Juan Bonilla, ganador de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

"Los cien mil dólares son importantes pero el verdadero premio es que la novela tenga un recorrido que hoy ya no suelen tener los libros".
El escritor español Juan Bonilla, fue ganador del Primer Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra Prohibido entrar sin pantalones
El escritor español Juan Bonilla, fue ganador del Primer Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra Prohibido entrar sin pantalones (Alejandra Ramírez)

Guadalajara

El escritor español Juan Bonilla, ganador del Primer Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra Prohibido entrar sin pantalones comparte comentarios sobre uno de sus libros con mayor tránsito hasta ahora. Ganador también del Premio Biblioteca con la obra Los príncipes nubios (2003), el escritor nacido en Cádiz, España en 1966 espera hacer una pausa en Colombia luego de dos años de ajetreo editorial.

El premio de novela Vargas Llosa ese sin duda de los más relevantes en la literatura, por si fuera poco lo recibiste de manos del consagrado escritor, y además fuiste el presentador de un libro del afamado Claudio Magris en la presente Feria Internacional del Libro ¿cómo te hace sentir eso?

Tengo la sensación de que alguien se equivoca, son escritores a los que admiro así que con el hecho de que me dejen estar cerca de ellos me parece un gran regalo que te hace la vida. No sólo el hecho de que Vargas Llosa me entregara un premio que lleva su nombre y no sólo eso, sino que además escribiera un artículo maravilloso donde dijo que el personaje fascinante de la novela es el narrador, eso nadie lo había detectado, demuestra por demás que es un gran lector.

A cerca del título de la novela, para quien no lo ha leído ¿qué puedes comentar?

Prohibido entrar sin pantalones a la Ciudad de México, ese era el cartel original que vio el  protagonista Vladimir Maiakovski, seguramente había mucha gente en los años 20 que entraba sin pantalones porque de otra manera no hubieran puesto ese cartel.  El lugar de la poesía ya no era en los libros sino en los carteles, ya no era el tiempo en que la poesía había que leerla en voz baja y para cada uno en lo suyo sino que había que recitarla y que el mejor lugar eran los carteles.

La crítica internacional resalta la narrativa y la variedad de escenarios donde se encuentra el poeta ruso Vladimir Maiakovski como Nueva York, Londres, París, Moscú y México

Mi obra retrata un estilo, reflejara el tono de la velocidad de la vanguardia, y un poco del jazz de los años 20. Refleja una época de vértigo, una era volcánica de mucha rapidez. Nunca quise hacer una biografía de Maiakovski sino retratar todos sus impulsos, necesitaba hacer un estilo que lo reflejara.

¿Qué rumbo ha tomado la novela a partir de que recibió el premio?

Mi novela había salido en 2013, pero el premio permitió que se haya reeditado cinco veces en México, Colombia, Argentina, Chile, Perú y será traducida al francés y al italiano el próximo año.

Los cien mil dólares son importantes pero el verdadero premio es que la novela tenga un recorrido que hoy ya no suelen tener los libros. Si yo pienso que entregué la novela en 2012 y que todavía faltan traducciones en 2015, estoy hablando de un recorrido grandísimo.

¿Qué rumbo toma tu vida de escritor? Ahora que has entrado en una dinámica acelerada de promoción y los grandes alcances editoriales se traducen en una gran carga de trabajo y viajes.

Es curioso pero una parte del proceso es penoso El hecho de que el libro necesita de la presencia del autor, lo que significa que cuando muera el escritor no lo va a leer nadie. Efectivamente el negocio editorial requiere de la presencia del autor que acompañe a su libro.

Lo que me apetece ahora es encerrarme en Colombia donde pretendo hacer una pausa antes de continuar la gira de la novela. No soy un escritor metódico que escribe una obra cada año, ni me da ese impulso. Pasaron diez años después de mi última novela y sé que lo fundamental es la fascinación, así nació esta obra. Es como pisar fuerte en el trampolín para dar el salto pero si no encuentras ese trampolín ni siquiera intentes brincar.