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Martes , 16.10.2018 / 18:26 Hoy

Christchurch renace de los escombros

 

En el quinto aniversario del terremoto en Christchurch, Nueza Zelanda, la ciudad que se reinventa a sí misma para así alentar el regreso de turi

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Un club de striptease y un gimnasio. No queda mucho del centro de Christchurch además de estos dos cubos oscuros que se encuentran allí, en medio de lo que parece ser un enorme estacionamiento. Como símbolo, tal vez parece que funciona menos bien que la catedral gótica recién arruinada a unas cuadras de distancia. Pero tal vez, de alguna manera, funciona muy bien. Esta es una ciudad que fue despojada, una serie de terremotos y réplicas en 2010 y 2011 aplanaron el centro y dejó un mar de asfalto y grava como lo único que quedó, se demolieron las estructuras tambaleantes para hacer que la zona fuera segura. Desde el gimnasio Les Mills, los sonidos de las máquinas de remo, las caminadoras y las pesas que caen se funden con el vago zumbido de fondo de la construcción: las grúas, los bulldozers y los montacargas. Los martillos neumáticos dan paso cada noche al repiqueteo sordo de ritmos de bajos pesados del club Calendar Girls Gentlemen’s Club (entrada gratis los martes).

Los patrocinadores de la ciudad mejor te indicarían ir una cuadra al norte. Allí se encuentra un edificio que se convirtió en el decodificador de la voluntad de la ciudad para reconstruirse, incluso en su transitoriedad deliberada. Esta es la catedral de cartón, o más formalmente , la Christchurch Transitional Cathedral (La Catedral Christchurch de transición). Se inauguró en 2013 con el diseño del arquitecto japonés, Shigeru Ban, extrapoló los refugios que ideó Ban para las víctimas del desastre con el material disponible más ligero, barato y omnipresente, tubos de cartón.

Es un hito impresionante, si no es que un monumento. Su fachada es una cuña de policarbonato de color en un simulacro de cristal de color, sus mosaicos triangulares llevan las imágenes de los vitrales de la catedral victoriana de Christchurch. En el interior, las bóvedas de piedra se sustituyen por tiras de cartón café con una forma compleja y sutil. Todo, desde los muebles hasta el púlpito están hechos de tubos de cartón Parece una especie de templo que se construyó a partir de pedazos de papelería de Muji. Sin embargo, es una farsa. Los nuevos códigos de construcción de Christchurch están entre los más estrictos del mundo y no hay manera de que un edificio público se construya con tubos débiles, así que los rollos de documentos gigantes en su mayoría cubren vigas de acero y puntales. Nada de eso le resta valor a la energía del lugar. Pero si plantea la pregunta de qué tan temporal va a ser esta catedral.

El antiguo edificio, que todavía se ubica en el centro de Christchurch, en medio de un cruce de calles bastante dañado, es un recordatorio de la incertidumbre que rodea la reconstrucción de la ciudad. No hay consenso sobre lo que hay que hacer, ya sea construir y restaurar, o sólo complementar.

Es una gran pregunta, porque Nueva Zelanda toma seriamente su patrimonio. Sin embargo, este edificio es algo provincial e inservible.Lo diseñó en 1858 el impresionantemente prolífico George GIlbert Scott, arquitecto del Midland Grand Hotel en St Pancras, y el Albert Memorial y el Nikolaikirche en Hamburgo, ahora también es una ruina. El colaborador de Scott fue el s, Benjamin Mountfort, nació en Birmingham y emigró a Nueva Zelanda, quien fue responsable de edificios de la Universidad de Canterbury. Gravemente dañados por los terremotos, los edificios están sometidos a una restauración de 290 millones de dólares neozelandeses (132 millones de libras), la reconstrucción de patrimonio más grande del país.

La universidad dejó vacante el sitio en 1978, dejando su colección de edificios de alto gótico bajo el auspicio del comité de administración del Centro de Arte de Christchurch. Mientras la ciudad titubea sobre la reconstrucción, este campus se convertirá en el corazón cultural de facto de Christchurch. El detalle arquitectónico es exquisito, su restauración meticulosamente fantástica, y después de tanta arquitectura genérica y comercial que surgió a raíz del desastre, los edificios de Mountfort revelan una verdadera profundidad del arte y consideración. También hay espacios de verdadera resonancia -la torre del reloj y el impresionante Gran Salón- pero más notable “Rutherford’s Den”, la sala de conferencias de madera y ladrillo donde Ernest Rutherford (el “padre de la física nuclear) hizo sus primeros experimentos. Un teatro y cine al aire libre ya funcionan en el sitio y poco a poco se irá revelando a lo largo de este año.

Más allá de las instituciones culturales, la tiene una fuerte apariencia de estar hecha añicos. Los locales parece que ya casi no se dan cuenta, pero cualquier salida a caminar se interrumpe por grandes pedazos de asfalto y huecos cercados. Uno de los hallazgos más sorprendentes es el C1 Espresso. Se ubica en una antigua oficina postal, situado en un paisaje casi postapocalíptico, su interior está repleto de ingenio steampunk; una fuente de agua a partir de una máquina de coser de hierro fundido, unas luces recuperadas de la década de los años 1970 y un sistema de tubos hidráulicos para entregar las papas fritas a tu mesa (piensen en Brasil de Terry Gilliam). El espresso, por su parte, es impresionante y es tan bueno como cualquiera en Nueva Zelanda, pero no te lo sirve una persona con barba consciente de sí mismo.

Insertado en este paisaje urbano fracturado hay destellos de regeneración de estilo “guerrilla” - una pista del baile al aire libre donde los ciudadanos pueden conectar sus iPhones y bailar, un campo de golf miniatura, un montón de escombros “enverdecidos” y el ocasional memorial ad hoc -en particular, el sorprendentemente conmovedor de Pete Majendie “185 White Chairs”, en donde arregló una serie de sillas baratas de plástico ocupan el lugar de los que murieron. Hay graffiti: los artistas callejeros de la ciudad se encuentran con enormes lienzos en los flancos de los edificios expuestos. La chica psicodélica que adorna Calendar Girls se encuentra entre las más imponentes.

Los recordatorios más visibles de una antigua ciudad son las instituciones -los edificios de gobierno de una sola ocasión (1913), ahora el enorme y más bien vacío Heritage Hotel, y el Isaac Theatre Royal. Pero, los edificios extrañamente de estilo misión de New Regent Street, un extraño eco del glamour del Californian Deco, introduce un placentero doble visión. Todos se unen por agradables tranvías turísticos. Pero si Christchurch entregó su densidad, su estatus como ciudad jardín mantuvo su buena posición. Los Jardines Botánicos están justo en el centro y el nuevo flex café de los arquitectos Patterson Associates es una reinterpretación elegante de la delicadeza de las casas de cristal victorianas.

Parece extraño alentar el turismo para una ciudad tan destrozada. Sin embargo, Christchurch está en medio de una reinvención de sí misma y una visita es una oportunidad para ser testigo de una lenta, tal vez incierta, algunas veces equivocada, y ocasionalmente mágica resurrección de una ciudad entera.


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