Editando a Gabo

Aunque este año ya no está Gabo, su editora dice que quizá ahora lo lean más que nunca.
Doris Bravo.
Doris Bravo. (César Álvarez)

Guadalajara

Esta es la primera vez en muchos años que Doris Bravo no paseará con Gabriel García Márquez por los pasillos de la FIL.

“Le gustaba recorrer los pasillos y firmar libros”, dice su editora en México.

Aunque este año ya no está Gabo, su editora dice que quizá ahora lo lean más que nunca.  Su muerte, en abril, despertó el interés de muchos jóvenes por leer su obra y de muchos adultos por releerlo.

Para ella “publicar un premio Nobel es lo máximo que le puede pasar a un editor”. Haber sido la editora de Gabo es su gran orgullo.

Editar al Nóbel era fácil. Su pluma era casi perfecta. Las correcciones a sus textos mínimas. “Los textos llegaban listos, revisados. A veces solo con alguna duda de fecha o algo, pero listos ya para formarlos tipográficamente”, cuenta.

Bravo conoció a García Márquez por el escritor Álvaro Mutis. Para entonces ya había ganado el Premio Nobel Tres años después Diana se convirtió en su editorial y Doris en su editora.

“Me lo presentó Álvaro Mutis y la verdad me quedé muda del asombro, de la impresión y de la emoción de conocerlo en persona. En editorial Diana ya teníamos Crónica de una muerte anunciada y El olor de la guayaba. A partir de ahí tardamos un año más en que nos volvimos oficialmente los editores de García Márquez. La primera obra que nos llegó fue el Amor en tiempos del cólera en el 85”, cuenta.

El oficio de escritor no podría haber sido mejor descrito que por él. Su editora recuerda así las palabras con las que en un discurso en Colombia contó cómo ser un buen escritor. “Decía que el escritor, y que él personalmente, todos los días de su vida se levantaba, se arreglaba y se sentaba frente a la hoja en blanco y con las 28 letras del alfabeto”.