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Miércoles , 18.07.2018 / 23:55 Hoy

El bullying: violencia que toma las aulas

Los alcances del acoso escolar son cada vez mayores. En muchas ocasiones, las conductas pasan de ser meros pleitos entre estudiantes y se convierten en actos criminales. ¿Qué hacer? 

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Maricruz Pineda Sánchez

Los abusadores son parte del panorama escolar y no se puede evitar. De una u otra manera, los alumnos que acosan, golpean,maltratan e intimidan a sus compañeros, siempre hallan la forma de ejercer su violencia aún en los ambientes más controlados.

El problema comienza a manifestarse en la primaria. Pero es en los niveles medio y medio superior, donde alcanza sus mayores dimensiones. Esto porque en dichas etapas, los jóvenes adquieren autonomía y comienzan a alejarse del círculo familiar que los ha mantenido vigilados y protegidos.

Es cuando empiezan a vivir nuevas experiencias. Una de ellas es enfrentarse a los juegos de poder que establece la sociedad y que, según el filósofo francés Michelle Foucault, están en todas las esferas.

Como parte de su proceso formativo, deberán aprender a establecer límites, a defenderse, a alejarse y a establecer alianzas. “Enfrentar a un acosador en la escuela es, hasta cierto punto, un mecanismo adaptativo que sirve para manejar lo que vendrá después en los ambientes laborales y sociales”, explica el psicoterapeuta Mariano Salinas.

“Pero el gran problema”, dice el especialista en psicología educativa, “es que actualmente el bullying se está saliendo del esquema y está escalando a dimensiones de violencia inéditas e inaceptables”. Las cifras y los hechos dan cuenta de ello.

Datos reveladores

El primer foco rojo surgió cuando en 2013, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dio a conocer los resultados del estudio Teaching and Learning International Survey. Este reveló que en México el acoso entre escolares es sistemático y que hay 18 millones 781,785 alumnos afectados, lo que lo coloca en el primer lugar de los países miembros.

Posteriormente, investigaciones efectuadas por la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), confirmaron que en nuestro país, entre 60 y 70% de estudiantes ha sufrido algún tipo de acoso. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) informó que la magnitud y frecuencia del fenómeno se han incrementado en 10% de solo un par de años a la fecha.

Además, ya no es raro escuchar de consecuencias que van más allá de lesiones físicas o repercusiones emocionales. Las estadísticas oficiales de la Secretaría de Salud señalan que al menos 59% de jóvenes que se quitan la vida, lo hacen por causas relacionadas con el bullying, y que las edades de las víctimas están entre cinco y 13 años.

Las entidades en donde se han detectado más problemas son: Estado de México, Jalisco, Veracruz, Guanajuato, Chihuahua, Nuevo León, Puebla, Tabasco y Ciudad de México.

“Lo que revelan estos datos denota la gravedad del problema”, afirma la doctora María Dolores Muñozcano Skidmore. La investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, es especialista en el tema y agrega: “Aunque el acoso escolar siempre ha existido, hoy es mucho más agudo porque conlleva violencias profundas cuyo sentido es distinto al que conocíamos. Las causas, son múltiples”.

Por un lado, existe un estado de violencia social exacerbada que alcanza todos los ámbitos, y eso incluye el círculo familiar, que es de donde en última instancia surgen tanto el buleador como el buleado y, desde luego, se manifiesta en las escuelas.

Otro aspecto a considerar es que hay una opacidad en el marco legal para la sanción de los actos que pasan de ser solo pleitos entre escolares. Aunque la iniciativa de la Ley General para la Atención y Prevención de la Violencia Escolar que se presentó en 2012 sigue sin avanzar, también es verdad que existen acuerdos internacionales que podrían sustentar acciones legales, como la Convención por los Derechos de los Niños, la de Beijing o Belém do Pará.

También artículos de nuestra Constitución como el 1º, que avala que todo mexicano por el hecho de serlo, está al amparo de los derechos humanos y la protección del Estado; el 3º, el cual garantiza la educación en un contexto armónico, o el 4º, sobre el derecho a un medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar de la persona. “Sin embargo, no se hace uso de ellos y la impunidad cierra el círculo”, dice Muñozcano.

Finalmente, otro factor de peso es la explosión de las nuevas tecnologías. “Los ataques en las redes permiten el anonimato, el encarnizamiento y la sensación de estar siendo masivamente señalado. Además, inciden en los grupos sociales, que es lo más importante que en ese momento tienen los adolescentes. Pero lo más impactante, es que no respetan tiempo ni espacio”, explica Muñozcano.

Si nos detenemos a pensar un poco en ello, se puede entender la presión psicológica constante que implica el tener metido al acosador, hasta en la intimidad del cuarto.

Tomar acciones

El bullying siempre ha sido inaceptable, y en la actualidad es un problema que se ha pasado de la raya. La cuestión es saber si hay algo que se pueda hacer al respecto y evitar una experiencia amarga a los hijos.

La respuesta es sí y el balón está en la cancha de los padres. El psicólogo Salinas señala que la clave es saber detectarlo a tiempo y tomar las acciones pertinentes.

Algo importante es que aquí aplica aquello de “tolerancia cero”; es decir, no se deben dejar pasar actitudes negativas por mínimas que parezcan porque no se sabe si están enmascarando algo más profundo o si pudieran llegar a desembocar en una situación grave. Hay que recordar que el crecimiento de la violencia es exponencial y si no se detiene a tiempo, hay posibilidades de que se desborde.

Por ello hay que preguntarse cuáles son las acciones adecuadas que como padres o tutores, se deben implementar. Mariano Salinas, basado en los protocolos internacionales, señala estas líneas de acción:

Comunicación abierta: Los adolescentes tienden a cortar o restringir la comunicación con sus padres, intentan resolver sus asuntos por sí mismos y solo comparten con amigos cercanos que tienen su misma visión de las cosas, lo que no les proporciona alternativas de solución.

Es muy importante observar los cambios en los hijos. Una mirada atenta que detecte conductas inusuales como depresión, aislamiento, ansiedad, insomnio o síntomas físicos como malestar estomacal, dolor de cabeza, moretones, etcétera, puede activar los focos rojos.

Intevención a tiempo: Si surge algo raro, intervenir adecuadamente es el segundo paso. No hay que tratarlos como niños chiquitos, ni obligarlos a que digan qué les está pasando, ni amenazarlos en modo alguno. Hay que hacerles sentir que no están solos ni serán juzgados y que en realidad, todos pueden ser víctimas de intimidación en algún momento de la vida. Ellos tienen que saber que cuentan con el apoyo de adultos que los quieren y saben cómo actuar, para resolver las cosas.

Denunciar el acoso: Informarse y acudir a los canales adecuados es ineludible. Los tiempos del “no te dejes” o “acúsalo con la maestra” ya pasaron y no sirven de nada porque este es un problema que rebasa las soluciones simplistas.

Hay que denunciar el acoso en el primer círculo, que es la escuela; pedir cuentas de las acciones concretas y estar al tanto de sus consecuencias. Si eso no nos satisface, habrá que ir a las instituciones rectoras como la SEP o la UNAM según sea el caso. Y seguir los protocolos. Si ello tampoco bastara y siguiera el peligro para nuestros hijos, habrá que acudir a instancias legales.

Los casos de bullying escolar afloran cada día más, por ello la comunicación con los hijos será básica para evitarlo.

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