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Jueves , 21.06.2018 / 19:00 Hoy

El primer hotel flotante en París

Situado en una gran barcaza flotante, el hotel Off Paris Seine hace todavía más mágica a la ciudad luz.

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Lucy Kellaway

Alrededor de la piscina infinity (interminable) las parejas se sentaron alrededor de las mesas naranja y comieron un desayuno tardío bajo el sol. Las piernas largas y bronceadas. Una pareja de hombres tocándose el mentón se movieron hacia el borde de la piscina y colgaron sus pies en el agua. Se escuchaba música electrónica.

Podría ser Ibiza. Pero luego hubo un estruendo y un metro de color verde pálido que hacía ruido al pasar sobre un poderoso puente de hierro a unos cuantos metros. Ninguna de las personas bonitas levantaron sus cabezas de sus crepas de chocolate. A nadie pareció sorprenderle, y muy probablemente no lo estaban, ya que los trenes de la línea M5 pasan por ese camino sobre el Sena más o menos cada minuto.

Se supone que París es la ciudad más romántica de la tierra -una etiqueta que mis múltiples experiencias en el lugar nunca respaldaron- sin embargo, aquí estaban estas parejas que daban una buena muestra de que pasaban un momento romántico. El truco: lo hacían mientras pretendían que estaban en otro lugar.

El OFF Paris Seine es el primer hotel flotante de la ciudad. Y al menos cuando el sol brilla -como milagrosamente ocurrió cuando estuvimos allí- puedes cerrar los ojos, escuchar el agua (y los trenes) y pedir un mojito o la bebida que gustes.

A pesar de que mi hija y yo no íbamos en plan de romance, fui totalmente feliz de pretender que pasábamos el fin de semana en otro lugar. Desde que vi la ciudad por primera vez, cuando era una adolescente, y me maravilló su belleza, siempre me decepcionó París, y sentí que decepcioné a la ciudad. Mi francés no es lo suficientemente bueno; no soy lo suficientemente elegante. Nunca encuentro un buen lugar para comer. Siempre termino haciendo filas para entrar a las galerías, y después me frustro y abandono el ejercicio antes de llegar al frente.

Desde que se inauguró el Eurotúnel, París me gusta menos porque el esplendor de St Pancras todavía está fresco en mi mente cuando llego a la miseria sucia de Gare du Nord.

En esta ocasión, estaba resuelta a que fuera distinto. Sin expectativas. No haríamos planes y simplemente caminaríamos. Así que paseamos a lo largo del lindo Canal Saint-Martin y admiramos los imaginativos diseños municipales de plantas. Recorrimos hasta el cementerio de Pére Lachaise y presentamos nuestros respetos a Chopin y Oscar Wilde, antes de dirigirnos hacia el río.

OFF se encuentra en una gran barcaza flotante cubierta por tiras horizontales de madera, en una posición ligeramente sosa entre Gare de Lyon y Gare d’Austerlitz.

Una emocionada mujer con una camisa polo blanca y que parece más una fisioterapeuta que una recepcionista nos llevó a a la planta baja a través de un largo corredor central en donde las bancas de madera y los bean bags dorados estaban acomodados en hileras alternadas. Nadie se sentaba allí, y dudo que alguien lo haga.

Nuestra habitación, que se abría hacia el espacio central, estaba casi llena con una cama y una ducha. La chica explicó con orgullo que esta última se podía encender en cualquier color que nos apeteciera.


En el exterior, a través de un ventanal que abarcaba toda la pared, estaba el Sena, con una imponente vista de la cuadra de oficinas SNFC. Sin embargo, la luz que se reflejaba desde el agua -ya no estaba sucia ni llena de pequeños peces cafés- salpicaba las paredes, el bote se balanceaba un poco. Nos acostamos alegremente en la cama y a leer.

No había sentimiento de culpa que nos dijera que tendríamos que estar haciendo fila en el Musée d’Orsay. En su lugar, lo que hicimos fue solo subir las escaleras y sentarnos al lado de la piscina con una copa de vino rosado antes de salir de OFF y volver a unirnos a París. Allí, recorrimos el encantador Jardin des Plantes y terminamos en el Barrio Latino, que es es totalmente de mal gusto al igual que la última vez que lo visité.

También terminé con dolor de pies al tratar de encontrar el restaurante perfecto, nos sentamos en uno en una esquina donde, como si fuera un pago por todas las malas comidas que tuve en París, nos dieron una deliciosa. Después, mi hija se sintió lo suficientemente de vacaciones como para comprar una cajetilla de cigarrillos, y en lugar de regañarla, en un alegre abandono, me senté en la acera y me fumé la mitad.

De vuelta en el hotel, el bar estaba lleno de más parejas bonitas que bebían y se veían entre sí, así que no entramos. Decidí tomar una ducha verde que fue de lo más desfavorecedor para mi piel, así que probé el púrpura, pero no fue mejor. La cama era cómoda y me mecí hasta quedar dormida, así podría haber pasado toda la noche, si no fuera por el ritmo de percusiones y la fiesta estridente que estalló en la madrugada.

Para las cuatro de la mañana, con ganas de matar a alguien y sin dormir, comencé a chocar por toda la habitación a oscuras tratando de encontrar el intercomunicador para llamar a la recepción y gritar. Mi hija me aseguró que no se podía hacer nada, ya que la fiesta era en un barco que estaba anclado al lado, me sugirió que regresara a la cama y lo ignorara. Algo que, respectivamente, hice y no hice.

Finalmente, paró la fiesta y me dormí. Despertar tarde la mañana siguiente ante un cielo azul y con un pequeño balanceo por el agua, me desorientó. ¿Estaba en unas vacaciones en la playa o en París?

Para resolver el asunto, regresé a cubierta para entrar en la piscina infinity. El agua difícilmente llegaba a mi cintura, y con 1.20 metros de ancho y cerca de 4.5 metros de largo, tenía una longitud que podría nadar en cuatro brazadas, si no fuera por un cisne inflable gigante de color dorado que ocupaba el otro lado de la piscina. Me salí poco después de un minuto de haber entrado, vi con indiferencia a las parejas románticas.


Después del desayuno, nos sentamos y nos llenamos de sol, me pregunté lo que sería de OFF durante la mayoría de los días del año, cuando el clima esté un poco más apagado. Entonces no sería Ibiza en el Sena. Podría ser una barcaza en el medio del río con muebles ligeramente dudosos y un horrible café de una máquina.

Pero como fuera, salimos con el mejor de los ánimos y caminamos al lado del Sena pasando Notre Dame, que nunca se vio más encantadora, todo el camino hasta Invalides (Palacio Nacional de los Inválidos).

Entonces, sin sentir una particular compulsión para hacerlo, llegamos al museo Gustave Moreau, que resultó ser encantador, genial y vacío. Casi me empezó a gustar el simbolismo de su fortaleza. A la vuelta, en Rue des Martyrs, paramos y compramos el mejor sorbete de chabacano que he probado. Llegamos a Gare du Nord con mucho tiempo de sobra.

Una vez dentro, regresamos instantáneamente a la antigua y mala ciudad de París. Alguien dejó una bolsa sin atender y estábamos en medio de los empujones por una alerta de seguridad. Sucia, llena de gente gritando, pasamos una hora muy desagradable, pero cuando finalmente entramos a nuestro tren Eurostar, regresó nuestro buen humor.

Estuvimos en Ibiza y en París. Nos bronceamos y recibimos un poco de cultura, antes de transportarnos, rápida y cómodamente, de vuelta a la estación londinense de St Pancras.

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