“Y vamos a construir el mundo que queremos y necesitamos”

Luego de tres días de trabajos y fiesta, las mujeres reunidas en El Caracol, Chiapas, llamadas por las zapatistas, regresaron a sus lugares de origen.
Las zapatistas llamaron a sus hermanas y compañeras a seguir vivas y seguir luchando: cada quien según su modo, su tiempo y su mundo.
Las zapatistas llamaron a sus hermanas y compañeras a seguir vivas y seguir luchando: cada quien según su modo, su tiempo y su mundo. (Luis Miguel Morales C.)

Chiapas

Antes de partir de regreso a “sus mundos”, como los llaman las zapatistas, las asistentes al “Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan”, que se realizó del 8 al 10 de marzo en el Caracol de Morelia, en el estado de Chiapas, escucharon el llamado de las mujeres que en 1994 se rebelaron contra el sistema con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Cuando al templete subieron las indígenas zapatistas y la comandanta Miriam para dar un mensaje a quienes llegaron desde diferentes comunidades y países para compartir sus experiencias, se escuchó: “No te rindas, no te vendas, no claudiques” y “seguir vivas y seguir luchando”: dos ideas que cerraron este primer encuentro.

Combinando todas las emociones, Alejandra, una joven miliciana, se encargó de pronunciar las palabras recogidas entre las compañeras de los cinco caracoles zapatistas: el de Morelia, La Realidad, La Garrucha, Oventik y Roberto Barrios, lugares de encuentro ubicados en las tierras recuperadas por el movimiento zapatista de 1994.

Las zapatistas, unas 2 mil que asistieron y las que no pudieron llegar porque se quedaron en las comunidades a cuidar las tierras y las familias, esperaron varios meses para planear este espacio dedicado a hablar, reír y llorar, sin la presencia y los prejuicios de los varones.

“Hermanas y compañeras al final de cada participación encendimos una vela. Esa pequeña luz es para ti. Cuando te sientas sola, tengas miedo, cuando la lucha o la vida sean muy duras préndela de nuevo en tu corazón, en pensamiento y en tus tripas”, dijo Alejandra.

Palabras que cobraron sentido después de hablar con madres de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez o asesinadas en el Estado de México; con indígenas violadas en el conflicto armado de Guatemala, con las que son discriminadas en Marruecos, las que son violentadas en España o con las olvidadas en Chile y Sudamérica.

“Llévala (la luz) a las desaparecidas, asesinadas, presas, violadas, golpeadas, acosadas y violentadas, migrantes, explotadas, muertas. Llévala y diles que no están solas, que vas a luchar por ellas, por la verdad y la justicia que merece su dolor. Conviértela en rabia, en coraje y decisión”.

La voz de Alejandra continuó escuchándose en medio de los montes chiapanecos, frente a unas 7 mil mujeres y en presencia de María de Jesús Patricio, Marichuy, la mujer que hace unas semanas recorrió el país encabezando la campaña del Consejo Indígena de Gobierno y el Congreso Nacional Indígena para visibilizar a los pueblos olvidados durante el proceso electoral de México.

Imaginando utopías, Alejandra dijo que un día empezará el verdadero trabajo para hacer entender que se necesita que nunca más una mujer, del mundo que sea, del tamaño que sea, de la lengua y cultura que sea, tenga miedo; y por eso agregó que tal vez se vuelvan a ver y a estar  juntas para para prender fuego al sistema. “Ese día que será noche vamos a construir el mundo que merecemos y necesitamos”.

“Y tal vez vas a estar junto a nosotras, cuidando que nadie apague ese fuego hasta que no queden más que cenizas... Ese día que será noche, vamos a construir el mundo que merecemos y necesitamos”.

Sabedoras de que cada vez que se dice “ya basta”, apenas empieza el camino, como sucedió con el levantamiento armado de 1994 y con la Ley Revolucionaria de Mujeres de 1993, las zapatistas llamaron a sus hermanas y compañeras a seguir vivas y seguir luchando: cada quien según su modo, su tiempo y su mundo.

Un acuerdo sin precedentes por ser tan sencillo como libertario, tan simple que hizo estallar a las miles de mujeres que asintieron con un prolongado “sí”.

La segunda propuesta del colectivo zapatista se hizo reconociendo que no todas están contra el sistema o que no todas reconocen que sea esta la causa de la exclusión, por eso acordaron estudiarlo en sus colectivos para reflexionar si es ese modelo de supuesto desarrollo el responsable de lo que les aqueja.

Finalmente, la tercera propuesta fue con la esperanza de seguir trabajando por la libertad de las mujeres: organizar un segundo encuentro el próximo año.

Pero como lo dijo Alejandra, las indígenas no esperan que estas reuniones sean solo en tierra zapatista o que se queden en el Caracol de Morelia, “Torbellino de nuestras palabras”, como se le conoce, sino en los tiempos y modos de las otras, por eso invitaron a que cada quien organice encuentros.

Concluidas las palabras y tras la despedida de la comandanta Miriam, las mujeres del mundo, representadas por emisarias de Canadá, Cuba, Marruecos, Estados Unidos, Palestina, Argentina y Brasil, entre otras, entregaron los regalos más simbólicos que encontraron, desde cartas de solidaridad, obras de arte, semillas para sembrar o incienso hasta las banderas de sus naciones.

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