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Clifden y el tributo al Batallón de San Patricio

Por Hernán Ramos Cobo

Los primos Ramos en su noveno día llegaron a este lugar, encontrándose con la historia y la deserción de ex militares cansados del ejército de Estados Unidos.
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El viaje de los primos Ramos aún no termina. Los tres laguneros continúan su rodada por Irlanda.

En esta ocasión llegaron a un batallón de guerra, donde convivieron con integrantes de la milicia, haciendo honor a los inmigrantes europeos que alguna vez lucharon contra la invasión de Estados Unidos a México.

Día en en Clifden

Que no se vayan al fondo del recuerdo las memorias de un viaje que ya se ha quedado atrás. Ya casi es septiembre pero quiero recordar que amanecimos un día en Clifden, en un departamento en el segundo piso de la calle central y nos sorprendió mucho que la marea había bajado un resto, haciendo ver como apenas un charco la entrada de mar que un día antes lucía titánica. 

El día en que mi primo David se dio en la mandarina, despertamos con el deseo de recorrer el Sky Road, un recorrido de 30 km aproximadamente que te lleva al oeste de Clifden.


En un camino de colina sobre mar donde te lleva la brisa, rodando por caminos de mar y acantilados, piedras, islotes y el agua, siempre el agua atlántica, te lleva de la mano hasta las esquinas más occipitales (yo creo que desde que aprendí esta palabra no la había utilizado nunca más). 

En la última esquina, faltando 100 metros para el hotel, una leve grava toma por sorpresa a David y a sus llantas, y lo hace patinar sabroso por el gris asfalto del Sky Road. Se lleva el joven un buen golpe en el codo pero de eso les contará el mañana. 

El Batallón de San Patricio fue uno de guerra integrado por migrantes con experiencia militar, quienes habían llegado a Estados Unidos buscando el sueño americano. Nomás tocaron tierra gabacha, se enlistaron en la mili. 

Los compas eran en su mayoría irlandeses y católicos, comandados por un carnal llamado John Patrick Riley. No vaya usted a creer amable lector, pero los integrantes de este batallón se cansaron de estar tragando manure del ejército de Estados Unidos. No compartían ni religión, ni nada. 

"Encontraron de inmediato la injusticia en la causa yankee, llena de atrocidad en tierras mexicanas, y decidieron desertar".


Se unieron a la causa mexa. Se sumaron a las filas del enemigo. Fueron parte del ejército Mexicano y defendieron estoicamente la ciudad de Monterrey. Pelearon cuerpo a cuerpo, cara a cara, con legiones de infantería a quienes les hicieron ver su suerte. Fueron el forastero que se funde en las faldas de las mujeres que seguían a todo espíritu del bien, transitando a través de las tinieblas. Tuvieron familias. Fueron fusilados. 

Es la única ocasión en la que a Estados Unidos se le ha formado toda una unidad militar enemiga, a partir de desertores de guerra. Así de profundo es el arrastre de nuestra tierra amigos. 

Hoy en Clifden se les rinde tributo.


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