Magris se encontró de frente a las inquietudes de jóvenes tapatíos

El periodista español Juan Cruz moderó el diálogo con los jóvenes que se acercaron a la ponencia Mil Jóvenes.
Claudio Magris (izq) charló con los jovenes que abarrotaron el salón
Claudio Magris (izq) charló con los jovenes que abarrotaron el salón (Nacho Reyes)

Guadalajara

Al italiano de ojos verdes y profundos Claudio Magris le gusta encontrarse con amigos y andar a las librerías con ellos, tomar café y vacilar, pero si le piden elegir lo que más disfruta hacer, dirá que es tirarse en el mar. Esta fue la última pregunta que respondió en un diálogo titulado Mil jóvenes en el tercer día de actividades de la Feria Internacional del Libro que tiene lugar en Guadalajara.

Frente al recurrente cuestionamiento de los estudiantes de preparatoria y universitarios relacionado a la violencia que sucede en México, dijo que hay que tener un corazón caliente de pasión por estas situaciones y la cabeza fría para saber que no basta el generoso entusiasmo y ser lúcidos ante las posibilidades de quitar las causas del conflicto, como la miseria en medio oriente.

A cerca de su inspiración, está convencido de que la realidad es más fantástica o bizarra que la ficción. "Si piensan lo que pasa alrededor, lo que leemos, la realidad es tan rica de cosas bonitas y horribles, que desafían la inventiva de cualquier autor. Quedo fascinado por la realidad y no sólo de los grandes procesos sociales sino de las personas. La gente que verdaderamente ha vivido que se ha enamorado, enfermado, envejecido, muerto me interesa mucho más que los imaginarios", explicó.

Así también hablo de su libro El Danubio, de los viajes que realizó para escribirlo y comparó el ejercicio de escribir a deambular como un sabueso que busca mientras camina "es más casual", dijo y más adelante recurrió a otra analogía para hablar de la fase precisa, rígida y cuidadosa que es escribir, "es como si nos avientan una bola de nieve y uno voltea para ver quien la lanzó" mientras los receptores de sus historias atendían con la mirada perdida, como si imaginaran sus narraciones.

En todo momento de la charla, que fue presentada por el periodista Juan Cruz, entabló una conexión con los estudiantes, contó cuando él estaba en la escuela y le preguntaron cuál es la ciudad donde más llueve, mientras su compañero le soplaba una respuesta inentendible y del pescador que encontraba algún placer en sacar cadáveres humanos de un rio. Frente a horrores, matanzas e injusticias acotó que "lo que importa es que haya pruebas de indignación, no sólo en México o en Tlatelolco si no en cualquier lugar del mundo, hay que gritar por lo menos un no a tanta sangre. Por ejemplo en Italia ante la mafia, un comerciante que dijo no, lo mataron. El problema es cómo podemos evitar que al tener una reacción de dignidad, uno tenga que morir".

Aunque hubiesen sido mil jóvenes los que se reunieron en torno al auditorio Juan Rulfo, solamente la mitad hubiesen entendido lo que Magris contó considerando que el público no hablara el idioma, pues se repartieron quinientos aparatos auditivos que permitía escuchar el diálogo bilingüe con la traducción en vivo. Su italiano dulce y rítmico entretuvo al público que no alcanzó dispositivo pero que permaneció atento como si entendiera las amenas narraciones que propinó el académico.