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Viernes , 21.09.2018 / 15:06 Hoy

La famosa tumba incómoda

Los restos de Hernán Cortés están en un desconocido y simple nicho de iglesia en el DF. El Mundo tuvo información acerca de la visita de Felipe VI a la tumba en 1991

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Estas tres frases son parte de la conversación establecida con el ayudante del párroco de la iglesia de Jesús Nazareno, cerca de la mítica plaza del Zócalo, en México DF:

-“Aquí no está la tumba de Hernán Cortés”

-“Ah, ¿se refiere a la placa que hay en la Iglesia con su nombre? No es una tumba, es una placa”

-“En todo caso no puede visitarse sin permiso del párroco. La iglesia lleva cerrada más de dos años por obras” (entonces estaba cerrada).

El amable ayudante del sacerdote desconoce que tras la puerta del mismo recinto religioso en el que él trabaja está la tumba de Hernán Cortés, el Conquistador de México y, en parte, el creador de este país. Su tumba, sin embargo, permanece “escondida” en un muro de una parroquia del DF tras pasar, después de muerto, quizá más peripecias que cuando estuvo vivo. “Si preguntamos en la misma puerta de la iglesia a los mexicanos que pasan por la calle dónde está la tumba de Cortés, seguro nadie tiene el más mínimo conocimiento”, explica a El Mundo Xavier López Medellín, uno de los escritores e investigadores mexicanos que más han estudiado al personaje y sus restos. Tampoco muchos responsables de organismos españoles aquí en México tenían ningún conocimiento sobre su tumba. Cortés sigue siendo un tabú entre España y México que parece mejor no agitar.

“Los españoles han sido profundamente injustos con él”, señala el mexicano Julián Gascón, presidente del Patronato del Hospital de Jesús, hijo de un campesino, y ex gobernador y senador mexicano de 90 años. Lo hace sentado en el despacho del que es el hospital más viejo de América, fundado por el propio Cortés, junto a la mesa donde descansaron los huesos de Cortés. “Su trato me parece injusto desde un punto de vista histórico”, dice el hombre que podría catalogarse como custodio de su memoria.

Gascón, hombre culto y tranquilo, habla con parsimonia y conocimiento de un tema que está prohibido. “Allí, en esa misma mesa -señala- se colocó su cráneo que se puso sobre un cojín bordado en oro. Aquí se escondieron sus huesos para que no los quemaran y luego decidieron meterlos en un nicho en la Iglesia en la que se escribió nada más que su nombre y la fecha”, explica.

En 1981, Gascón invitó al entonces presidente de la República, José López Portillo, a inaugurar los trabajos de rehabilitación del hospital y le hizo una polémica propuesta: “Señor presidente, sé que es controvertido pero puse un busto de Cortés en el hospital que voy a cubrir y le pido que usted lo devele públicamente”, le dije. “Él me contesto que eso sería muy polémico y me preguntó qué pensaba. Yo le respondí que haría mucho bien a este país hacer un monumento en una esquina de la avenida Reforma (la más famosa del DF) a Moctezuma y en la otra a Cortés. Él se rió y me contestó que tenía razón”.

El presidente acudió a la inauguración y se enfrentó con el fantasma del conquistador. “Entró vio una figura tapada por un velo y me preguntó si era ese el busto. Le dije que sí y se paró un tiempo para observar hasta que finalmente lo destapó y siguió su camino. Se montó un escándalo enorme con la prensa al día siguiente”, explica con una sonrisa el doctor Gascón.

“Creo que vino hace unos años el hoy rey Felipe VI de forma particular, sin avisar a nadie y de incógnito, a visitar el hospital”, dice Gascón. La foto de un monarca español frente a la estatua de Cortés o su tumba es probable que causara en México una fuerte controversia. Casa Real ha confirmado a El Mundo que “el entonces Príncipe de Asturias realizó una visita privada al Hospital de Jesús Nazareno el 22 de noviembre de 1991”. Los Reyes de España comienzan una visita oficial en México del 29 de junio al 1 de julio y, en principio, no está previsto que visitan la tumba de Cortes, algo que ningún gran mandatario español ha realizado nunca.

Mientras, los restos de Cortes descansan en una Iglesia que ha estado cerrada hace dos años por obras. “No me generan más que problemas, nadie ayuda ni quiere hacer nada por la Iglesia en esta país”, respondía el sacerdote del templo, Eduardo Lozano, ante nuestras reiteradas peticiones de poder visitar la tumba en enero pasado.

No nos facilitó entrar aunque el investigador López Medellín confirmaba que “hace pocos años se pintó la vieja placa de cobre en color rojo”. Efectivamente, ahora que la iglesia vuelve a estar abierta, El Mundo ha podido comprobar que está la colorada placa a un lado del altar y al otro una lápida más grande de una descendiente del durante años marquesado italiano de la familia Cortés, María Gloria Pignatelli Aragón Cortés. No hay en todo el recinto ni fuera de él una sola referencia a la presencia de los huesos de Cortés en la Iglesia.

La tumba de Cortés probablemente esté condenada a ser un tabú eterno.
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