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Martes , 17.07.2018 / 03:31 Hoy

El dibujo es una expresión natural de los niños

Es crucial alimentar y permitir sin inhibiciones la expresión natural que deriva en el dibujo. Podemos crear una “Caja de Arte”, con lápices y plumones de colores llamativos.

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Laila Anguiano

La aparición del dibujo en el desarrollo del niño tiene un gran significado en su actividad motriz, en la integración de su imagen corporal, así como en la gradual integración de los objetos de su entorno, a través de la representación gráfica.

Es por ello que los colores, los marcadores y los crayones son objetos esenciales para que el niño pueda dejar una huella en su mundo. A través de ello, los pequeños logran desarrollar varios aspectos, entre los que destacan la sensibilización, interacción, manipulación, invención, diálogo, transformación y desarrollo de la imaginación.

Según Jean Piaget, “la expresión más elemental del grafismo (dibujo) del niño es el resultado de un vaivén continuo sobre el papel. En este juego rítmico de movimiento es donde diferencian las primeras formas”.

Esto ocurre de una forma progresiva desde los primeros años; así, a medida que el niño crece, requerirá una gama más amplia de herramientas para hacer posible esta huella.

A lo largo del segundo año de vida, la actividad gráfica comienza a desarrollarse a través de elementos posturales y traduce características asociadas a la fuerza con la que se realizan los trazos que representan los indicios de lateralidad (zurdo o diestro). A esta edad el niño va a ejercer un control visual más preciso en la realización de sus trazos.

A los tres o cuatro años, aparecen las diferentes formas figurativas y no figurativas en el dibujo, por lo que ya está capacitado para identificar modelos visuales a partir de imágenes o representaciones que están en su mente y comprende el valor simbólico de la imagen. El dibujo representa un objeto que no está necesariamente presente.

La evolución de las formas será mayor en esta edad, se dará inicio a la forma de su cuerpo. A los cuatro o cinco años le será más fácil representar su imagen corporal, objetos y vivencias en lugares distintos.

Es crucial alimentar y permitir sin inhibiciones la expresión natural que nace de las sensaciones, los sentimientos, las imágenes, las ideas individuales, los mensajes o los códigos, que se manifiestan.

Las vivencias diarias del niño en el ámbito preescolar lo ayudan a estructurar y organizar la información sensorial e interpretar los símbolos del mundo que lo rodea.

En esta etapa aparece el desarrollo de la imaginación, que se origina porque el pequeño toma conciencia sobre sí mismo. Sabe que su personalidad es distinta de los modelos impuestos por mamá, papá u otro adulto que lo críe. Su tendencia no será la de asimilar sentimientos y actitudes del otro, sino más bien la de una oposición para afirmar su naciente personalidad; es la etapa narcisista.

Lo importante de este momento es comprender el potencial que puede liberar al jugar e imaginar, para crear un universo mágico donde lo real y lo imaginario se mezclan. El dibujo cobra cada vez más importancia, pues convierte a los niños en pequeños artistas y conocen el mundo.

Es necesario brindarle las herramientas adecuadas para lograrlo, que pueda tener distintos espacios cómodos para vivir el dibujo y grafismo: una mesa y sillas a su altura, para poder tomar sus colores y dejar huella en una base firme y propia a su edad y talla; también una pared donde pueda pintar con libertad sobre un gran lienzo de papel con crayones, extendiendo sus brazos, muñecas y hombros de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, y creando las formas y figuras que quiera representar.

El piso forrado con papel le brinda una experiencia distinta, ya que puede desplazarse en el espacio para encontrar la forma que se busca, siente su cuerpo más presente e involucrado en la experiencia del dibujo.

También puedes crear una “Caja de arte” en la que metan crayones, colores y marcadores de distintos tamaños y con diferentes propósitos. Asegúrate de que sean seguros, resistentes y de deslizado suave, que permita un movimiento continuo y genere una melodía cinética, con un diseño adecuado para su edad. Para los más pequeños, los lápices triangulares y gruesos son ideales.

Finalmente, es esencial que los colores sean vibrantes y llamativos a la vista, pues sabemos que en esos años la diferencia es el color. Así, la niña o el niño se sentirá atraído para comenzar a dibujar y colorear, y dejará la huella que en ese momento se busca.

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