte del Fondo de Cultura Económica para esta FIL 2014 es un libro que el economista francés Thomas Piketty tardó 15 años en elaborar. Es ensalzado como el teórico de la economía más refrescante y audaz de los últimos tiempos. Esto, en una disciplina que ostentándose como científica todavía tiene la esperanza de encontrar fórmulas para el bienestar de la sociedad.

Su obra El capital en el siglo XXI se ha convertido –con un tema no precisamente sencillo de abordar: la desigualdad– en uno de esos bestsellers que todo mundo quiere tener aunque pocos puedan leer. La apuesta del FCE por traerlo en Español es de gran monta. Hacía mucho que este sello editorial, que nació precisamente teniendo como meta llevar la cultura económica (primero, y después también la cultura en general) a los grandes públicos, no daba un campanazo precisamente en su terreno de origen.

Desde Marx, discutir las entrañas del sistema capitalista y de sus perniciosos efectos sociales no ha sido nunca un tema popular, a pesar de que son miles de millones los pobres en este mundo. En “Los profetas de la felicidad”, Alain Minc se preguntaba y respondía: “¿Por qué Marx sigue siendo monumental, pese al fracaso del comunismo? Porque es el único que quiso captar los movimientos indisociables de la sociedad y de la economía y porque no ponía ningún límite a priori a su ejercicio de elucidación de la realidad”.

¿Es Piketty el Marx del siglo XXI? Algunos lo presentan como tal y otros lo ningunean. Es una moda y un vendedor de ilusiones, según unos; es un teórico brillante y un renovador del pensamiento según otros. Lo cierto es que su examen en torno de la desigualdad, o por lo menos sus propuestas y conclusiones (la incompademocracia-capitalismo; la demostración de que la acumulación de capital no ha hecho sino conducir a una creciente desigualdad, de ahí que sea necesario gravar en serio a los más ricos para paliar ésta) son sumamente útiles para provocar a los académicos y poner en la agenda del debate global temas como los elevados impuestos a la riqueza. La apuesta del FCE es oportuna y mueve las quietas aguas de una ciencia social que, como escribe Alain Minc, es a ratos más una religión, y los economistas sus profetas.