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Lunes , 16.07.2018 / 23:13 Hoy

Córdica 21: Una taza de café con inclusión

Esta pequeña cafetería, atendida por jóvenes con síndrome de Down, ha sido muy bien recibida. Ya hay manos levantadas para replicar su concepto, dentro y fuera del país.

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Maricarmen Rello

Apenas abrió sus puertas hace una semana, y el Café Córdica 21 comienza a cosechar éxitos. La pequeña cafetería, atendida por jóvenes con síndrome de Down, ha sido muy bien recibida por los comensales tapatíos, quienes en medio del trajín cotidiano han hecho un alto para disfrutar de la aromática bebida y de la sonrisa cordial que da la bienvenida y hace olvidar las mañanas gélidas.

Son quince los niños y jóvenes que conforman este equipo. La mayoría rebasa los 18 años de edad pero tienen trabajo por primera vez en su vida. Algunos limpian la mesa y acercan el servicio. Otros toman la orden, llevan el café y las viandas y luego la cuenta. La repostería es elaborada por algunos de ellos. Toda una oportunidad que deja perplejos a muchos y ha motivado más visitas.

Gabriel Jorge Monraz Ibarra se dice emocionado con su trabajo. "Me fue muy bien... Todo me gustó. Serví café, galletas, me trataron bien. Quiero trabajar para que yo gane propinas... quiero pintar mi cuarto", comparte el joven. Gabo, como le llaman de cariño, cuenta que es apoyado por sus hermanos y sus cuñadas. Y menciona a sus maestras en el Colegio Córdica 21, que dio nombre al café. "Todas son como mis mamás".

María Fernanda –más tímida ante las cámaras que no han dejado de visitar el nuevo local-, responde que tener un trabajo la hace feliz.

Darles la oportunidad de sentirse productivos fue el espíritu que animó a la apertura de este negocio, justo a un lado de la escuela especializada en la educación de personas con síndrome de Down.

Los quince chicos laboran una jornada de dos horas diarias, en las que se van rotando. Aunque la cafetería ofrece servicio de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, el horario para ellos concluye a las 12:45 pm a tiempo para regresar a sus aulas y prepararse para regresar a sus hogares.

A esta escuela acuden treinta niñas, niños y jóvenes sin límite de edad. Y es que no lo hay aquí, ni para la integración educativa, ni ahora para la laboral.

"Hace nueve años iniciamos este concepto, que nació de un equipo de futbol de niños con síndrome de Down. A la hora que estamos entrenando, vemos sus capacidades y limitaciones, pensamos en integrar en todos los aspectos, no solo a niños y jóvenes, sino a su entorno familiar. Ahí empezamos a hacer talleres, luego el colegio", comparte el doctor José Rubén Ruiz Rodríguez, quien llegó de profe sustituto del balompié y se convirtió en fundador de Córdica 21.

"Quisimos llegar a tener espacios laborales para ellos, porque no los hay en nuestra comunidad. Persiste el error de creer que son muchachitos enfermos, que el síndrome de Down es una enfermedad, cuando es un accidente genético, por el cual unos más y otros menos, tienen toda la capacidad de desarrollar actividades laborales. Ahorita, bendito Dios, es un sueño que se convirtió en realidad", sostiene el doctor José Rubén.

El quinto día de su apertura, es la una de la tarde y van más de cincuenta tazas de café vendidas en el pequeño local de la calle Florencia 2384, a una cuadra de la avenida López Mateos Norte. Ahí, la señora Ady llegó expresamente tras realizar unos trámites en la oficina cercana del Registro Civil.

Ella no tiene familiares con síndrome de Down, pero alguien le compartió la noticia a través del grupo de whatsapp familiar. La chef de 57 años pidió un café americano y una galleta artesanal que aseguró estaba "en su punto de crocante" y a su gusto tendría avena, vainilla y hasta un buen precio. El joven Álvaro la atendió y se llevó una buena propina que depositó en una alcancía común de la cual todos los chicos habrán de repartir las ganancias. Además tienen un sueldo.

El negocio pionero, ya tiene peticiones para ser replicado. José Rubén espera que muy pronto se abran Café Córdica 21 en Colima y en Monterrey, pero su mayor sorpresa es que hay interés de una escuela en Brasil, también de impulsar su propia cafetería incluyente.

"Amigos, vengan a probar este café. Aquí hay muchas cosas ricas: hay brownies, hay galletas y hasta flanes. Ésta es su casa, vengan ya", invita Gabo. Y lo hace de corazón.

SRN

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