Unidad de Rescate Animal México

Hugo Larios acudió a Tultepec, Estado de México, para auxiliar a los perros afectados por la explosión en el mercado de San Pablito.
El primer perro, sí, me rescató de algo, de la indiferencia, del absurdo egoísmo de pensar que solo las vidas de las personas importan.
El primer perro, sí, me rescató de algo, de la indiferencia, del absurdo egoísmo de pensar que solo las vidas de las personas importan. (Ilustración: Eduardo Salgado)

México

Las personas deambulan, el olor es indescriptible, Tultepec es zona de guerra. Los cuerpos son ceniza, locales que ya no existen. Fierros retorcidos escupen imágenes dolorosas: nadie puede protegernos. Las medidas de seguridad del Ejército y la Sedena no serán suficientes para acabar con la necedad y corrupción. El mercado de San Pablito destruido tres veces, ¿por qué se permite su reapertura?, ¿no aprendemos?, ¿de qué sirve que el mercado sea sustento de cientos de familias?, al final perdieron todo, nada podrá reparar el daño que sufrieron.

Lágrimas, rezos, gritos ahogados; algunas mujeres sostienen una fotografía impresa, otras muestran imágenes en celulares, preguntan a todos los que nos cruzamos, ¿no lo has visto? es mi papá, respiro, huele a desolación, “no” es una palabra hueca cuando alguien busca a un desaparecido. Duele pronunciarla. El dolor está acompañado de fatalidad silenciosa; no deja un día de descanso en nuestras vidas.

Llegué a Tultepec hace dos horas con cuatro minutos, verdades como dardos: No puedo ver injusticias, me duele, es injusto que los animales no reciban un primer contacto de ayuda, que no tengan un lugar importante en la sociedad, me mueve la injusticia, el respeto hacia la vida ajena, puedo ayudar a un viejo, a un niño, a un caballo, todos importan. En las tragedias no solo los humanos resultan afectados, los que no pueden hablar o defenderse, sufren. Se necesita temple para sacar a un perro de un barranco.

El primer perro, sí, me rescató de algo, de la indiferencia, del absurdo egoísmo de pensar que solo las vidas de las personas importan. Empecé como voluntario, bañando perros, limpiando perros, no tenía salario, después me ofrecieron trabajo en aquel albergue de la Protectora de Animales. Supervisé antirrábicos, años duros; después fundamos al área de rescate animal, desde hace ocho años empecé a profesionalizarme. Toda vida es valiosa, lo aprendes levantando perros de los que nadie quiere hacerse responsable, perros desesperados o moribundos en vías rápidas, perros violados, usados para pelea, quemados, torturados, atropellados, abandonados.

Normalizamos la violencia, la crueldad contra ellos se refleja en la crueldad que ejercemos entre nosotros como especie. El rescatista es resultado de un trabajo colectivo e incansable, no conoce días festivos, muchas personas están involucradas tras un rescate, reportante, telefonista de la central, rescatista, MVZ, voluntarios, extraños y familia laboral se unen para salvar vidas.

Hugo Larios tiene 30 años, las cejas obscuras enmarcan expresiones duras, tristes o tiernas en sus ojos. En los peores días, nadie y nada consigue conmover a las personas que pasan frente a un perro atropellado que lleva días sin poder moverse, dolor, hambre y sed, los indiferentes no van a ayudarlo, los mejores días, alguien trabaja de forma conjunta, comprometiéndose a hacerse cargo de la adopción, esterilización, gastos posteriores al rescate, no son albergue.

Cada vez que suena el teléfono, no son buenas noticias, nadie les ha llamado para decirles que donarán una ambulancia animal. El hombre más rico de México podría donar al menos veinte sin un rasguño a su considerable fortuna. Antes de salir de casa, miro el tatuaje de mi brazo: el nombre de Manolo, copiloto sabio, me mostró el lenguaje de los perros, me enseñó que ayudar a un animal puede cambiar su mundo; me ayudó a sentirme seguro, tranquilo, un perro excepcional. Grabado en su memoria y piel: Manolo murió por la crueldad humana.

El dolor puede convertirte en un ser empobrecido o una persona generosa, él no tuvo dificultades para elegir su profesión, proteger vidas implica generosidad. Sé que puedo perder la vida en un rescate, no tengo seguro de gastos médicos mayores, salgo de casa sin la certeza de regresar. El rescate más difícil fue en un barranco, más de 20 metros, descenso problemático, una roca lastimó mi cabeza y el hombro, la fuerza me abandonaba por momentos, llevaba al perro ya conmigo, sentir que podía ayudarlo me dio una fuerza inesperada. Los animales sufren, más allá de sentir dolor físico, sufren.

Olvidamos que los humanos también fueron salvajes, cazadores solitarios que sobrevivieron a depredadores más grandes, igual que el perro. Juntos en el proceso gradual de domesticación y supervivencia.

Siete años de capacitación técnica en rescate vertical, primeros auxilios, prevención de siniestros, más de 12 años de experiencia con animales, en México no existe ninguna institución que ayude a formar rescatistas de animales, Larios es pionero. Si reportan un perro en carril de alta en Cuernavaca en el kilómetro 22, podría provocar un accidente al atravesarme de forma imprudente, debo analizar la escena, pensar, apoyarme en las autoridades. A raíz de mi profesionalización, las autoridades apoyaron los rescates, Brigada de Vigilancia Animal a veces me contacta para algunos casos. Son más las personas que levantan la mano para ayudarnos, el proyecto de Unidad de Rescate Animal México ayuda a salvar vidas, Socorro Alpino de México y los paramédicos de la Cruz Roja Mexicana trabajan a nuestro lado.

No negaré que existen personas que al ver la ambulancia me han silbado mentándome la madre porque no pueden entender que vaya rápido por un perro o gato. Creen que si no es humano, no importa. Los animales no humanos son seres puros, sin complejos. En el círculo animalista existe un concepto equivocado del rescate animal, no se trata de recoger perros y llevarlos a un albergue, se trata de vidas en peligro real debido a la irresponsabilidad de un humano, nosotros trabajamos a favor de los animales, de todos ellos, necesitamos una ambulancia, recursos para comprar la primera ambulancia en México dedicada al rescate.

La mirada de cualquier animal expresa el deseo de vivir o morir. Hugo peinó la zona de Tultepec, trabajó toda la madrugada, tres explosiones no lograron detenerlo. Rescató a una madre que protegió a siete cachorros bajo los escombros, pronto estarán en adopción, dos perros más fueron rescatados. Diez vidas. Sonó el teléfono, una emergencia, la Central de Cambia un Destino, programa de la Fundación Antonio Haghenbeck, institución de asistencia privada fundada en 1984 en la que presta sus servicios. Un perro en peligro, nos despedimos. La madre de Hugo debe sentirse orgullosa, lo educó para no maltratar. Estoy segura que Manolo lo guía y protege. El mundo no necesita de cobardes, inspectores corruptos, soldados ciegos, delincuentes, vecinos, locatarios o visitantes que no denuncian irregularidades.

El mundo necesita: temple, honestidad. Necesitamos personas dispuestas a entender que las “tradiciones milenarias” tienen riesgos. Poner en riesgo la vida de una persona o animal no humano es: atentar contra otros. Si un niño encendió la tragedia, como afirmó un locatario, el culpable no es el niño. Los ingenuos que aseguran que estos sucesos ocurren por culpa de personas como cualquiera de nosotros, son los cretinos indiferentes que aseguran que el poder podrido del crimen organizado no es culpable del matadero en que está convertido en el país.

Los ciudadanos pueden equivocarse, sí, pueden ser crueles, sabemos que es un rasgo humano; los ciudadanos no toman las decisiones en los curules en los que los que hombres del congreso se quedan dormidos de tanta parranda, no son los políticos tomándose selfies en medio del horror, ¿quién gobierna Tultepec?, la impunidad, 11 mil pesos a cada familia, globos y oraciones no servirán de nada, nadie podrá dar una respuesta digna o consuelo a los que deambulan con la foto de alguien que no volverán a ver, ¿quién va a responder por todas las vidas apagadas? trajeron perros de República Checa, ¿no tenemos perros de trabajo en México?, los tenemos, lo que no tienen los rescatistas son recursos para entrenarlos y mantenerlos, empresarios: no gasten su dinero en Europa, México los necesita.

Hace unas horas me despedí de Hugo, el mercado de San Pablito es un murmullo de lamentos, en las afueras, me encuentra una perra, mueve la cola, está llena de polvo y sedienta.  Antes de marcar a la central, pienso que tienen las manos llenas, pido ride a una camioneta de verduras, la encontré, ningún taxi me quiere subir, se detiene, tomo el riesgo de pactar con extraños, todos los somos. Una sobreviviente me acompaña.

*Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets).