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Postal desde Hakuba, Japón

Casa de Finn Juhl es un nuevo hotel boutique venerado por los japoneses.

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Llegamos a Hakuba en el Shinano Express con una multitud de jubilados japoneses listos para ir de excursión. Afortunadamente, está claro con quién nos vamos a reunir. Sebastian Larsen -alto, con cabello castaño, peinado hacia atrás- se ve parecido al más grande de los hijos Von Trapp, aunque lleva unos lentes Ray-Ban. Hakuba es una estación de esquí funcional, justo al oeste de la ciudad de Nagano.

Pero no estamos aquí para esquiar. Sebastian nos llevará a la Casa de Finn Juhl, un nuevo hotel boutique que, de manera un tanto incongruente en una ciudad más conocida por albergar los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998, está dedicado al célebre diseñador de muebles danés Finn Juhl (1912-89), quien se encuentra junto con Hans Wegner y Arne Jacobsen en el panteón de los diseñadores daneses de mediados de siglo, pero a él es al que los japoneses veneran más.

“Los japoneses adoran tanto a Finn Juhl que cuando se hospedan en el hotel, piden un permiso especial para sentarse en las sillas”, dice Sebastian mientras pasamos por las tiendas de equipo y ropa para esquiar y un autobús estadounidense convertido en food truck vende hamburguesas a los turistas.

Sebastian es el hijo de 18 años del jefe de producción de Onecollection, una compañía danesa de muebles propietaria de los derechos únicos de fabricación de los diseños de Juhl. Es su año sabático y es anfitrión del chalet para la temporada.

Entonces, ¿cómo terminó este templo del diseño danés en los Alpes japoneses? La historia es en parte un tributo al shokunin japonés, el dominio de una habilidad artesanal. En 1998, la viuda de Finn Juhl solicitó a Onecollection, propiedad de los amigos Ivan Hansen y Henrik Sorensen, que hicieran una edición única de un sofá escultórico conocido como Model 57 para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de su esposo. Quedó tan complacida con él, que permitió que el par revisara el archivo de Juhl y comenzara a fabricar piezas selectas.

La dificultad se produjo al momento de encontrar artesanos lo suficientemente rigurosos para hacer a mano los marcos de madera. Mientras que el 57 es una pieza tapizada, con marco de metal, las sillas más conocidas de Juhl, las 45 y Chieftain, están talladas en madera y cuero, con curvas precisas para que un cuerpo se deslice como un guante.

  • Silla 45.

  • Silla Chieftain.

Hansen y Sorensen supieron que un fabricante de muebles en el noreste de Japón, la Asahi Sofu Corporation, tenía las habilidades que necesitaban. Su fundador comparó el trabajo artesanal de los muebles daneses con la delicadeza de las katanas japonesas.

En un viaje para visitar el piso de producción (sobre el cual colgaron dos retratos de Finn Juhl), Motoharu Okazaki, el jefe de mercadotecnia en Japón, llevó a Hansen y Sorensen a Hakuba. Allí, en un momento impulsivo, el par decidió comprar un hotel deteriorado como casa de vacaciones para amigos. Una buena revisión a los alrededores les dio otra idea: crear un hotel lleno de diseños de Finn Juhl. Después de un año de renovación, la Casa de Finn Juhl abrió sus puertas en diciembre de 2016.

Cuando llegamos, descubrimos que, al estar fuera de las principales temporadas de esquí y de verano, éramos los únicos huéspedes. El interior de la casa se siente como una sala de exposición, silenciosa, de paredes blancas, cuidadosamente curada. Lo recorrimos de puntitas usando unas chanclas de Georg Jensen (proveedor de telas para la reina de Dinamarca); pasamos las manos por los brazos de la silla de teca, y abrimos cajones y armarios solo por la satisfacción de volver a cerrarlos para dejarlos en su lugar. El trabajo artesanal es impresionante.

Más tarde, nos aventuramos a subir por la montaña para dar un paseo cuesta abajo por la pista de esquí alpino de 1998. Es un trabajo duro para las rodillas, pero nos permite sopesar sobre las arrugadas colinas arrugadas que hay debajo. A nuestro regreso llegó Okazaki, quien prefiere que le llamen “Harry”. Es copropietario del hotel junto con Hansen y Sorensen, y sugiere que vayamos a su lugar favorito para comer sashimi de carne de caballo y sake de Hakuban.

Mientras tratamos de tomar la resbaladiza carne con los palitos chinos, nos dice que el hotel podría ser el único en el mundo dedicado a un solo diseñador. Y si bien puede parecer una sala de exposición por ahora, en cuanto más se use el mobiliario, se convertirá cada vez más en una verdadera “casa”.

De vuelta en el bar en el sótano del hotel, sentado en una de las sillas de comedor 109 de Juhl y bebiendo vino de Domaine Sogga, de 150 años de la cercana ciudad de Obuse, Harry explica por qué Finn Juhl y Japón encajan perfectamente. “El diseño japonés es muy similar a Dinamarca: sencillo, hermoso y funcional. Pero, de todos modos, solamente en Japón puedes producir 100 sillas hechas a mano”.

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