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Lunes , 15.10.2018 / 19:13 Hoy

La arquitectura como arte de vivir

Enfocado en mantener y rescatar el valor arquitectónico mexicano, bajo la icónica escuela de Luis Barragán, Diego Villaseñor es uno de los mayores exponentes actuales de arquitectura mexicana. 

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Se le considera uno de los máximos exponentes de la arquitectura mexicana actual, pero Diego Villaseñor va más allá. Si bien rescata los valores nacionales antiguos y contemporáneos, considera que el entorno es importante porque determina cada uno de sus proyectos. De ahí que repetidamente ha expresado que no mantiene un estilo, sino que se guía por una filosofía, en la que sus premisas son funcionalidad, sentido emocional y armonía con la naturaleza.

Cuando habla de sentido emocional se refiere a la arquitectura que crea emociones, ambientes y escenarios para que las personas se encuentren, se identifiquen y desarrollen la mejor versión de sí mismos.

Así sucede, por ejemplo, en esos remansos de paz que invitan a la reflexión y a la contemplación en Careyes o en Los Cabos. Y es que es un hombre que gusta más de explorar el interior que el exterior, aun cuando su trabajo lo ha llevado a Estados Unidos, Europa y Medio Oriente, donde ha desarrollado importantes proyectos.

Esta inclinación por explorar el espíritu humano quizá se deba a la sensibilidad artística que desde siempre lo ha acompañado. Es hijo de una artista plástica italiana y un padre mexicano con una fuerte atracción por la arquitectura.

Nació en Tlaquepaque, Jalisco, lugar que marcó su perspectiva por el arte mexicano. Igual de importante en este sentido fue la amistad que sostuvo con Luis Barragán quien, comenta, nos enseñó a sacar de nuestra raíces.


Fue la diversidad de intereses lo que llevó a Villaseñor a estudiar arquitectura en la UNAM, pues afirma que esta disciplina tiene que ver con el arte de vivir. Es por ello que sus diseños parten, además del espacio, de las necesidades y expectativas de sus clientes.

Además de Barragán, otras de sus influencias han sido los arquitectos Le Corbusier y Frank Lloyd Wright; el escultor, fotógrafo y pintor inglés Richard Long, exponente del land art, y el escritor Bernard Rudofsky, que con su libro Arquitectura sin Arquitectos, le ha inspirado algunas ideas. Otras de las pasiones de Villaseñor son la música, la lectura, la fotografía y la jardinería.

Además de una larga trayectoria en su despacho DVA, su experiencia también la ha llevado a las aulas de la UNAM, el Tecnológico de Monterrey, la UAM, la Universidad Iberoamericana y la Anáhuac. Con casas que enmarcan la naturaleza, hábitats donde se desarrolla la vida, diseños turísticos paradisiacos e incluso corporativos que se levantan como si fueran una pincelada en el paisaje, Villaseñor siempre se va al origen y su trabajo nos remite a lo básico.


Entre sus recursos está el recuerdo y también aprovecha las rocas, los árboles, la tierra, todos los materiales del lugar. La naturaleza protagoniza cada proyecto, es la simiente de una arquitectura creativa que trasciende lo mexicano y que al expresar sus raíces la vuelve universal.

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