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Martes , 23.10.2018 / 14:10 Hoy

Torreón de gala por la visita de Gustavo Espinosa Mireles

El joven Gobernador de Coahuila, de tan solo 26 años, llegó a La Laguna, donde más de 6 mil personas lo esperaban. Se hospedó en el hotel Salvador, una de las construcciones más hermosas de la ciudad.

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Nos pusimos muy guapos en La Opinión en la edición del 19 de septiembre de 1918, porque por fin llegó el gobernador de Coahuila, don Gustavo Espinosa Mireles, que por cierto, tenía 26 años, un jovencísimo gobernante.

Se juntaron unas 6 mil personas para verlo llegar en la estación del ferrocarril. De todas las clases sociales, pero al gober le tenían preparado su agasajo en las casas de las clases privilegiadas.[OBJECT]

Eso sí, primero llegó con los obreros, luego con políticos, en escuelas, le hicieron un desfile en la calle y acabó en el hotel Salvador, una de las construcciones más hermosas de la ciudad, que por fortuna aún sigue en pie y ojalá no se les ocurra quitarla.

Hubo también una cena muy fina, en donde el vate Marcelino Dávalos, que además era el secretario y acompañante de don Gustavo, se aventó unas sentimentales declamaciones de corte nacional. Muy suave la fiesta.

Y el gobernador se quedó en el Salvador, para permanecer un tiempo despachando asuntos de interés público.

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Quizás también para que el gobernador tuviera buenas, mejores lecturas en su estancia, La Opinión publicó una selección literaria con textos de Leopoldo Lugonés, José Santos Chocano y Rubén Darío entre otros.

Y el gober muy bien, pero aprovechando el viaje, los redactores de nuestro diario denunciaban que afectaba al ornato citadino, un grupo de apestosos barrancones donde vivía una corte de los milagros. Ahí por la Alianza, lugar donde además, se juntaban los guapos del barrio. Ajas.

También había una queja de que por la Juárez, cerca de una cantina llamada "Los Laureles", donde tenían vasos de vidrio azul, había mujeres de la mala vida, que aparte, eran clandestinas. Pos estas.

Hasta los hoteleros se quejaban de ellas, porque decían que cuando llegaban ya tardecillo con cliente y no les daban cuarto, las suripantas arremetían contra los santos varones dependientes de los hoteles, haciéndolos blanco de soeces palabras.[OBJECT]

Brasil les quitaba a las compañías de seguros alemanas que operaban ahí, todas las licencias. Nada más porque eran alemanes.

A Francia le salió el demonio y una nota oficial que fue descubierta por azar, decía: "Los germanos deben ser destrozados..." y otras linduras.

JFR

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