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Miércoles , 15.08.2018 / 16:48 Hoy

El hotel del futuro en Gatwick

¿Es un vistazo de un futuro distópico o solamente un enfoque con sentido común a la tecnología? De cualquier forma, el hotel más nuevo del aeropuerto

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A pesar de la ubicación poco glamorosa en un renovado edificio de oficinas por encima de la Terminal Sur del aeropuerto, Bloc tiene grandes planes para transformar la industria hotelera. Gracias a la alianza con el gigante coreano de tecnología, Samsung, casi todas las cosas aquí se pueden controlar por medio de un smartphone. Una vez que los huéspedes hicieron la reservación en línea, reciben un código que pueden utilizar para iniciar sesión en una aplicación, lo que les permite registrar su entrada sin pararse en el área de recepción.

En la habitación, el teléfono puede operar el aire acondicionado, encender las luces, encender el televisor y abrir las persianas. Incluso las llaves quedan obsoletas, los huéspedes pueden abrir la puerta de su habitación por medio del teléfono (algo que llaman tecnología de “comunicación de campo cercano). Al final de la estancia, la salida también se hace por medio de la aplicación, lo que significa que los huéspedes pueden pasar toda su estancia sin decir una sola palabra a un miembro del personal.

Es por eso que durante mi visita los pasillos estaban casi son silenciosos. Los huéspedes se inclinaban hacia sus teléfonos, paralizados por sus panallas. Es una escena que pudo salir directamente de la película Her (ella), una comedia oscura de ciencia ficción de Spike Jonze en donde un hombre solitario e introvertido se recupera de su divorcio al enamorarse del sistema operativo de su smartphone. El hombre y la máquina se vuelven inseparables.

“El concepto de Bloc es simplificar todo y automatizar la experiencia del hotel. Queremos hacer que los viajes estén libres de estrés, sin tiempos de espera”, dice Rob Morgan, director de Bloc y exdirector general del departamento de derivados de UBS. “Tu smartphone se convierte en tu monedero, tu llave, tu control remoto. Es un enfoque moderno. Hacemos que sea posible para los huéspedes dormir, bañarse y tomar su vuelo”.

Los que no tienen smartphone pueden usar la misma aplicación que se ejecuta una tableta que se ofrece en las habitaciones (y los tecnófobos pueden reservar de la manera tradicional). “La cantidad de información que vuela en torno al aeropuerto es muy grande”, dice Morgan, “Así que hay ocasiones en que las tabletas se alocan un poco, por lo que se tienen que eliminar los datos. Pero ya mejoramos la forma de portegerlas”.

Hasta el momento la tecnología solamente está instalada en 20 habitaciones, pero se implementará en los dos pisos superiores del hotel dentro de un par de meses. Y a partir de ese momento, de acuerdo con Morgan, a otros centros de las ciudades del Reino Unido. “Ya tenemos otro hotel en Birmingham. Londres será el siguiente”.

A pesar del enfoque de alta tecnología, las habitaciones aquí son baratas: las dobles empiezan en 54 libras y una salida el mismo día se encuentra a partir de 29 libras, mientras que las habitaciones en las esquinas -más grandes y que ofrecen vistas hacia la pista de aterrizaje- suben a 84 libras. Los bajos precios son posibles gracias a la decisión de Bloc de eliminar todo el “espacio innecesario”, así que las habitaciones pueden estar apretadas en el sitio. El hotel de cuatro pisos, que se encuentra junto a la seguridad del sector de tierra del aeropuerto, no tiene restaurante. No ofrece servicio a la habitación ni minibar. De hecho, casi no cuenta con comodidades. “Si quieres planchar los pantalones y un tratamiento de spa, Bloc no es para ti”, admite Morgan.

Las investigaciones muestran que los huéspedes de los hoteles pocas veces desempacan su maleta de viaje, lo que resulta en armarios con demasiado espacio disponible, lo que se sustituyen por algo que llaman “área de almacenamiento integrado de maletas” (que en realidad sólo son pequeños cubículos). Es verdad, no puedo negar que mi habitación es una caja -la mayoría en el hotel sólo miden 10 metros cuadrados- pero al menos es una caja bien diseñada.

En mi habitación (que es neutral si bien con un poco de mal gusto -una pared está acolchada, la otra iluminada con luz púrpura) la única cosa gratuita es una pequeña botella de agua y un folleto de ofertas de cafés de la casa, cadenas de restaurantes y supermercados marcados en un mapa a lo largo de la Terminal Sur. Puedo tener un descuento de 10 por ciento en Caffè Nero y en Marks and Spencer, y una bebida gratis en Giraffe, que es donde ceno, una comida poco apetecible de pollo sobrecocido y papas blandas. (De postre, compro una caja de fresas en el supermercado).

La ducha de la habitación es un cubículo detrás de un vidrio ahumado, con un poderoso cabezal de la ducha fijado al techo. La cama doble es sorprendentemente cómoda, aunque no describiría las sábanas como lujosas. No importa: no vienes aquí por el lujo sino porque es barato y para evitar el destino de tantos viajeros en tránsito quienes se acuestan incómodamente extendidos en varios asientos fuera del hotel con la boca abierta. “Algo que no es particularmente atractivo para el aeropuerto o para los usuarios del aeropuerto”, dice Morgan.


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