Adiós a todo esto

Hay cosas que pasan en la FIL que suenan inverosímiles… y lo son.
Sixto Valencia.
Sixto Valencia. (EFE)

Guadalajara

Hay cosas que pasan en la FIL que suenan inverosímiles… y lo son. Invenciones para atrapar al lector mientras recorre los stands de la feria a la caza de alguna novedad, o quizá de un título ya viejo pero que tiene posibilidades de encontrar en la oferta de las casas editoriales, muy pocas veces vista a lo largo del año en forma tan total. Esa es una de las grandes características de todo encuentro editorial: como pocas veces, los ejemplares salen del encierro de las bodegas, a donde son mandados casi como fierros viejos porque algún otro título llegó a ocupar su lugar en las mesas de novedades, con toda la soberbia de quien se sabe el joven, el del espíritu brioso que en esos días recibe todo el apoyo de sus padres, las editoriales, mientras el otro ya se muestra consciente de que debe ocupar su lugar en un rincón, casi siempre olvidado, de toda librería.

Así son las historias de todos los libros. La última cifra de títulos publicados en México en 2013, alrededor de 30 mil, hace imposible la permanencia de los libros en las librerías. Se vuelven productos desechables: unos cuantos venden y los demás a esperar alguna otra oportunidad, sobre todo cuando ese ejemplar que adquirimos en su primera edición o en una edición rara se nos va de las manos de una manera tan rara que se debe crear toda una fantasía para, al menos, no dejar que la culpa nos siga hasta el final de nuestros días.

El final ya llegó a la edición 28 de la FIL, donde Argentina buscó apropiarse de cada uno de los espacios del programa literario y editorial, pero siempre con el inconveniente de que muchos de los autores argentinos son ya visitantes asiduos de nuestro país.

Se les ve una, dos o tres veces al año. Incluso hubo algunos que llegaron a venir apenas unas semanas antes de la inauguración de la feria, se regresaron a su país y de nueva cuenta a viajar esas 12 horas en avión para cumplir sus compromisos de difusión con las editoriales.

Son nueve días de intensa actividad que llegan a su fin. Es casi momento de las despedidas con amigos a quienes sólo se les ve una ocasión cada año, en estas fechas, pero también tiempo de mirar hacia 2015, con el Reino Unido como país invitado, con la riqueza y diversidad de su cultura y de su lengua, en especial de su literatura.

Algunos nombres de quienes acaso vengan seguro ya los conocerán para cuando lean ésta página. Ojalá estén los de Julian Barnes, Martin Amis, Ian McEwan, John Carlin, Susan Cooper, Zadie Smith, J. K. Rowling, de quien se dice en radio pasillo que ya fue invitada y que por lo menos no ha rechazado la posibilidad de asistir, para los seguidores del aprendiz de mago.

Cuando en el altavoz de la Expo Guadalajara se empiece a escuchar la invitación a desalojar el espacio, comenzará otra historia, la de las decenas de tráileres que estarán haciendo fila para llevarse los libros, la de desmontar los escenarios y los stands. Se acaba la FIL y, para muchos, la añoranza de estar en la siguiente edición. Pero al final todos tenemos un poco de masoquistas.

***

A Sixto le cae La Catrina

Hace casi medio siglo se cruzó en su camino y no lo dejó ir: se convirtió en otros de sus hijos y se propuso defenderlo. Y hasta ahora. Memín Pinguín es para don Sixto Valencia más que un personaje de historieta: se convirtió en parte de su vida y en la figura que le ha permitido recibir tanto momentos felices como dolorosos.

“Indiscutiblemente, Memín es uno de los personajes que más satisfacciones me ha dado como artista y también el que más frentazos me ha hecho dar. Con esto me refiero a que he tenido que luchar mucho tiempo por el reconocimiento de mis títulos de derecho de autor. Después tanto esfuerzo, he logrado que la imagen gráfica de Memín sea legalmente declarada de mi propiedad.”

Para celebrarlo, el dibujante recibió el Homenaje de Caricatura La Catrina, uno de los reconocimientos que se otorgan en el contexto de la FIL, con el cual al mismo tiempo se pone en valor las aportaciones de Posada.

En la ceremonia, Sixto Valencia recordó los diferentes intentos de su familia por desviarlo de la profesión. Pero nada pudo alejarlo del papel, los lápices y los pinceles, una tarea que le apasionó y le sigue apasionando: “A lo largo de estos años siempre trabajé con el objeto de hacer bien las cosas. Nunca ha sido mi intención trabajar para ser reconocido y premiado. Pero cuando llega este momento, ¡qué bien se siente, verdad de Dios!”

“No quiero despedirme sin antes decirles que me siento muy halagado y satisfecho cada vez que una persona se acerca a mí diciendo ‘Aprendí a leer porque quería saber qué decían tus monitos’. Me honra decirles que he sido un promotor de la lectura en este país y en otros países de América Latina”, confesó el dibujante, quien con los guiones de Yolanda Vargas Dulché estableció una relación de trabajo entre las más exitosas en la historia del género.

A sus 80 años, Sixto Valencia Burgos sólo espera que el fin de su existencia no le sorprenda sin terminar un par de proyectos, “pero si está escrito me daré por bien servido si algún día me recuerdan como un dibujante que brindó su arte para el sano entretenimiento de las familias de varias generaciones”.

***

De retornos y  lanzamientos de la feria

En 1985, apareció en la editorial Cal y Arena una de las novelas más representativas en la bibliografía de Héctor Aguilar Camín, Morir en el golfo. Seis años más tarde llegó La guerra de Galio y en 1998 se publicó Un soplo en el río; tres obras que también contribuyeron a la consolidación del sello independiente mexicano.

Como parte de las actividades conmemorativas por su 25 aniversario, la casa editora recupera, por decirlo de alguna manera, las primeras novelas del historiador, escritor y periodista, las cuales fueron presentadas ayer en una conversación que sostuvo con Rafael Pérez Gay, director de Cal y Arena, lo que de alguna manera se convirtió en el retorno del hijo pródigo… si bien Héctor Aguilar Camín nunca ha dejado de estar cerca de la editorial, su otra casa.

Desde hace cuatro años, la brasserie Lipp México continúa la tradición de su versión francesa a través del Premio Lipp de Novela, una convocatoria dirigida a editoriales que publican regularmente libros de narrativa, y que aprovechó su presencia en la FIL  para hacer un lanzamiento con bombo y platillo, con la asistencia del jurado, presidido por Xavier Velasco: Cristina Rivera Garza, Alberto Chimal, Mónica Lavín, Eduardo Antonio Parra, Beatriz Rivas, Rafael Pérez Gay, Silvia Molina y Mariana Osorio Gumá, ganadora de la edición de 2013.

La FIL es un encuentro editorial que busca ser aprovechado de distintas maneras no sólo para las novedades, sino para los regresos y cualquier proyecto que esté vinculado con la industria editorial y la lectura.