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Viernes , 25.05.2018 / 19:23 Hoy

La presa Hoover

La experiencia de visitar esta presa, una de las mayores obras creadas por el hombre, es un gran complemento para cualquier viaje a Las Vegas.


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Carlos Tomasini

En Las Vegas se pueden vivir todo tipo de experiencias, ¿qué tal una nueva? A una hora de distancia de los casinos y los grandes espectáculos se encuentra la Presa Hoover, una de las obras de ingeniería más grandes realizadas durante el siglo XX.

Esta presa no solo es una instalación estratégica que suministra electricidad a los estados de Nevada, Arizona y el sur de California, sino que también es considerada un monumento histórico de Estados Unidos que recibe a más de un millón de visitantes al año.

Es la reserva de agua más grande de Estados Unidos y no sólo es espectacular por su ingeniería, sino que también es bella arquitectónicamente, ya que sus edificios, torres y fachada son considerados como uno de los ejemplos más representativos del Art Decó en el mundo.

A pesar de que es una obra hecha por el hombre, también aporta belleza al entorno natural. Un embalse es la acumulación de agua que se crea al cerrar el cauce de un río, y en el caso de la Presa Hoover, se frenó el cauce del Río Colorado para generar el embalse que es conocido como Lago Mead (en honor a Elwood Mead, el ingeniero que la ideó), el cual destaca por sus 639 kilómetros cuadrados en el paisaje árido del desierto en donde se localiza.

En Las Vegas es muy popular el recorrido por los alrededores de la ciudad que se hace en helicóptero, el cual incluye la Presa Hoover (también es fácil verla desde el avión antes de llegar al aeropuerto), pero vale la pena conocerla a pie para descubrir su historia, sus detalles y su majestuosidad. Mediante servicios como Club Premier, los socios pueden adquirir experiencias como este tour, que se puede complementar con otros, como catas de champagne, clases de cocina, manejar un Nascar o hasta probar platillos nunca antes creados.

Una instalación estratégica

Las visitas son guiadas, por lo que es recomendable llegar temprano para apreciarla mejor. En los hoteles se ofrecen tours de distintos precios, y si tienes coche, hay que manejar cerca de 50 kilómetros al sudeste de Las Vegas por la autopista 93.

Se encuentra en el Cañón Black, que marca el final de Arizona y el inicio de Nevada; además de su objetivo de suministrar agua, se construyó para evitar los riesgos que generaban los desbordamientos del río durante el invierno debido a las grandes cantidades de agua que provenían de las Montañas Rocosas.

Es una gran atracción turística, pero la presa Hoover también es una instalación estratégica para Estados Unidos, por lo que para ingresar a ella hay que pasar primero por una inspección muy similar a la de un aeropuerto (tómalo en cuenta).

El recorrido

La visita inicia con una proyección en donde se dan interesantes datos, por ejemplo, que el agua que baja del Lago Mead a las turbinas viaja a casi 140 kilómetros por hora o que en su central eléctrica se pueden producir hasta 2,074 megavatios de energía eléctrica en sus 17 generadores principales. También te puedes enterar de que con su construcción se resolvió una disputa por el vital líquido entre los tres estados involucrados.

Después se visitan diversas áreas de las instalaciones, como la sala de turbinas y algunos túneles, pero lo mejor es la vista que se descubre al llegar al mirador, desde donde se pueden tomar unas fotos espectaculares y también se admira el Mike o’Callaghan–Pat Tillman Memorial Bridge, un espectacular puente de más de 500 metros de longitud que fue inaugurado en 2010.

Anteriormente, la Presa Hoover también servía como paso de la autopista que comunica a Las Vegas con Phoenix para cruzar el río Colorado, pero, con el paso de los años, ese camino se volvió insuficiente y peligroso debido a los 15 mil vehículos que transitan diariamente por él, así que fue necesario construir este nuevo gran puente de arco de acero y concreto a 250 metros de altura, convirtiéndose en el segundo más alto de Estados Unidos y el más alto del mundo en su tipo.

Vale la pena tomar la carretera para subir a este puente, quedarse en el estacionamiento, y subir varios escalones para, desde el paso de peatones, admirar la gran panorámica que forman la presa, el lago y el cañón.

Todo ese recorrido te llevará poco más de un par de horas, así que para la hora del lunch puedes aprovechar la cafetería de la Presa Hoover, donde también hay un par de tiendas para comprar algún recuerdo.

Antes de regresar, vale la pena pasar por la ciudad de Boulder, la cual fue fundada para alojar a los empleados que construyeron la presa (por cierto, su construcción tardó algún tiempo en ser terminada, por lo que los primeros obreros debieron vivir en campamentos… en medio del desierto); hoy es un pequeño poblado con opciones de pequeñas tiendas y restaurantes que contrastan con la fastuosidad de Las Vegas.

Ahora sí, después de este contacto con la naturaleza, la ingeniería, la naturaleza y la historia, estarás listo para retomar lo que dejaste pendiente en Las Vegas.

La presa en números:

Tiene 380 metros de largo, 200 de ancho y 221 de alto. Se empezó a construir en 1931 y se inauguró en 1936, dos años antes de lo previsto, y salió más barata de lo calculado; además, para hacerla posible, fueron necesarias técnicas de construcción que nunca antes se habían aplicado o probado en otra obra.

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