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¿Cómo cambias con tres copas de vino? Mira estos rostros

Con una copa de vino hablamos de comida, con dos de amor y con tres del caos, dice Marcos Alberti, quien fotografió a sus amigos bebiendo vino y nos muestra el resultado.
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El fotógrafo brasileño Marcos Alberti creó el proyecto “Wine Project” para fotografiar a decenas de sus amigos tras haberles invitado tres copas de vino, y lo que comenzó como una broma terminó como un estudio fotográfico.

El artista de Sao Paulo afirma que en la primera copa de vino hablamos de comida, en la segunda del amor, y en la tercera copa hablamos del caos. ¿Estamos de acuerdo con él? ¿Qué revelan sus fotografías?


“Las mujeres sienten los efectos más rápido que los hombres, lo que depende de la concentración de alcohol, el peso y la cantidad de comida que haya en el estómago”, dice la toxicóloga Alejandra Salcedo.


Para el neurólogo Mauricio Medina, el vino tiene un efecto activador, ya que la persona después de beber cierta cantidad puede sentir una sensación de euforia o de tranquilidad. El especialista puntualiza que la ingesta de bebidas embriagantes de bajo grado de alcohol, como los vinos, pueden tener efectos benéficos en la disminución de los lípidos.


“Se recomienda una copa de vino tinto, no más de cuatro veces a la semana. Pasarse de ahí puede tener efectos colaterales”, afirma el neurólogo Mauricio Medina.

Tomarse una, dos y hasta tres copas de vino hace que las personas se vuelvan más sociables y desinhibidas. Sensaciones como enrojecimiento facial, tensión en la lengua y pérdida de juicio son algunos de los efectos que el cuerpo experimenta.


En dosis moderadas, el vino estimula el apetito y aumenta la secreción gástrica; mejora el flujo sanguíneo y la vasodilatación impidiendo la oxidación del colesterol “malo” (LDL); aumenta el colesterol “bueno” (HDL) en la sangre e impide el depósito de grasa en las paredes de las arterias, disminuyendo el riesgo de infarto.


En dosis elevadas disminuye las facultades físicas y mentales (un contenido de 0.5 g de alcohol por litro de sangre reduce peligrosamente la habilidad para conducir un automóvil). 


El exceso también produce sobrepeso y obesidad; destruye el hígado, aumenta el riesgo de desarrollar úlceras y gastritis; debilita el corazón, da lugar a cardiopatías; provoca hipertensión; daña el cerebro ocasionando daños irreversibles; aumenta el riesgo de padecer cáncer.



*Con información de culturainquieta.com

AG



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