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Lunes , 15.10.2018 / 11:15 Hoy

Invasión aliada en la línea Hindenburg

Durante la llamada "Ofensiva de los Cien Días", también se hicieron de miles de prisioneros teutones en Saint Quentin, lo que no dejó otra opción para Alemania que "doblar las manitas".

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Como un distinguido guiño para la colonia italiana de Torreón, la edición de La Opinión en esta fecha, publicó notas históricas sobre la independencia itálica. Muy buenas, pero discretas.

Además, no se precisó muy bien cual de las independencias, por que la historia italiana es muy amplia, probablemente se refería a la tercera, donde intervino el prócer Giuseppe Garibaldi, más famoso por su plaza en la capital, ahí donde los mariachis hacen su nido.[OBJECT]

Otra cosa importante era que los italianos se habían ido al bando de los teutones, que les prometieron muchas cosas.

Pero de eso no tenía culpa la colonia italiana lagunera y en su derecho de conmemorar tan importante fecha.

Como que se veía necesario un cambio de paradas, sin albur, del tranvía, y el jefe de tráfico de la compañía hacía la respectiva propuesta a los ayuntamientos por los que pasaba tan importante medio de transporte.

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Un tal José M. se hospedó en el hotel San Carlos, pero no lo dejaron meter a una "conquista" que llevaba.

Así que al día siguiente se la hizo muy de jamón al velador, a quien le dio tremendo puñetazo después de pagar la cuenta.

Desde entonces, el gobernador Espinosa Mireles prometió un alumbrado de más de 4 mil focos en la plaza de los Constituyentes y con pura fuente inalámbrica, muy moderno. El señor gober dejó además un generoso donativo a la Casa de Beneficencia.

En el frente europeo, los ingleses lograron una hazaña impensable: rompieron la línea Hindenburg.

Andaban con tocho los británicos, porque también lograron miles de prisioneros teutones en Saint Quentin.[OBJECT]

Cada vez eran mayores esos rumores de que la paz se quería negociar. Los teutones por cierto no querían perderle, pero les fue bastante mal. Tendrían que dejarse caer, porque no les quedó de otra.

La prensa neoyorkina se ocupaba del deceso del Cardenal Juan M. Farley, quien no sólo era un discípulo de Cristo, sino además un entusiasta de la ciencia en todas sus áreas, una inusual combinación.

JFR

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