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Jueves , 13.12.2018 / 15:15 Hoy

Él cambio el hábito de monje budista por el maquillaje

Kodo Nishimura es un artista del maquillaje que inició como monje budista hasta que se dio cuenta que las brochas y los labiales, son lo que le hace feliz.
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Cuando el maquillador Kodo Nishimura, con zapatos de tacón y ojos ahumados con lápiz negro, entra en una sala de Tokio para una demostración profesional, resulta difícil imaginar que en su tiempo libre es monje budista.

Lleva el pelo rapado, sombra de ojos irisada en los párpados y pestañas postizas. Durante el acto se cambia tres veces de ropa. Sus fans están fascinados.

En el templo tokiota en el que participa con su padre en los rituales parece otro hombre, sin maquillaje y con el atuendo de los monjes.

"Es lo que soy. No voy a pretender ser otra cosa", comenta a la AFP.


Nishimura es ante todo un artista del maquillaje que embellece a sus clientes, desde cantantes de pop hasta participantes en concursos de todo tipo.

La decisión de ser monje budista o maquillista 

Pasa buena parte del año en Estados Unidos. Allí se perfeccionó en una afición que mantuvo en secreto en su Japón natal, donde de niño solía encerrarse en el cuarto de baño para maquillarse.

"Abría la paleta de sombras de ojos de Chanel que tenía mi madre e intentaba aplicarlas en la cara. Seguro que parecía un loco, un payaso", recuerda partiéndose de la risa.

Cuando se fue a estudiar a Estados Unidos descubrió un mundo diferente. Vio en tiendas de maquillaje a travestis encantados de responder a sus preguntas.

Con 18 años hizo su primera compra: máscara y lápiz de ojos.

Una pasantía en el estudio de un maquillador artístico le permitió conseguir un empleo. A su regreso a Japón se sorprendió al ver que sus padres apoyaban su elección profesional.

Aún así le faltaba algo. Creció en un templo budista y de niño solía jugar detrás del altar ornamentado. Sabía que un día tendría que decidir si heredaba el templo de su padre.

"Quería conocer esta actividad, lo que se hace, saber lo suficiente de ella como para tomar una decisión". Con 24 años, se inscribió en un programa de formación en la doctrina de la Tierra pura. Fueron cinco sesiones de varias semanas cada una repartidas a lo largo de dos años.

Al principio estaba emocionado pero pronto echó de menos su otra faceta.

"En cuanto las puertas se cerraban los instructores empezaban a gritar. Yo pensaba ¡Dónde me metí!"

Kodo Nishimura resistió. Entre cada sesión volvió a Estados Unidos, pero al final de la formación sufrió una crisis personal. En Nueva York se maquillaba, lucía joyas, trabajaba de maquillador y se sentía atraído por los hombres. Este estilo de vida "¿no ofenderá a la comunidad de los monjes budistas?", se preguntó.

Uno de ellos le dijo que a menudo los monjes japoneses iban sin hábito y ejercían otras profesiones.

Maquillaje sin género

"Creo que el mensaje central del budismo es sentir felicidad y compartirla", afirma. Sentirse bello te hace "más generoso, más atento a los demás y proclive a ayudarles".
Kodo Nishimura 

vuelve a Japón dos veces al año y ayuda a su padre en ceremonias como los funerales. Por el momento compagina las dos actividades pero no se siente tentado de heredar el trabajo de su progenitor.

"No creo que estar en un templo sea la mejor manera de ayudar a un gran número de personas", dice este defensor de los derechos de la comunidad LGTB que enseña a los transexuales trucos para acentuar los rasgos femeninos.


mrf

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