Cuatro viajes por la literatura británica

En los próximos días la Feria Internacional del libro de Guadalajara dará inicio y se reafirmará lo siguiente:es imposible reflejar en unas cuantas páginas la riqueza de la literatura británica.
Ilustración: Alejandro Magallanes
Ilustración: Alejandro Magallanes

Si tienen la costumbre de leer los suplementos o las seccionesculturales de los diarios, estimados lectores, en los próximos días, los de la FIL, se encontrarán constantemente con la siguiente afirmación: es imposible reflejar en unas cuantas páginas la riqueza de la literatura británica. Como tantos lugares comunes, este contiene la verdad. Al menos desde la primera Edad Media, los países del Reino Unido han renovado una y otra vez las letras en todos sus géneros grandes y pequeños: el teatro, la poesía, la novela, el cuento y el ensayo, sí, pero también la crónica, el aforismo y todos los entrecruzamientos imaginables entre ellos.

Es una historia similar a la de las literaturas francesa, alemana, italiana, española y, más recientemente, la norteamericana, con una complejidad añadida: con el permiso de la gringa, la británica es tal vez de todas ellas la que hoy ostenta una mayor vitalidad.

¿Cómo ofrecer, pues, un panorama razonable de las letras británicas? En Filias creemos que eso sólo es posible si se cumplen dos requisitos: asumir que la exhaustividad es imposible, es decir, que cualquier recorrido por ese universo inagotable es necesariamente subjetivo y parcial; y, sobre todo, buscar ayuda. Eso hicimos.

Los textos que leerán enseguida ofrecen otros tantos recorridos personales por los cuatro ámbitos mayores de la literatura: la poesía, el ensayo, la dramaturgia y la narrativa. ¿Por qué “personales”? ¿De qué se trata este ejercicio? De mostrarnos cuatro lecturas particularísimas de la tradición británica, cuatro lecturas de escritores. Las escriben otros tantos amigos de Filias, porque todo suplemento es también un diálogo entre amigos que deben cumplir con un requisito: escribir como dios manda. Y vaya que éstos saben.

Julio Trujillo, notable poeta, ensayista, traductor del inglés y editor, nos propone uno de los varios caminos que podemos seguir como lectores en la extraordinaria tradición de la poesía británica de las últimas décadas. Si leen con atención, notarán que su texto es, además, un breve y discreto manual para leer poesía. Cualquier poesía. Como sin querer, nos enseña a poner los ojos y la mente donde es debido.

Laura Emilia Pacheco, narradora, ensayista, también traductora y editora, enfrenta el reto de repasar el ensayo británico. Y lo supera, asimismo, con creces. De nuevo,  lean con calma. Encontrarán, entre otras  cosas, una reflexión sobre el arte mismo  del ensayo y sus posibilidades en el mundo  actual, el de las redes sociales.

No menos sugerente es la propuesta del director y crítico teatral Antonio Castro, que nos ofrece su top ten de dramaturgos británicos contemporáneos. Amén de un director prolífico y exitoso, Castro ha sido siempre un lector agudo y lúcido. Esas virtudes están aquí a plenitud. Y falta que hacían. No es necesario abundar en la antigua solidez del teatro de aquellas tierras, lugar común dentro del lugar común, o sea, verdad dentro de la verdad.

Cierra la lista un viejo, entrañable colaborador de Milenio, cuentista, novelista, tercer ensayista y traductor de esta nómina: Jorge F. Hernández, que también navega en aguas profundas. La narrativa de las islas goza de un éxito arrollador en muchos idiomas desde que, hacia fines de los 80 o inicios de los 90, se lanzó a la conquista con una serie de jóvenes sobrerrevolucionados a la cabeza: Martin Amis, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro, Ian McEwan, Hanif Kureishi. Lector compulsivo pero sobre todo perspicaz, Jorge F. Hernández nos recuerda que esa generación tiene antecedentes y seguidores.

Bienvenidos, pues, a las islas. Disfruten el viaje.