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Lunes , 25.06.2018 / 01:12 Hoy

Romper después de siete años juntos

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Milenio Digital

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Todo comenzó en diciembre del 2013, cuando noté que María estaba distante conmigo y planeaba ir en diciembre a ver a su familia que está a más de 2500 kilómetros de la Ciudad de México, en San Luis Río Colorado, Sonora. Y así fue, María pasó la Navidad y Año Nuevo allá. Se veía feliz en las fotos que subió en Facebook con sus amigos, toda una generación de personas que se conocen desde muy pequeños.

Llegó la Navidad y la Noche Buena la pasé con familiares en Cuernavaca. Le marqué a María a media noche para darle una sencilla y breve felicitación. Ni el cálido clima primaveral del lugar hizo que el hielo de la conversación se derritiera. Posteriormente, llego Año Nuevo y sucedió lo mismo, una felicitación seca y nada más.

María regresó al DF el 2 de enero. Me levanté temprano y fui por ella al aeropuerto. Llegó cansada del viaje de 2 horas y media, me recibió con un beso forzado y un abrazo, más calido de mí para ella que de ella para mí. Recogí sus cosas y nos dirigimos al estacionamiento, partimos para el departamento.

Poco tiempo después, ya en casa, le ayudé con sus maletas… y lo soltó: “ya no quiero andar contigo”. Me dio unas camisas y unos caramelos que me trajo de su tierra. Sentí un vacío interno e inmediatamente fui a empacar mis cosas, todo lo que tenía en su departamento: libros, revistas, ropa y más ropa.

Ya no me sentía bien. Decidí dar el paso y alejarme de ella después de más siete años de vivir juntos.

En el instante que empacaba, mientras me inclinaba para recoger unas cosas, ella me detuvo con su mano en mi hombro, pero yo ya había decidido. Ella estaba preocupada por arreglarse, ya que entraba a las nueve de la mañana a trabajar.

Todo el día en el departamento empaqué y organice mis cosas, yo no quería ser tratado como ella lo hacía. Ya no me sentía a gusto, creo era lo mejor.

Ya por la tarde, había dejado el departamento sin olvidar nada. Mi carro parecía un local de baratijas, ropa, libros, trajes, todo.

Ese día todo había terminado e iniciaba otra época para mí. María me envió un correo expresando como se sentía y que era lo que quería. Me habló de sus padres, ya grandes, y de los cambios en su casa con una hermana recién casada que salía del nido y que ella quería ocupar para no dejarlo vacío.

Ahora sé que se siente tener al ser amado lejos de ti, cuando el día es caluroso con un sol intenso, pero parece no tener temperatura o cuando la comida no logra tener el sabor acostumbrado.

*El autor de este texto tiene 38 años y es empleado.

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