Brasil también vino a la FIL

Hablando de literatura, Brasil también es un buen destino.

Guadalajara

Destinación Brasil es el nombre de la tercera edición de la participación de las letras brasileñas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Para un escritor brasileño, lograr que uno de sus libros se traduzca y publique en español representa un salto importante para que el mundo conozca su trabajo. Así lo describe el escritor Gustavo Pacheco, agregado cultural de la embajada de Brasil, quien explica que los escritores de su país, de todas las generaciones, vivieron experiencias históricas muy distintas que se reflejan en su literatura.

La inmensidad de Brasil hace que los escritores de tengan diferentes tradiciones, por lo que “no hay una sola literatura de Brasil, hay varias”. Los escritores de Brasil no quieren que se les vea como brasileños, sino como autores. Es por eso que cuando sus textos son publicados en otros idiomas adquieren mayor importancia.

En esta edición de la FIL, son 12 los brasileños que vinieron para hablar de su obra. Entre ellos están Raimundo Carrero, originario del noreste, del departamento de Pernambuco, donde han ocurrido movimientos culturales sumamente interesantes. Mi alma es hermana de dios es la obra de Carrero que logró la traducción al español y fue publicada en Uruguay. Carrero destaca de la literatura de su país el regionalismo relacionado con el contenido. Su recomendación para los lectores es que “la literatura no se lee con los ojos, sino con el alma. La literatura es la belleza, no por las palabras”.

Otro que está presente en la FIL es Altair Martins, un escritor de nueva generación que cuando tenía 19 años ganó su primer concurso internacional de cuentos y que también ya fue galardonado con el Premio Sao Paulo de Literatura, uno de los más importantes de su país. Su libro que ya trascendió la barrera del idioma y fue traducido al español es La pared y la oscuridad.

Martins cuenta que no creció entre libros, pero que los buscó y así comenzó a escribir. Es originario del sur. Recuerda que entre sus tradiciones gauchas están el mate, la carne de buey y de vaca.

“Hay que dividirse como escritor”, dice al recordar que su primer libro fue un poema que inventó de niño con las historias que su mamá inventaba. En aquella ocasión fotocopió la historia de un loro que la maestra colgó al lado de las historias del resto de sus compañeros. “Nunca me leyeron tanto, ni me sentí tan escritor como esa vez”, dice.

A la FIL también vinieron escritoras brasileñas. Una de ellas es Tércia Montenegro. Dice que su ciudad está en el noreste de Brasil. “En mi región se come pescado y agua de coco”, señala al insistir que viene de un país diverso que tiene múltiples facetas tanto culinarias como en la manera de hablar, sus modismos y personas.

Cuenta que se convirtió en escritora porque su entretenimiento favorito siempre fue leer. Comenzó a escribir “al sentir que recibía tantas cosas, tantas palabras de tantos libros, que empecé con cuentos que se volvieron más largos”. El próximo año lanzará su primera novela.

Hablando de literatura, Brasil también es un buen destino.