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Miércoles , 21.11.2018 / 06:26 Hoy

Más allá de los Olímpicos: Bailar samba en Río

Este ritmo tradicional brasileño está festejando sus 100 años en pleno fervor olímpico y en medio de una grave crisis política y económica

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Esa noche el equipo Palmeiras le ganó al Curitiba y el Gremio al Santa Cruz. En Brasil el futbol es ubicuo y las pantallas están siempre prendidas, en cada bar, restaurante o cafetería. Pero ahí, en el Bar da Boa, en el barrio bohemio de Lapa, nadie veía las pantallas. Lo que se imponía era escuchar el sonido del grupo que cantaba samba sin descanso. Es una de las cosas que uno aprende de forma instantánea al adentrase en los bares de samba: cuando la música suena, no hay fuerza que la detenga.

Afuera todavía es de día y el bar ya está abarrotado, así que otra lección es llegar temprano para obtener una buena mesa cerca de los músicos. La sola contemplación de éstos es una experiencia. Así como el contacto con la gente que asiste a bailar después de trabajar en las fábricas o las oficinas. Aquí es donde se da el contacto vivo con el pueblo carioca, en donde se unifican todas las clases y las razas, desde blancos hasta asiáticos y, por supuesto, la comunidad negra en todo su esplendor cultural.

Las modalidades de samba son muchas, pero se impone una denominada forró (pronúnciese fogó), en la cual la mujer hace movimientos que se asemejan a los del tango. Aunque, claro, aquí se trata de mover además las caderas y a un ritmo por demás vertiginoso. La observación de éstos bailarines adquiere, de pronto, visos hipnóticos, y el lugar se transforma así en un lugar sagrado, fuera del mundo. Y no paran las sorpresas: aunque uno no sepa bailar samba, no hay manera de evitarlo: primero en la propia mesa y después entregado al ambiente, embriagado de fiesta, unido a todos en el ritual.

Las mesas están tan pegadas que puedes platicar con la pareja de al lado, o el grupo de amigos de enfrente. No hay gente más amigable que un carioca, piensa uno, y no le falta verdad. Aquí todos se comparten todo: desde el pandero con la bandera brasileña hasta la compañera de baile, la sonrisa y los abrazos. La tradicional bonhomía del brasileño se manifiesta en toda su expresión. La música ha logrado su alquimia. Solo hay que moverse y ser parte de esta forma particularmente bella de la dicha colectiva…[OBJECT]


CIEN AÑOS DE SAMBA

Hoy que Río está a horas de celebrar los Juegos Olímpicos, cuando se esperan cientos de miles de turistas, el lugar adonde hay que peregrinar (si es posible cada noche) es Lapa, este barrio del siglo XVIII que se ha convertido para algunos en el Montmartre carioca. Aquí abundan los lugares para escuchar samba en vivo y, por supuesto, bailarla. Y no hay fecha más propicia, puesto que la samba, como la conocemos, está cumpliendo 100 años, pues en 1917 se registró la primera canción conocida como tal: “Pelo no telefone”, de Ernesto Dos Santos.

Aunque el género hunde sus raíces en los bailes tradicionales del Brasil colonial, sobre todo de Bahía (y todavía más lejano, en los territorios que hoy conocemos como Congo y Angola, de donde procedían la mayor parte de los negros que fueron esclavizados), y hay infinidad de ritmos antecesores, la samba da roda, que fue la que llegó a Río de Janeiro en el siglo XIX traída por los esclavos y después por los libertos, es la base de la samba que conocemos en la actualidad.

Con “Pelo no telefone” se empezó a popularizar, pues antes era perseguida por la policía. A mediados del siglo pasado se popularizó otro subgénero, el pagode, que había nacido en las favelas de Río y tenía una temática más urbana que utilizaba el slang carioca. El pagode es el antecedente de la samba que se baila en los carnavales, pero en los años sesenta volvió a ser víctima de la represión, esta vez de los militares, pues eran tiempos de dictadura. Fue en esos años cuando los músicos de bossa nova, que provenían de las clases medias y acomodadas pero que no obstante eran de ideología izquierdista, defendieron y reivindicaron a la samba de las favelas.

Otra peculiaridad, desde los tiempos de las matronas de Bahía, es que la samba se daba como una forma de competencia de danzas y de virtuosismo en la interpretación de los instrumentos, algo que ha pasado a formar parte de la cultura actual de la samba, puesto que la audiencia responde cantando los coros que los músicos le proponen. Eso es lo que está sucediendo justo ahora en el Bar da Boa, al tiempo en que mi pareja y yo degustamos una exquisita picanha, decantando la cuarta o quinta cerveza Antártica, que es dulce como la miel…


MÁS ALLÁ DE LOS JUEGOS

La samba es patrimonio de la humanidad y está cumpliendo el centenario de su etapa moderna. Lo cumple cuando Río está a horas de celebrar los Juegos Olímpicos y su presidenta electa ha tenido que dejar el poder en medio de una enorme crisis política, y cuando a esa crisis se suma otra, la económica, que es la mayor desde los años treinta. Todo mientras los valientes y obstinados jueces han demostrado que casi la totalidad de los políticos son inmoralmente corruptos…

Pienso en esto mientras los músicos siguen tocando el cavaquiño, el banjo de cuatro cuerdas, el pandeiro, la guitarra, el sonajero y el berimbau, en un despliegue apoteósico de destreza, y me olvido de los detalles negativos. “Qué imagen tan diferente de Brasil presentan algunos medios”, vuelvo a cavilar, hasta que me percato que algunos de los parroquianos ya despliegan un nivel de baile propio de las escuelas de samba del carnaval. Una mujer rubia y bella, con una blusa que deja descubierta su espalda (en Brasil no hay ninguna “sociedad” que la critique por eso, y es perfectamente válido para cualquier mujer vestirse como quiera), ha tomado de pareja de baile a un negro radiante, que la hace moverse como si se tratara de alguna competencia internacional. Platico con ellos y les tomo fotos. Su felicidad despierta mi admiración. “Apoteósico” sería el vocablo, si no fuera porque la definición de esa palabra implica un clímax que por definición es efímero. Aquí la samba nunca se detiene y, como hemos dicho, una canción se encadena con otra y otra más, sin espacios de silencio…


DE BAR EN BAR

Una de las aventuras que perfectamente se pueden llevar a cabo en este barrio de Lapa es prolongar la noche en más de un lugar de samba. Se puede pasar del Bar da Boa a Río Scenarium y de ahí a la Estudiantina Musical y de ahí a Bar Semente y de ahí a Carioca da Gema y de ahí al Café Cultural Sacrilegio. Lo único que debe uno pensar es que, como hay grupos involucrados, cada lugar pide un cover que va desde los nueve hasta los 60 reales (de 50 a 350 pesos), que es lo que cobran en Río Scenárium. Este es el lugar más caro, pero que bien lo vale, pues tiene tres pisos con diferentes motivos de decoración, todo basado en la arquitectura del espléndido edificio del siglo XIX que lo alberga. Otro plenamente recomendado es Carioca da Gema, aunque debemos insistir en llegar temprano, pues es pequeño y para tener una vista directa de los músicos hay que estar ahí a partir de las siete.

Al salir encuentro, literalmente, a miles de personas haciendo fila para entrar a otros bares. O simplemente deambulando por la calle, algunos cantando: pasándola bien. Todos o casi todos tienen un trago en la mano, en plena avenida, y me pregunto si esto podría pasar en mi país. La mayoría son muy jóvenes, abundan los grupos interraciales y las parejas de blancos con negras o viceversa. Después de haber leído decenas de notas sobre la criminalidad en Brasil, y en Río de Janeiro específicamente, me siento completamente seguro. Puedo caminar hacia cualquier punto de este bullicioso barrio y lo hago al azar. Me siento inspirado por esa amigable multitud. Haré lo que ellos: compraré otra cerveza y la beberé en plena calle. Y haré fila para el siguiente bar, en donde me esperará de nuevo la samba, de nuevo el baile, y otra vez los amigos instantáneos…

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