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Martes , 23.10.2018 / 00:03 Hoy

El motor rosa de la economía

El espíritu de la mujer emprendedora va creciendo, lento, pero seguro. El año pasado, 2 de cada 100 se lanzaron a emprender en México.

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Es imposible hablar de desarrollo económico y dejar fuera a la mujer. Más allá de cualquier discusión sobre equidad de género y derechos humanos, se estima que si las mujeres tuvieran las mismas condiciones que los hombres en el mercado laboral (participación, jornadas, cargos y salarios), el PIB global se incrementaría en 28 miles de millones de dólares (mdd) para 2025, según un estudio del McKinsey Global Institute.

México no es la excepción. Depende, igual que todos, de la fuerza laboral femenina para que la economía crezca. Sin embargo, aunque 4 de cada 10 mujeres mexicanas trabajan, muchas de esas ocupaciones son de bajo impacto económico — malos o nulos salarios, informalidad, eventualidad—, y solo 2 de cada 100 son empresarias o emprendedoras, arrojan datos del INEGI.

La tasa de hombres emprendedores triplica la de las mujeres y, aunque no son datos comparables, muestran rezagos importantes que reflejan una diferencia significativa en el entorno para hacer negocios en México, comenta Luz María de la Mora, directora de WeConnect International, capítulo México.

Pero no es exactamente un problema del ecosistema emprendedor. Desde hace años tanto instituciones académicas como organismos privados y públicos han desarrollado diversos programas para impulsar el emprendimiento en el país; incluso, existen esfuerzos específicos para apoyar a las mujeres en su camino a ser empresarias.

“He pensado a fondo si estos programas totalmente para mujeres funcionan o no, y creo que sí”, dice Ana Victoria García, fundadora y CEO de Victoria 147, una plataforma de formación, incubación, aceleración y networking enfocado al desarrollo y empoderamiento de mujeres ejecutivas.

Si bien estos programas deberán evolucionar con los años, pues “las necesidades varían”, García opina que hoy son útiles y necesarios justo como operan porque “hay muchas mujeres que aún no se creen con el poder de decir: ‘yo puedo y merezco’, así que hacen falta estos programas que resalten y acostumbren al ecosistema que las mujeres tenemos que estar presentes. “La equidad es un beneficio tanto para hombres como para mujeres”.

Hay asignaturas pendientes, pero también aportes importantes de una visión femenina que brilla por su “solidez al hacer los negocios y tomar decisiones”, señala García. La mujer “se enfoca en el crecimiento monetario, pero aporta una conciencia de generar proyectos consolidados y sostenibles con impacto social, cultural y ecológico, lo que es importante para el desarrollo del país”.


Los retos

Es ahí, en el ADN emprendedor de la mujer que aún no cree que puede tener un lugar en la mesa, en los estereotipos más arraigados de la cultura respecto de los roles de género y en lo apremiante de la necesidad de la mujer de generar ingresos para sostener sus hogares, donde están algunas de las limitantes más importantes a su desarrollo como empresarias.

“De inicio el pensamiento de los hombres y sus objetivos son distintos: ellos quieren hacerse ricos y piensan en el retorno de su inversión. La mujer piensa normalmente en subsistir, eso hace que seamos empresarias en pequeño”, explica Luz María de la Mora, de WeConnect.

[OBJECT]Ana Victoria García y Luz María de la Mora coinciden en que la mayor limitante para las emprendedoras está en el sector de inversionistas. “Creo que los fondos de inversión pueden tener un sesgo cuando evalúan proyectos de mujeres: les entra la duda de qué pasará con el negocio si la emprendedora se convierte en mamá. Eso no les viene a la cabeza cuando entrevistan a un hombre”, explica la fundadora de Victoria 147.

Y lo mismo sucede a la hora de solicitar financiamiento a crédito, en donde la opción más frecuente son los microcréditos, pues en pleno siglo XXI, por temas culturales la mujer no suele tener propiedades y garantías para obtener créditos más grandes.

“Este tipo de financiamiento es el que ellas más obtienen y solo les permite desarrollos productivos en pequeña escala. Ellas tienen la urgencia de obtener recursos para sostener a su familia, sus negocios son de subsistencia”, cuenta De la Mora.

Así, mientras las mujeres empeñan sus horas y sus talentos en microcréditos para levantar negocios de poco valor agregado y bajo retorno, los hombres piensan en “inversionistas ángeles” con fondos de inversión donde encontramos “hombres haciendo negocio con hombres”, agrega Luz María.

Por lo pronto, las mujeres deben creer en sus capacidades y comenzar a pensar en grande. “Podemos aspirar a tener grandes negocios y proyectos productivos de impacto en la sociedad”, dice la directora de WeConnect, y un buen inicio es aprovechar los programas y apoyos que Nafin, Inadem e Inmujeres tienen en marcha para ellas. “Se necesitan acciones más afirmativas e intervenciones más directas, pero hoy existen estas, funcionan y hay que tomarlas”.

Y es que las mujeres hacen negocios igual, pero diferente. “Aportamos una visión diferente, ideas distintas y hacemos las cosas a nuestra manera, pero impactan de la misma forma. Juntos, hombres y mujeres abriríamos muchas posibilidades de productividad si el entorno fuera más incluyente”, opina De la Mora.



La visión femenina

Los motivos de las mujeres para empezar un negocio, el área en la que lo hacen y la manera en que lo abordan son individuales. Sin embargo, existen temas comunes para todas, como la necesidad de mantener un balance entre su desarrollo laboral-profesional y su vida personal, que incluye la atención de la casa, el cuidado de los hijos y otros familiares dependientes. Temas de los que una gran mayoría de los hombres no se preocupa.

Un negocio propio, en este sentido, proporciona la flexibilidad de horarios que necesitan. Ellas emprenden “por un tema de libertad. No es que vayan a trabajar menos, pero sí pueden manejar su horario y ese es el plus. El tema de flexibilidad es algo que el emprendimiento ofrece a favor de las mujeres, sobre todo, en términos de la maternidad”, comenta Ana Victoria García.

También varían los tipos de negocio que ellas eligen, pero hay una marcada tendencia hacia los servicios, seguidos de la comercialización de productos y la manufactura. El problema, dice De la Mora, es que “la mayoría se enfoca en servicios como los restaurantes, la enfermería, la contabilidad, pero con un bajo valor agregado… hay que buscar cómo incorporar valor a esas áreas para que las mujeres tengan emprendimientos más redituables”.

En su experiencia al trabajar con más de 3,000 mujeres emprendedoras desde que fundó Victoria 147, en 2012, García ha visto evolucionar el panorama emprendedor hacia una mayor diversidad, especialmente hacia los negocios financieros y tecnológicos, que ofrecen a las emprendedoras mayores posibilidades de desarrollo y retornos de inversión mucho más interesantes.


“Siempre di que sí, aunque te llenes de hijos”

Si en sus veintes alguien le hubiera dicho que la tecnología era su futuro, Dolores Correa lo habría tachado de loco. Egresada como maestra de Jardín de Niños en los 70, jamás había visto una computadora y mucho menos sabía lo que era el internet o el lenguaje de programación. Hoy lidera una exitosa empresa que provee plataformas tecnológicas para corporativos y entidades gubernamentales tanto nacionales como extranjeras.

Antes de echar a andar la empresa Informática y computación avanzada de México S.C., hace poco menos de cinco años, Dolores hizo teatro; fue iluminadora; trabajó en el TEC de Monterrey como directora de Relaciones y Desarrollo; dirigió una cadena de tiendas de ropa, y compró una escuela de computación a punto de quebrar. Luego la diversificó hacia temas para certificar empresas.

¿La constante? Dejarse llevar por su ADN emprendedor, lo que se traduce en su disposición a siempre tomar los retos y aprender en el camino. “Unos negocios no tienen que ver con los otros, pero a todo hemos llegado de manera natural”. Primero tenía la escuela de computación y un día se acercó la Comisión Federal de Electricidad a pedirle consultoría para certificar competencias laborales en informática.

“Por supuesto les dije que sí y en ese proceso conocimos el Consejo Nacional de Certificación y Competencias Laborales y comenzamos a extendernos hacia otros temas, ya no solo informáticos, y nos vinculamos con la Organización Internacional del Trabajo que nos llevó a generar una metodología de productividad para PyMEs que se llama Simapro”.

[OBJECT]Con este Sistema Integral de la Medición y Avance de Productividad (Simapro), Correa y su equipo ganaron el concurso de innovación “Caminos a la prosperidad”, promovido por el Departamento de Estado de Estados Unidos, el World Environment Center y Pathways to Prosperity in the Americas, entre otros. En esa ocasión compitieron contra 600 proyectos provenientes de distintas naciones.

“Llega el momento en que no sabes si estarás a la altura porque son las grandes ligas. Mi filosofía es que cualquiera puede ser mejor que tú, pero lo importante es hacer las cosas. Tampoco me comprometo con las ventas de mis servicios o productos, sino con generar valor real para mis clientes”, afirma Correa.

Y porque emprender no es cosa de edad, su negocio más nuevo lo arrancó a los 56 años, luego otra vez de varias coincidencias profesionales y de poner en práctica su mantra: “Siempre que nos piden un nuevo proyecto yo les digo: Tú di que sí, aunque te llenes de hijos”.

Y así fue como Simapro les exigió programar una plataforma tecnológica que les permitiera evaluar en tiempo real las competencias y llevar los avances de la productividad vía web. Esa plataforma ganó un contrato para desarrollar un producto similar para el instituto de Energías Renovables de la UNAM y lo demás es historia.

La clave, opina Dolores Correa, es la flexibilidad. “Somos una empresa pequeña de 12 personas y hemos sido flexibles organizacionalmente para ir por esas ventanas que se han abierto”.

Hoy su futuro es claro: “No me veo retirada sin hacer nada, pero sí sé que llegará pronto el momento de delegar y solo ser consejera en los negocios. Tengo gente valiosa que ha estado conmigo 18 años y los estoy preparando para que se queden a cargo”.


Nutrir el corrillo: Telokwento

Para ella emprender era casi un must. Embarcada en una maestría de negocios en Madrid, Sofía Torres percibió una necesidad en su grupo de amigas y de inmediato identificó la oportunidad de negocio de entregarles información breve y oportuna en un click, a través de un newsletter gratuito al que, junto con su socia colombiana, llamó Telokwento.

“Conocíamos gente capaz y muy inteligente, especialmente mujeres, que cuando estaban en grupo y surgían charlas sobre política, economía o temas internacionales, preferían quedarse calladas e incluso aislarse porque no estaban actualizadas. Mucha gente no es consciente de lo que ocurre en el mundo y se debe por la falta de tiempo”, explica Torres.

Se trata de un breve boletín con una cuidadosa selección de información de diversos temas de actualidad, elegidos con el apoyo de un algoritmo que identifica los trending topics del día anterior. A 18 meses de su lanzamiento, Telokwento tiene más de 30,000 suscriptores de los tres países en los que trabaja: México, Colombia y España.

Pensado de inicio para mujeres millennials que quieren acompañar su café con una buena charla, Telokwento es hoy una herramienta útil para perfiles tan diversos como “una ama de casa de 40 años y un banquero de 60”, dice Sofía Torres, quien diseñó esta estrategia para ser de entrega gratuita y financiamiento vía publicidad y patrocinios.

En estos días, están a punto de abrir un nuevo esquema de ingresos con la firma de algunos contratos con empresas que quieren recibir su boletin informativo para sus colaboradores, tanto con temas noticiosos así como comunicados internos. Telokwento les dará boletines a su medida y necesidades.

“Son cuatro empresas con bases de datos de más de 10,000 empleados; serán 50,000 suscriptores más, llegaremos a nuestro punto de equilibrio, comenzaremos a generar ganancias y entonces pensamos buscar la inversión de un fondo para crecer”, explica Torres sobre sus planes para la empresa, que le exigió una inversión inicial de solo 50,000 pesos, todos financiados por familiares y amigos.



Con sus propias manos

El emprendimiento la tomó por sorpresa. Admiradora de la marroquinería fina, María de Landa convirtió su pasatiempo en un modelo de negocio que ha facturado hasta 15 millones de pesos (mdp) al año y recupera en sus objetos la esencia del arte en piel que funde con pinceladas de identidad mexicana y el orgullo de que “lo hecho en México está bien hecho”.

Hace ya 18 años que Landa hizo su primer álbum de fotos en piel y que se lanzó a construir unas hermosas cajas de marroquinería para que su esposo las regalara a otros empresarios. “Me encomendó buscar algo hermoso y no encontré nada, se me ocurrió que podía hacerlo yo misma”.

Administradora y financiera de profesión, María encontró en el trabajo con sus manos un motor de emprendimiento que no había buscado, pero ya estaba ahí, en sus propias manos y en su posibilidad de comprar un taller y financiar un equipo de artesanos mexicanos para crear Piel Canela.

Durante varios años todo fue inspiración, hasta que Landa sufrió un accidente que la sacó del juego por un tiempo largo. “Pero mi padre me recordó que las 10 personas que trabajaban conmigo eran en realidad 10 familias y que dependían de mi taller. Me costó un poco de trabajo retomar mis actividades, pero decidí que era tiempo de hacerlo profesionalmente y que debía ser una marca de lujo”.

María de Landa sigue en la lucha y consolida poco a poco ese exclusivo taller en el que se cuida cada detalle: el diseño, las líneas, la innovación, los materiales, la hechura, todo es importante porque está hecho para conocedores, para gente que lo aprecia y paga por este trabajo. “Muchos van a mis tiendas y piensan que los artículos son italianos o europeos y les indicamos que lo hacemos en México”, dice con orgullo la empresaria.

Piel Canela trabaja varias líneas de diseño. La más exclusiva es Soy Mexicano Mi Piel es Canela, que rescata diversas muestras de la identidad mexicana, desde la arquitectura de Barragán, las formas del barro negro de Oaxaca, el agave y la talavera poblana. “Nos gusta hablar en nuestras piezas del México contemporáneo, pero sin caer en el folclor”, explica.

También realiza productos determinados por uso —oficina, viaje, entretenimiento— y ofrece los servicios de su laboratorio de diseño a corporativos, así como un servicio posventa de mantenimiento de artículos de piel, para su marca y otras.

A María Landa el emprendimiento le salió del alma, del amor por la artesanía fina, y le ayudó a seguir su desarrollo profesional incluso cuando fue madre. “Me iba a las ferias de artesanía y a las de regalos con mi hijo en la cangurera”, algo que no habría podido hacer en su anterior trabajo en casas de bolsa.

Suplemento Desarrollo Económico 2018.

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